Política educativa

La apuesta mexicana por el humanismo

Planteamientos clave de la propuesta educativa de la Nueva Escuela Mexicana

Un poco de historia.

En lo que va del actual siglo, México ha vivido cuatro periodos presidenciales distintos. En el año 2000, inició para el país una alternancia en el gobierno con la llegada de Vicente Fox Quesada, quien representaba a un gobierno emanado de la oposición (PAN). En 2006, le sucedió Felipe Calderón Hinojosa, del mismo partido que su antecesor. Posteriormente, en el año 2012, Enrique Peña Nieto (EPN) asumió la presidencia, lo que significó un regreso al poder del partido que había gobernado al país durante las últimas décadas del siglo XX (PRI). Desde el año 2018, gobierna Andrés Manuel López Obrador (AMLO), un político cercano a los postulados de la izquierda, que fundó el partido que lo llevó a la victoria en su tercer intento (MORENA). Su periodo terminará a fines de septiembre del presente año.

Es importante notar que estos cuatro gobiernos federales han implementado diversos cambios legislativos relacionados con el Sistema Educativo Mexicano (SEM), cada una con un distinto nivel de impacto, así “a lo largo de las diferentes administraciones gubernamentales se han puesto en marcha múltiples iniciativas de reforma para tratar de resolver algunos problemas y mejorar el desempeño del sistema” (Canales S., 2018, p. 6). Acerca de las últimas dos reformas, podemos decir primero que la del sexenio 2012-2018 implementó diversas medidas de índole administrativa para lograr una mayor gobernanza del SEM, bajo la premisa de que era necesario alcanzar una educación de calidad en el país, sin que esta tarea tuviera un reflejo real en la política educativa, así “la educación de calidad jugó un papel tan preponderante en la administración del presidente Peña Nieto que quedo definida comuna de las cinco metras nacionales en su Plan de Nacional de Desarrollo” (Vera y González-Ledesma, 2018, p. 66). Dichas medidas estaban íntimamente relacionadas con un sistema de evaluación docente, que buscaba “conocer puntualmente los elementos que contribuyen a un mejor desempeño de las escuelas, identificar las causas que limitan los alcances esperados, y diseñar con las comunidades educativas las medidas para subsanar deficiencias, corregir errores y mejorar sus prácticas” (SEP, 2017, p. 171). Esto quedó establecido en la Ley General del Servicio Profesional Docente y en la Ley del Instituto Nacional para la Evaluación, ambas publicadas en el año 2013.

Esta reforma educativa no fue bien aceptada por el magisterio mexicano y recibió muchas muestras de resistencia, especialmente por parte de los docentes aglutinados en la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE), el segmento disidente y crítico del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación (SNTE). En palabras de Ornelas (2018), “para oponerse a las reformas que promovió el gobierno, la CNTE recurrió a su herramienta preferida: la acción directa. Esto incluye movimiento de masas, huelgas, toma de edificios públicos, plantones, secuestro de autobuses, asaltos a transportes de carga, bloqueo de carreteras y aeropuertos” (p. 224). Este descontento, sumado al de otros sectores de la población mexicana con otras políticas públicas del entonces presidente EPN y con escándalos de corrupción entre sus funcionarios y familiares directos, fue capitalizado por el entonces candidato de la oposición, el Lic. López Obrador, para lograr el triunfo que lo llevó a ocupar la silla presidencial del país desde el 1° de diciembre del 2018.

Lo anterior sirve para explicar que no fue una simple casualidad que, una vez llegado a la presidencia, la primera de las Reformas Constitucionales que AMLO envió al Congreso de la Unión fuera precisamente una reforma educativa, la cual fue avalada por la mayoría que su partido tenía en las cámaras de Diputados y Senadores, y publicada en el Diario Oficial de la Federación el 15 de mayo del 2019, día en que se celebra a los maestros y maestras en México, con lo que, al menos en apariencia, se dejó atrás la “necesidad política de neutralizar el poder de las organizaciones magisteriales (el SNTE y la CNTE)” (Vera y González-Ledesma, 2018, p. 85). Para dar paso a una nueva etapa en la relación que existe entre el gobierno y el magisterio en México.

El presente texto busca dar cuenta de los principales planteamientos de la propuesta contenida en la reforma educativa del 2019, y de cómo este cambio puede representar una oportunidad de transformación para la realidad social que vive el pueblo mexicano.

¿Hacia dónde va la Escuela Mexicana?

La propuesta educativa del gobierno de AMLO recibe el nombre de Nueva Escuela Mexicana (NEM), la cual nació con la reforma constitucional en educativa del 2019, acompañada de la publicación de la Ley General del Sistema para la Carrera de las Maestras y Maestros, y que tuvo una concreción curricular el 20 de agosto del 2022, fecha en que se publicó el Plan de Estudios para la Educación Preescolar, Primaria y Secundaria mediante el Acuerdo Secretarial Número 14/08/22. Además, el 15 de agosto del 2023, fueron publicados los programas de estudio (denominados sintéticos) de las fases 2 a 6 de la educación básica.

            Al respecto de la NEM, hay que decir primero que nada que es un esfuerzo que “plantea alcanzar un Acuerdo Educativo Nacional, con la participación corresponsable de todos los actores, para promover una cultura educativa que impulse transformaciones sociales dentro de la escuela y en su entorno” (SEP, 2019, p. 31), este Acuerdo Educativo Nacional tiene un sentido distinto al planteamiento que tuvo la administración federal anterior, en la que se dio mayor peso a las decisiones cupulares y políticas, mientras que en la actual reforma el gobierno reconoce que está obligado a garantizar el acceso a la educación de todos los mexicanos, tanto en el caso de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes (NNAJ) como en el de los adultos que se forman, y que debe hacer caso a todas las voces que tienen alguna participación en la educación mexicana, esto queda de manifiesto en el texto constitucional del Artículo 3°, que nos dice que “toda persona tiene derecho a la educación. El Estado -Federación, Estados, Ciudad de México y Municipios- impartirá y garantizará la educación inicial, preescolar, primaria, secundaria, media superior y superior” (Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, Artículo 3°, Reformado el 15 de mayo del 2019).

Hay que recordar lo dicho por  Andere (2023), “la política es el lugar donde acuden las diferentes ideologías o intereses, donde se debaten imponen o negocian y al final se decide”(p. 51). Y en el momento actual de la historia mexicana el primer gobierno que se asume como de izquierda, y que se ha autodenominado como La Cuarta Transformación (4T), ha buscado dejar su impronta en los planteamientos de las políticas públicas, especialmente en aquellas relacionadas con el ámbito educativo.

En este sentido, el primer elemento crucial que distingue la propuesta educativa de la NEM lo podemos ubicar en su paradigma, que se identifica con el planteamiento humanista, en palabras de Vázquez (2023, p. 13), “hablar de paradigma requiere necesariamente pensar en un modelo, en una configuración, en un patrón, en una visión compartida por un grupo”.  Por lo tanto, hablar del paradigma humanista en la educación mexicana está relacionado con la manera en que se entienden, y se busca desarrollar, todos los procesos que están inmersos en esta acción, desde una lógica que apremia al individuo, y su relación con su entorno antes que a otros elementos de índole económico, político o de otra índole. En palabras de la propia SEP, el enfoque humanista “implica el reconocimiento, cuidado, protección y desarrollo de la dignidad de niñas, niños y adolescentes (2022, p. 9). Es decir, implica el reconocer a los NNAJ como sujetos de derecho y dignidad, y que toda la política educativa del gobierno federal, los esfuerzos de las entidades federativas, los programas sociales, la gestión escolar de los directivos y la acción pedagógica de los docentes, estén encaminados hacia hacer realidad dicho reconocimiento.

Retomando nuevamente a Vázquez (2023), “al hablar de humanismo mexicano entendemos un modelo basado en valores tales como la solidaridad, equidad, justicia, bienestar y empatía social con los demás ciudadanos y con el medio ambiente para disminuir la desigualdad” (p. 17). Aquí podemos encontrar un elemento que da sustancia y personalidad propia al enfoque que se plantea en la NEM: la lucha contra la desigualdad, que es uno de los principales problemas que sufre la población mexicana y que durante mucho tiempo la escuela ha parecido no buscar remediar o disminuir sino todo lo contrario.

Así, “el centro de atención no se encuentra en la calidad, ni en los resultados de las evaluaciones internacionales de aprendizajes estandarizados, sino en las desigualdades y las exclusiones sociales, que el currículo nacional único refuerza y reproduce” (González, Rivera y Guerra, 2023, p. 18).  Esta característica no es menor si observamos que busca convertirse en el norte que dirija todos los esfuerzos gubernamentales de la federación y la labor educativa de autoridades locales, agentes directivos y profesionales docentes, dado que “la búsqueda de la equidad no se reduce, como algunos pudieran pensar, a ofrecer igualdad de oportunidades” (Ornelas, 2018, p. 392). Dicha búsqueda va más allá, estando presente de manera importante en la lógica que se imprime en las clases cotidianas de las millones de aulas que existen en México, pero también en las dinámicas que existen al interior de las instituciones educativas e incluso en las relaciones que se tejen entre el gremio magisterial y la burocracia gubernamental.

De manera concreta, el enfoque humanista, y su lucha contra la desigualdad, tienen su concreción curricular en el perfil de egreso y en la propuesta curricular de la NEM que se compone, entre otras cosas, de ejes articuladores y campos formativos. De ellos a continuación una síntesis que da cuenta de lo más relevante en cada caso.

El punto de partida, las coordenadas y el destino.

Dado que “los discursos políticos no cambian a las instituciones, las acciones concretas sí” (Ornelas, 2018, p. 185). Es relevante dar cuenta de las características particulares de la propuesta educativa que contiene la NEM, de manera que se haga mucho más comprensible el esfuerzo que ha significado su implementación en el año 2023 en el SEM.

            En este sentido “todo documento curricular contiene una selección del mundo que presenta a las nuevas generaciones, y en ese sentido supone órdenes y jerarquías cuyos efectos hay que interrogar” (Dussel y Acevedo, 2022, p. 33). Y el currículo que da sustancia y concreción al planteamiento humanista de la NEM no es la excepción, en él, el perfil de egreso pone de manifiesto que “define el ideal de ciudadanas y ciudadanos integrantes de una sociedad democrática acorde con el siglo XXI y con el cambo civilizatorio que ha surgido a raíz de la pandemia del virus SARS-Cov-2” (SEP, 2022, p. 87).  Por lo tanto, se reconoce la necesidad de un cambio de rumbo, que retome lo ocurrido en el último lustro de nuestra historia y que le permita a la sociedad mexicana progresar hacia una democratización mucho más profunda y fructífera. Este perfil de egreso se compone de diez rasgos, que se busca alcanzar a lo largo del paso de los estudiantes por los distintos niveles educativos, en ellos se retoman elementos como el reconocimiento del derecho que todos los ciudadanos y ciudadanas tienen a una vida digna, la valoración de la diversidad que existe en México (étnica, cultual, lingüística, etc.), la equidad de género entre hombres y mujeres, la necesidad de una vida libre de violencia y discriminación, la construcción de un pensamiento crítico ante las realidades sociales, la importancia de la vida comunitaria en la sociedad mexicana, el formar parte de la naturaleza y la necesidad de su cuidado y preservación, el desarrollo de habilidades como el razonamiento, el análisis, la búsqueda de información, la capacidad de diálogo, el intercambio de ideas y visiones, y una perspectiva crítica en la apreciación de los conocimientos y saberes de las ciencias y humanidades, entre otros elementos (SEP, 2022).

            Además de lo anterior, la propuesta curricular de la NEM busca generar procesos que tengan como resultado el desarrollo y la adquisición de “capacidades que permitan a los NNAJ vivir en sociedad democrática y justa, que reconozcan que todos y todas tienen derecho a vivir una vida digna, sin importar su condición social, migratoria, su salud, orientación sexual, política e ideológica, su género, etnia o lengua” (González et al, 2023, p. 27). Por medio, entre otras cosas, de los denominados ejes articuladores, los cuales “conectan los contenidos de diferentes disciplinas dentro de un campo de formación y, al mismo tiempo, conectan las acciones de enseñanza y aprendizaje con la realidad de las y los estudiantes en su vida cotidiana” (SEP, 2022, p. 91). Es decir, se convierten en estrategias pedagógicas que tienen el propósito de contribuir a la lucha contra la desigualdad existen en el entorno inmediato de los educandos, primero que nada, develando su presencia y también buscando rutas de solución para ella.

            Los ejes articuladores son siete, de acuerdo con la SEP (2022): Inclusión, Pensamiento Crítico, Interculturalidad crítica, Igualdad de género, Vida saludable, Apropiación de las culturas a través de la lectura y la escritura y Artes y Experiencias estéticas. Y en cada uno de ellos existe la posibilidad de mirar los contenidos educativos desde una perspectiva distinta a la que era común hasta esta reforma, en opinión del propio gobierno, deben ser entendidos como “el componente curricular que contribuya al desarrollo de un conjunto de capacidades para vivir y convivir como agentes sociales que reconozcan y valoren los principios de libertad, igualdad, respeto, justicia, equidad y, desde ahí, construir comunidad” (MEJOREDU, 2023b, p. 4). En otros términos, no se trata solo de descubrir el mundo sino de entenderlo como un entramado de relaciones en las cuales los propios estudiantes tienen un lugar, desde el cual pueden contribuir activamente a la mejora de nuestra sociedad.

            Otro cambio significativo que la enseñanza ha vivido con la implementación de la NEM en el ciclo escolar 2023-2024 es el cambio de asignaturas disciplinares a campos formativos, desde hace décadas en México los estudiantes de educación básica habían trabajado los contenidos de manera fragmentada, en asignaturas de distintas denominaciones, tales como español, matemáticas, ciencias naturales, geografía, historia, formación cívica y ética, educación física, artes y más recientemente (desde la reforma del 2013) educación socioemocional y vida saludable entre otras; las cuales habían tenido distintas lógicas de acuerdo a la política educativa del sexenio donde nos ubiquemos, aquí es importante mencionar el antecedente la Reforma Integral de la Educación Básica del año 2011, donde ya se hacía mención de campos de formación para la Educación Básica, como parte de los estándares curriculares de dicha reforma (SEP, 2011), que se trabajaban como tales en la educación preescolar y de los cuales se desprendían las asignaturas por disciplinas trabajadas en educación primaria y secundaria como parte de la articulación de la educación básica.

            Por su parte el Modelo Educativo de la Reforma Educativa del 2013 indicaba además de tres campos formativos de la educación básica, áreas de desarrollo personal y social y ámbitos de autonomía curricular, pero todo ello manteniendo la lógica del trabajo por disciplinas, la SEP (2017) decía que “las disciplinas en torno a las cuales está organizado el aprendizaje (…) siguen vigentes y son necesarias, pues conforman el núcleo de conocimientos básicos que se requieren para la comunicación efectiva, el pensamiento lógico y la comprensión del entorno en que vivimos” (p. 71). En este sentido la novedad consistía en que por primera vez se abría un espacio lectivo de autonomía curricular para que las escuelas pudieran decidir qué trabajar con los estudiantes durante las horas de dicho espacio.

            Sin embargo, a diferencia de las anteriores reformas curriculares, la NEM indica que “hablar de campos formativos implica romper con la fragmentación de los conocimientos para avanzar hacia una comprensión del mundo sociocultural y natural que nos rodea desde una mirada amplia y compleja” (MEJOREDU, 2023a, p. 4). En este sentido, solamente se mantienen las asignaturas en la educación secundaria, pero se busca que en ella el trabajo colegiado de los docentes permita comprender la relación que existe entre las diferentes asignaturas que provienen de cada uno de los campos formativos desde los distintos espacios lectivos de cada una de ellas.

            La SEP (2022) nos dice que en la propuesta educativa de la NEM “se plantea un currículo integrado en donde los contenidos de las disciplinas se relacionan con ejes de articulación que vinculan el saber y el conocimiento con situaciones de la realidad, todo ello organizado en cuatro campos formativos” (p. 75).  Es decir, el desaparecer la división en disciplinas permite al docente tener la libertad de integrar de manera pertinente los conceptos, habilidades, actitudes y valores desde la visión de los ejes articuladores en el análisis que desarrolle con sus estudiantes de la realidad que los rodea. De manera que “la confluencia de los ejes articuladores y los contenidos de los campos formativos conforman un núcleo integrador del trabajo didáctico creando temas de reflexión” (p. 92). Que son trabajados desde una perspectiva comunitaria y ética.

            Estos campos formativos son cuatro (SEP, 2022): Lenguajes, Saberes y Pensamiento Científico, Ética Naturaleza y Sociedades y De lo Humano y lo Comunitario. Retomando nuevamente a González et al (2023), se puede reconocer que la NEM, “propone una sustitución de la educación disciplinaria por otra donde se aprecie la diversidad de verdades epistémicas; para eso se integran campos formativos, concebidos como la pluralidad de saberes y conocimientos de distintas disciplinas con los cuales acercarse a la realidad” (p. 30). Dicha pluralidad solo puede ser realmente reconocida y apreciada si se logra una toma de consciencia por parte de los educadores y los cuerpos directivos, dado que “para consolidar un currículo integrado, se parte de la idea de promover el diálogo entre escuela y comunidad, y vincular los contenidos con situaciones y problemas presentes en los entornos inmediato y global” (Carranza, Rebolledo y Tecamachaltzi, 2023, p. 7). Este sentido dialógico es otra característica fundamental de la actual reforma educativa, y que va más allá de la autonomía curricular que, como se ha dicho previamente,  proponía su antecesora.

            Un último planteamiento de la NEM del que se hará mención, es el agrupamiento en fases de los grados escolares que ya existían en la educación básica, de acuerdo con la SEP (2022), “las fases de aprendizaje ponen atención en la continuidad del proceso educativo a lo largo de los cuatro niveles de la educación básica (inicial (de O a 2 años, 11 meses), preescolar, primaria y secundaria), en concordancia con el desarrollo de aprendizaje de las y los estudiantes en su complejidad y especificidad” (Pp. 139-140). Así mismo, se plantea que este cambio es de orden pedagógico didáctico y no habrá de tener ninguna repercusión en la estabilidad laboral de los docentes o en los tipos de contratación de la que disponen.

Regresando una vez más a González et al (2023), con la agrupación de los grados en fases de aprendizaje, “se ofrecen mayores posibilidades para consolidar, aplicar, integrar, construir o acceder a nuevos saberes, para lo cual es importante priorizar la planeación, seguimiento y evaluación del trabajo docente a lo largo del tiempo” (p. 31). Por lo tanto, el agrupamiento responde a una lógica de trabajo que busca dar oportunidad a los docentes de lograr un mayor alcance o progreso en la consecución de los objetivos planteados desde la perspectiva cognitiva, pero también social y comunitaria.

De acuerdo con la SEP (2022): a la educación inicial le corresponde la fase 1, los tres años de la educación preescolar integran la fase 2, mientras que, en la educación primaria, se dividen sus seis años de duración en fases de dos años cada una, las fases 3, 4 y 5, finalmente la educación secundaria con sus tres años abarca la fase 6. Esta organización da la oportunidad de “abordar los contenidos durante dos o tres grados, según el nivel educativo, dando oportunidad al estudiantado de consolidar, aplicar, integrar, modificar y profundizar los conocimientos, saberes y habilidades a lo largo de dos o tres ciclos escolares” (Carranza et al, 2023, p. 5). Lo que da cuenta de que en la NEM no se buscan resultados inmediatos, sino que se le asigna una mayor importancia a los procesos que lleven a nuestros estudiantes a dichos resultados.

Vientos nuevos para tiempos nuevos.

La propuesta educativa contenida en la NEM abarca muchos más elementos además de los que se han mencionado previamente, sin embargo, la propia MEJOREDU (2023c) indica que los planteamientos más significativos de esta reforma son los cuatro que se han descrito de manera breve previamente: El perfil de egreso, los campos formativos, los ejes articuladores y la organización por fases de aprendizajes de los grados escolares.

Dado que de acuerdo con Yánez (2022), “la educación es un bien público” (p. 42). Los gobiernos nacionales tienen la obligación de impulsar en el ámbito de sus responsabilidades que la educación que reciban los NNAJ y todos sus ciudadanos sea la mejor posible, no entendida simplemente como aquella de mayor calidad, pues “calidad refiere a un atributo o propiedad de un objeto que es considerado superior o excelente. Se puede poseer ese atributo o propiedad sin tener que pasar necesariamente por una evaluación (y, sobre todo, una evaluación estandarizada)” (Vera y González-Ledesma, 2018, p. 79), Sino como aquella educación que sea realmente pertinente para la situación particular en la que se desenvuelven los educandos, y al mismo tiempo en la que el país se va desarrollando.

Retomando a Casanova (2022), actualmente existen “incertidumbre y liquidez que caracterizan la sociedad y exigen reorganizaciones profundas en los contenidos educativos y, sobre todo, en las estrategias para que las generaciones en inmersas en procesos educativas los asimilen” (p. 7). En este sentido, podemos incluir como uno de estos esfuerzos de reorganización curricular a la propuesta educativa de la NEM, que abandera el actual gobierno mexicano, buscando dar respuesta a los grandes males que no han logrado ser tocados por ninguna de las reformas educativas que le precedieron. No obstante, “desde hace mucho tiempo la modalidad escolar ha perdido el papel preponderante que tenía -junto a la familia- en la educación, ahora las industrias culturales, las industrias criminales, las redes socio-digitales, son otras modalidades educativas quizá más relevantes” (González et al, 2023, p. 50). Y esto implica un grado de complejidad cada vez mayor, en la medida que la escuela asuma -nuevamente- su responsabilidad formadora, podrá contribuir cada vez de manera más activa en la formación de las nuevas generaciones que hoy parecen (o están) enajenadas con muchas otras cosas que en lugar de contribuir a la mejora de nuestras sociedades parecen manchar el espíritu humano.

La aventura de lograr un cambio de rumbo en la historia mexicana, significa una apuesta que debe ser asumida, no solo por los funcionarios públicos del ámbito educativo, sino también, y de manera particular, por cada uno de los educadores y educadoras, sus cuerpos directivos, y también por las comunidades en las que se encuentran sus instituciones educativas, todos quienes deben hacer propio el anhelo de “formar ciudadanos que se desenvuelvan en una sociedad reconociendo las diferencias, que valoren las especificidades de cada persona, que repudien las opresiones e injusticias y puedan vivir en común” (González et al, 2023, p. 27). Para que en el futuro los mexicanos podamos tener una patria no solo próspera, sino también digna y humana.

REFERENCIAS

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Carranza, I., Rebolledo, V. y Tecamachaltzi, V. (2023). El currículo como medio de transformación: un acercamiento a los fundamentos de la propuesta curricular 2022. En: Educación en Movimiento #20. Boletín mensual de la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación. Ciudad de México. Año 2, Núm. 20/agosto 2023. Pp. 3-8: En: https://www.mejoredu.gob.mx/images/publicaciones/boletin-3/boletin20-2023.pdf

Casanova, Ma. A. (2022). La Educación que viene. Puertabierta Editores. México.

Dussel, I. y Acevedo R., A.. (2023). Búsquedas y tensiones en el plan de estudio 2022. Integración, diversidad y comunidad en la construcción de una nueva autoridad cultural. En Del marco curricular al plan de estudios 2022. Voces, controversias y debates. Tercera época, Volumen XLV, Número 180, Suplemento 2023. Universidad Nacional Autónoma de México. Pp. 26-35. En: https://perfileseducativos.unam.mx/iisue_pe/index.php/perfiles/article/download/61292/53199/

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Aldo Atzin Carranza Luna

Docente en la Escuela Primaria Urbana Estatal “Lázaro Cárdenas” y el Instituto de Estudios Superiores de la Costa en San Pedro Pochutla. Colabora como Asesor Académico en Línea en ConRumbo A.C.

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