Emocionarse es una forma de expresar lo que sentimos, de echar afuera todo lo que llevamos dentro, de conectar con otros o simplemente repudiarlos; son esos sentimientos que nos hace mejores o peores personas en un momento determinado, pero qué pasaría si sacáramos provecho de las emociones para garantizar el aprendizaje en los estudiantes.
Esto es posible gracias al sistema límbico, lugar donde se decodifican las situaciones y se les da significado emocional, es decir, que las emociones influyen en la capacidad de razonar, memorizar, tomar decisiones y la actitud que se tiene para aprender.
Por tanto, cuando el estudiante se siente atraído por lo que está explicando el docente, en realidad está experimentando a través de sus sentidos la información que recibe y le otorga valor porque se siente motivado, o bien por el placer de aprender (motivación intrínseca) o por la utilidad del contenido para lograr sus objetivos (motivación extrínseca), y en añadidura coloca toda su atención a lo que sucede en la clase.
Así que, para aprender se necesitan estrategias, más que herramientas, que involucren a los estudiantes en su proceso de aprendizaje y que éste sea significativo para ellos. En este sentido, el rol docente no debe limitarse a la única explicación del contenido sino a ser un generador de climas emocionales positivos, que repercuten en la memoria, lugar donde se registra y conserva lo aprendido.
Cómo generar climas emocionales positivos en el aula
El ambiente de clase debe ser adecuado para un buen aprendizaje y debe serlo desde el primer día; valerse de la seguridad, el entusiasmo, la alegría, el asombro y la curiosidad, que es la puerta de la atención, permite lograr este cometido.
Y una vez más el docente es un generador de climas emocionales, y el comunicador de éste para potenciar el aprendizaje. Cómo recibe a los estudiantes, cómo se dirige a ellos, el tono de voz que utilice, su lenguaje no verbal, su entusiasmo, también influyen en las emociones de los alumnos.
Así como también, presentar información que les sorprenda, variar las tareas, proponer objetivos parciales alcanzables y escalables, enseñarles que el error es parte del aprendizaje, asociar los contenidos de clase con sus intereses, y recurrir a las pausas activas, el arte, la música, el deporte y el juego, como estrategias que estimulan el aprendizaje al generar serotonina, noradrenalina y dopamina, neurotransmisores encargados de mejorar el estado de alerta, la atención y la motivación en los escolares.
La carga emocional tiene un impacto en la memoria
Aprender desde las emociones, es entonces la brújula para el aprendizaje profundo, efectivo y significativo, que lejos de memorizar contenidos sin sentido para para el alumno, les proporciona experiencias positivas relacionadas a esos contenidos.
Y finalmente, interiorizar la frase de Aristóteles que reza “educar la mente sin educar al corazón no es educar en lo absoluto”, y para esto el profesor debe tener la disposición de conocer y conectar con sus alumnos, además de innovar sus clases y reinventarse a diario.
