La Pedagogía de la Mirada consiste en organizar la práctica alrededor de dos preguntas inseparables: ¿qué necesitamos aprender a mirar para acompañar mejor el aprendizaje? y ¿cómo enseñamos a los estudiantes a mirar, habitar y transformar su propio proceso?
Cotidianamente, en el encuentro con el aprendizaje, se produce en el aula, gran cantidad de información, sobre todo eso que sucede mientras enseñamos y aprendemos. Al entrenar la capacidad de hacer foco y tomar registro de las preguntas que formulan los estudiantes y también de los silencios; la manera en que ponen en palabras cómo piensan y cómo se sienten al aprender; los errores que aparecen como parte del proceso; las estrategias que utilizan; las conexiones que establecen y las decisiones que asumen para superar cada desafío, reunimos evidencias valiosas para nuevas decisiones.
Pedagogía de la Mirada reúne axiomas y estrategias que parten de la investigación de campo del hecho educativo secuenciando sus pilares en mirar, habitar y transformar. Perspectiva, que se centra en una doble dimensión formativa: acompaña al docente a mirar con sentido y propósito para comprender cómo están aprendiendo sus estudiantes, revisar los efectos de sus intervenciones y generar nuevas oportunidades de aprendizaje; y al estudiante, para que aprenda a mirar, habitar y transformar su propio proceso: reconocer qué comprende, qué siente, qué estrategias utiliza, qué dificultades encuentra y qué decisiones puede tomar para avanzar.
Desde esta mirada, el aula se concibe como un encuentro entre aprendices. En ese modo aprendiz, el docente al enseñar, aprende de las evidencias que produce la experiencia. El estudiante no se limita a realizar tareas o recibir devoluciones sino que construye progresivamente herramientas metacognitivas para interpretar y regular su aprendizaje.
Del resultado al proceso
Poner valor en lo que está sucediendo mientras aprendemos es una práctica que debemos instalar progresivamente hasta que se haga cultura. Valorar el aprendizaje a partir de productos finales: una evaluación, una respuesta, una actividad completa o una producción presentada, arrojan resultados importantes, pero no alcanzan para explicar cómo se construyó la comprensión.
Dos estudiantes pueden llegar a una misma respuesta mediante procesos muy diferentes. Uno puede haber establecido relaciones, revisado sus ideas y elaborado una explicación propia. Otro puede haber reproducido un procedimiento sin comprender sus fundamentos.
¿Cómo tomamos decisiones para acompañar el avance de ambas trayectorias?Si solo se observa el resultado, esa diferencia permanece oculta.
Mirar el proceso y reconocer:
- Lo que sabemos y sentimos en el punto de partida
- las preguntas que orientan la indagación para seguir aprendiendo
- los modos de aprender
- los apoyos y estrategias que abren posibilidad como andamiaje
- la utilización de saberes previos
- la capacidad para justificar una respuesta
- los cambios producidos a partir de la retroalimentación
- la transferencia de lo aprendido a una situación nueva
- la formación de habilidades que le permiten al estudiante reconocer y regular su propio proceso
Estas evidencias permiten comprender no solo si el estudiante logró resolver una tarea, sino qué está comprendiendo, con qué profundidad lo comprende, cómo lo está haciendo, qué habilidades está desarrollando y qué intervención podría ayudarlo a avanzar.
La enseñanza se vuelve así un proceso de indagación formativa: el docente diseña propuestas con un sentido y un propósito, observa las respuestas que generan, recoge información, la interpreta y ajusta sus decisiones. La evidencia no se acumula para describir o clasificar, sino que se utiliza para abrir nuevas posibilidades de comprensión y desarrollo.
Observar no es clasificar
Toda observación está atravesada por expectativas, experiencias previas y categorías de interpretación. Por eso, una conducta visible no debería traducirse de manera automática en una conclusión sobre una trayectoria educativa.
El silencio, por ejemplo, puede indicar falta de comprensión, pero también tiempo de elaboración, inseguridad para participar o preferencia por otra forma de expresión. Una tarea incompleta puede asociarse con falta de compromiso, aunque también puede revelar dificultades para interpretar la consigna, organizar el trabajo o sostener una estrategia.
La Pedagogía de la Mirada propone diferenciar tres acciones:
- Describir lo que ocurre (utilizar una escalera de retroalimentación: valoro/destaco/me pregunto/sugiero)
- Reunir la información disponible: contexto, experiencia, trayectoria educativa
- Decidir cómo intervenir, búsqueda de acciones que abran posibilidad para dar continuidad a la experiencia educativa
Tres movimientos para enseñar y aprender con la mirada en el proceso
La propuesta se organiza alrededor de tres movimientos Mirar, Habitar y Transformar que funcionan como dimensiones desde las cuales, los docentes y los estudiantes ponen en foco la experiencia, para comprenderla y actuar sobre ella.
Mirar: reconocer y recoger evidencias
¿Qué, cómo y para qué mirar? Mirar implica observar con un propósito definido, para seleccionar evidencias relacionadas con los objetivos de aprendizaje, la profundidad de la comprensión y las habilidades que se procura desarrollar.
Si el propósito es que los estudiantes construyan comunicación sobre lo aprendido, el docente necesitará observar cómo relacionan la información, qué argumentos utilizan y de qué manera justifican sus conclusiones. Si busca desarrollar colaboración, deberá atender cómo distribuyen responsabilidades, escuchan otras perspectivas y revisan sus decisiones.
Habitar: permanecer, comprender y ensayar
El aprendizaje no se produce de manera aislada, se produce en la interacción entre las propuestas de enseñanza, los saberes previos, las emociones, los vínculos y la cultura del aula.
Habitar la experiencia de aprendizaje supone permanecer en ella el tiempo necesario para comprender esas relaciones. Para el docente, implica escuchar las explicaciones de los estudiantes, indagar sus razonamientos y generar condiciones para que puedan expresar dudas, ensayar respuestas y revisar sus ideas. Para el estudiante, significa sostener la pregunta, probar estrategias, considerar otras perspectivas, pedir ayuda, utilizar la retroalimentación y permanecer activamente en el desafío de comprender.
Una cultura de aula que toma el error como evidencia, permite identificar razonamientos, obstáculos y oportunidades de intervención.
Habitar también significa reconocer la importancia que tiene el vínculo. El que esta sostenido por la confianza, escucha y sentido de pertenencia como aspectos centrales del aprendizaje; inciden directamente en la participación, formulación de preguntas y disposición para asumir desafíos cognitivos de estudiantes y docentes. Todo vínculo tiene un efecto vinculante, es de ida y vuelta.
Transformar: convertir la comprensión en nuevas decisiones para integrar el aprendizaje
La observación, la búsqueda de evidencias con propósito como venimos desarrollando, toma valor pedagógico cuando se traduce en decisiones. Transformar es entonces, revisitar la información, reconocer los cambios producidos y avanzar en el proceso. La evidencia activa la orientación para dar el próximo paso.
Esas decisiones pueden incluir:
- reformular una consigna;
- modificar el tipo de apoyo ofrecido;
- incorporar una nueva pregunta;
- volver sobre un concepto;
- organizar otros agrupamientos;
- ofrecer diferentes formas de representación;
- ajustar los tiempos;
- generar una instancia de retroalimentación;
- recuperar una estrategia utilizada por los propios estudiantes.
La transformación se integra al aprendizaje, tanto del docente como del estudiante.
El docente reflexiona sobre la propuesta de enseñanza y revisa sus decisiones a partir de los indicadores de avances individuales y colectivos. El estudiante, vuelve sobre sus producciones, identifica qué cambió en su manera de pensar, reconoce qué estrategia le permitió avanzar y decide qué necesita sostener, modificar o volver a intentar.
La planificación de la enseñanza y el aprendizaje se convierte, a partir del tamiz de una Pedagogía de la Mirada, en una herramienta abierta a la información que produce la experiencia.
