En el complejo escenario educativo de 2026, la figura del directivo escolar ha dejado de ser meramente administrativa para transformarse en un nodo estratégico de innovación, contención emocional y visión tecnológica. La literatura especializada de los últimos dos años refleja este cambio de paradigma, moviéndose desde la teoría abstracta hacia manuales operativos y ensayos profundamente humanos que buscan dar respuesta a la crisis de sentido y a la aceleración digital.
Para el equipo editorial de Gestión Educativa, la curaduría de estas novedades bibliográficas no es solo una recomendación de lectura; es un mapa de ruta para quienes tienen la responsabilidad de conducir instituciones en Argentina, España y el resto de Latinoamérica. A continuación, analizamos las siete obras que están redefiniendo el «qué» y el «cómo» del liderazgo escolar contemporáneo.
1. El retorno a lo pedagógico: Liderazgo basado en la evidencia
La obra «Liderazgo educativo: Para mejorar las escuelas» (Aique, 2025), compilada por Claudia Romero, se posiciona como el texto de cabecera para los directivos argentinos y regionales. Romero, una de las voces más autorizadas en gestión, propone un alejamiento definitivo de la «burocracia de pasillo» para centrarse en lo que ella denomina «escuelas poderosas».
El libro es una respuesta directa a la necesidad de gestionar con datos. En un contexto donde la equidad educativa es el mayor desafío en Latinoamérica, Romero argumenta que el director debe ser un líder pedagógico capaz de interpretar indicadores de aprendizaje para intervenir a tiempo. Su enfoque colaborativo no es una sugerencia romántica, sino una estrategia de gestión profesionalizada que busca resultados concretos en el aula.
2. La frontera digital y el liderazgo de la IA
Dos obras fundamentales abordan la disrupción tecnológica desde ángulos complementarios. Por un lado, Salman Khan en «Un nuevo lenguaje para educar» (Paidós, 2025), traslada su experiencia global al escritorio del director. Khan no se limita a hablar de herramientas; habla de una transformación estructural. Para los gestores, el valor de este libro reside en cómo abordar los dilemas éticos y la personalización masiva sin perder el vínculo humano.
Por otro lado, la novedad más reciente, «La escuela inteligente: Cómo aplicar la IA para revolucionar la educación» de Gabriel Rshaid (Aique), funciona como un manual operativo. Mientras Khan ofrece la visión, esta obra colectiva entrega la normativa y los protocolos de implementación. Es una lectura esencial para equipos directivos que deben redactar hoy mismo las políticas institucionales sobre el uso de inteligencia artificial generativa, evitando que la tecnología sea un parche y convirtiéndola en un motor de eficiencia administrativa y pedagógica.
3. La dimensión humana: Neurogestión y escucha activa
El liderazgo de impacto hoy se mide por el clima institucional. Laura Lewin, en su obra «Liderazgo de impacto» (Bonum, 2024/2025), introduce el concepto de «neurogestión». Lewin explica cómo el cerebro del docente y del alumno reacciona ante diferentes estilos de conducción. Su propuesta es altamente práctica: a través de códigos QR y recursos digitales, los directivos pueden acceder a herramientas para la resolución de conflictos y la motivación intrínseca. En un periodo de alta rotación y estrés docente, entender la neurobiología del liderazgo es una ventaja competitiva para cualquier institución.
Complementando esta visión, Mario Izcovich presenta «La escuela que escucha» (Ariel, 2025). Este ensayo aborda una problemática crítica en las escuelas de España y América Latina: el malestar docente y la salud mental post-pandemia. Izcovich sostiene que no hay gestión pedagógica posible si los vínculos están rotos. Su modelo de gestión basado en el cuidado y la palabra es una advertencia necesaria para los directivos que priorizan los resultados académicos por encima del bienestar de su comunidad.
4. Estructuras y micropolítica: El arte de gestionar el cambio
Para comprender la arquitectura del centro escolar moderno, la obra colectiva de la editorial Graó (España), «La organización del centro escolar en una sociedad global y digital» (2025), es indispensable. Los autores proponen repensar lo más básico: el tiempo y el espacio. En una realidad hiperconectada, la escuela ya no puede funcionar con horarios rígidos de la era industrial. Este libro ofrece marcos teóricos para directores que buscan flexibilizar sus estructuras jerárquicas y adaptar el edificio escolar a la virtualidad.
Finalmente, Fernando Onetto en «Rol directivo y gestión del cambio: Micropolítica escolar» (Noveduc, 2024/2025), se adentra en el terreno más difícil del liderazgo: lo invisible. Onetto analiza lo que sucede en la sala de maestros y en los pasillos, esos espacios donde las reformas educativas suelen naufragar. El autor ofrece estrategias políticas (no partidarias) para gestionar las resistencias. Es, en esencia, un manual de supervivencia para el director que desea implementar cambios reales sin fracturar la cultura institucional.
Un liderazgo híbrido para una era incierta
Al analizar esta bibliografía en su conjunto, emerge una tendencia clara: el director del 2026 debe ser un «líder híbrido». Debe poseer la rigurosidad técnica de Romero, la visión tecnológica de Khan, la sensibilidad emocional de Lewin e Izcovich, y la astucia política de Onetto.
Estas obras confirman que la gestión educativa ha dejado de ser una tarea de control para convertirse en una tarea de diseño de experiencias de aprendizaje y convivencia. La inversión en formación bibliográfica para los equipos de conducción no es un lujo, sino una necesidad estratégica para garantizar la supervivencia y relevancia de las instituciones educativas en la actualidad.
El desafío de la transferencia: Entre el modelo europeo y la geografía latinoamericana
Al analizar la obra de Graó, «La organización del centro escolar en una sociedad global y digital», surge una interrogante crítica para el directivo iberoamericano: ¿cómo se traducen conceptos como «espacios flexibles» o «hiperconectividad» en contextos donde la infraestructura básica sigue siendo una asignatura pendiente? Esta disonancia no debe invalidar la lectura del texto, sino más bien obligar a una gestión de traducción pedagógica.
Mientras que el modelo europeo, reflejado en la bibliografía española, asume una base de conectividad simétrica y estable, la ruralidad en Latinoamérica (desde el Altiplano hasta la Patagonia o el Impenetrable Chaqueño) enfrenta la «brecha de implementación». Aquí, la organización del centro no puede limitarse a la digitalización del aula, sino que debe enfocarse en la soberanía tecnológica y la optimización de recursos analógicos.
Infraestructura como límite y posibilidad
La propuesta de Graó sobre repensar los espacios físicos choca con realidades de escuelas rancho o edificios con deficiencias estructurales. Sin embargo, la gestión directiva en estos contextos encuentra en la micropolítica de Onetto una herramienta superior: ante la falta de fibra óptica, el liderazgo se vuelca a la construcción de redes comunitarias. El directivo rural no organiza «espacios virtuales de aprendizaje» en la nube, sino que organiza el tiempo escolar de manera que la presencialidad sea el nodo de máxima intensidad vincular, aprovechando la «escucha activa» que propone Izcovich.
La conectividad más allá del Wi-Fi
Para un directivo en España, la «sociedad global» es una realidad inmediata mediada por dispositivos. Para un directivo rural en Latinoamérica, la globalización llega a través de la radio, el dispositivo móvil con datos limitados o el programa estatal de entrega de equipos sin mantenimiento. El liderazgo aquí debe ser estratégicamente híbrido:
- Gestión del tiempo: Frente a la flexibilidad horaria digital que propone Graó, la escuela rural propone una flexibilidad basada en los ciclos productivos y climáticos, una forma de «gestión situada» que la bibliografía europea apenas roza.
- Uso de la IA: Mientras Salman Khan imagina tutores personalizados 24/7, el directivo latinoamericano debe liderar la implementación de IA en modelos offline o mediante la capacitación docente para que la tecnología sea un apoyo administrativo que libere tiempo para la tutoría humana, allí donde el docente es, muchas veces, el único referente del Estado.
En conclusión, la comparación entre estos modelos revela que la verdadera innovación en gestión no reside en copiar la estructura organizativa de un centro en Barcelona o Madrid, sino en utilizar esos marcos teóricos para reimaginar la escuela rural como un centro de alta tecnología humana. El liderazgo pedagógico en Latinoamérica consiste en convertir la carencia en una oportunidad para la creatividad institucional, utilizando los datos de Romero para visibilizar a los estudiantes que el sistema suele olvidar.
