Entre los cambios curriculares y del régimen académico: El docente como punto de partida y llegada

La profesionalización docente como eje imprescindible frente a las reformas curriculares y la crisis educativa

Desde su conformación, las instituciones educativas son el depositario de esperanzas y críticas. En los últimos años el rendimiento académico en los distintos niveles (primario y secundario), fue motivo de controversia a nivel nacional. Los resultados de pruebas estandarizadas para medir la calidad educativa arrojaron datos preocupantes. Poniendo nuevamente en agenda a la educación como uno de los aspectos prioritarios a nivel Nacional y Provincial. En el centro de la escena están los docentes, piezas fundamentales en “el universo escuela”. Con diversos lentes la sociedad interpela a la escuela en busca de respuestas, o soluciones, y el blanco más evidente es el docente y su responsabilidad o culpabilidad en relación a la calidad educativa de nuestros estudiantes.

¿Qué hacen los docentes que los estudiantes no aprueban? ¿Qué no hacen los docentes y debieran hacer? “Docentes…eran los de antes”.

Si el objetivo es mejorar la calidad educativa de los estudiantes argentinos, debemos hacer un análisis complejo que involucra a los ejes centrales de la educación sistemática, como son el régimen académico y el diseño curricular. Dicho análisis no termina en estos aspectos más generales de la educación y deben poner foco en el rol docente, ya que es el actor prioritario a la hora de tomar decisiones áulicas que tengan un impacto directo en los aprendizajes significativos de los estudiantes.  Si bien el diseño curricular habilita y delimita las formas de enseñar, evaluar y aprender. La calidad de la enseñanza estará determinada por la profesionalidad del cuerpo docente que lleve adelante la tarea de enseñar bajo las perspectivas pedagógico didácticas planteadas por el nuevo régimen académico.

El nuevo régimen viene a romper espacios y formas de enseñar que fueron constitutivas del sistema educativo. Es aquí que los docentes preguntamos: ¿Cómo implementar estas nuevas estrategias pedagógicas, si nuestra formación carecía y carece de la mirada a partir de la cual se sustentan teóricamente estos cambios? Si los nuevos diseños curriculares y orientaciones educativas se plantean bajo una mirada de proceso, más que de objetivos prefijados y medibles, es necesaria una formación y profesionalización docente: formar docentes capaces de mediar críticamente lo preestablecido en el currículum, en función de lo que acontece en el aula debería ser el horizonte de las políticas educativas.

Uno de los aspectos centrales de la educación es su íntima y compleja relación con la sociedad de la que forma parte. Relativizar el aspecto social limita el accionar docente: la transformación social, en términos de vínculos disruptivos, y problemáticos, asociadas a factores socio-económicos complejos confluyen en los espacios educativos, generando un combo explosivo, que detona en experiencias estudiantiles conflictivas, y en aprendizajes no alcanzados. Si bien el fin último de la educación es el aprendizaje de nuestros estudiantes, el reconocimiento de estos factores como constitutivos y determinantes en los espacios áulicos, debieran ser parte de las políticas públicas que se llevan adelante cuando se plantean los nuevos regímenes académicos y las transformaciones educativas en diversos niveles de concreción: Macro- mezzo y micro.

Pensar que la solución a los problemas educativos está solamente en una transformación profunda del régimen académico y de un cambio curricular, supone una simplificación de la tarea educativa que es necesario desandar desde el análisis crítico de las políticas educativas y desde el rol de cada actor dentro de las instituciones educativas.

Es por ello imperioso entender la complejidad del problema con el que nos enfrentamos. No es una cuestión de cambio simplemente dado, sino de reconocer la complejidad de la situación que atraviesa todo el sistema educativo, en su conjunto, pero atendiendo la heterogeneidad, planificando desde el nivel más general y llegando al más particular: Los docentes. Es en este nivel en dónde se debería poner foco, para generar cambios profundos en las prácticas docentes, si no traccionamos sobre el motor que posibilita el aprendizaje de los estudiantes, no tiene sentido alguno cualquier cambio en el régimen o Diseño curricular que se plantee.

Entender y accionar sobre la situación, nos enfrenta a una serie de preguntas, que debieran guiar el sentido de transformación del sistema educativo: ¿Qué elementos constitutivos del diseño curricular potenciarán las “buenas prácticas”? ¿Qué factores exógenos al diseño curricular podrían traccionar diversos abordajes de los contenidos curriculares, en vistas a un aprendizaje significativo? ¿Qué tipo de formación profesional es necesario plantear para el cuerpo docente en formación y en planta activa? La búsqueda de respuestas a dichas preguntas debiera potenciar acciones colectivas e individuales, que transformen las prácticas pedagógicas en búsqueda de la calidad educativa.

La reflexión continua y situada de nuestro rol, enmarcado en un determinado régimen académico y orientado por el diseño curricular, nos coloca en una posición más activa que nunca, la transformación de las prácticas pedagógico didácticas, que son ya parte del sistema, requieren de una formación continua de los docentes activos y de una formación de los docentes nóveles. Dicha profesionalización docente es imperiosa si realmente queremos alcanzar una mejora en la calidad educativa.

Las exigencias que se plantean al colectivo docente, debieran contemplar por un lado las aristas socioeconómicas planteadas, la falta de espacios y tiempos para la formación continua y de calidad, como así también la precarización del rol, con salarios bajos que limitan la práctica, llevando a los profesionales a trabajar más horas para intentar alcanzar un salario digno (aun así, muchas veces sin lograrlo). Poder reconocer y explicitar estos factores que atraviesan y definen las prácticas docentes, constituyen los elementos centrales para gestionar cambios situados y con impacto real en las diversas instituciones educativas.

Es entendible y esperable, que frente a la complejidad de la situación social y profesional que enfrentan los docentes, se pierda la esperanza de un cambio de calidad o muchas veces se ponga la expectativa en un cambio curricular, que, si bien es necesario, no resuelve las cuestiones de fondo: La necesidad de una profesionalización del rol docente en vistas de estos cambios radicales que transforman el sentido de lo educativo.

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