Pijamas en el aula: impacto de la informalidad en universidades
Cognición investida: el impacto psicológico de la vestimenta en el rendimiento universitario

Al recorrer instituciones educativas en diversos países, he observado en algunas universidades una normalización de una informalidad que raya en el descuido absoluto. He visto a estudiantes que acuden a sus jornadas académicas en chanclas, pantuflas o prendas de descanso.
Esta imagen, lejos de ser una graciosa anécdota estética; es el reflejo preocupante de una desconexión con el propósito de la educación superior. Lo más grave es que esta conducta genera una erosión en el ambiente de aprendizaje, pues cuando el estándar de profesionalismo se vuelve opcional, se desvirtúa la atmósfera de rigor y excelencia que debe imperar en una facultad.
La vestimenta escolar como reproducción cognitiva
La elección de la vestimenta para asistir al aula no es un acto superficial, sino una operación que impacta la psique del estudiante. De acuerdo con Moulian (1998, como se citó en Chacón y Rodríguez, 2017, p. 4), el consumo es una operación cotidiana e imprescindible vinculada a la reproducción material y también a la espiritual, abarcando dimensiones cognitivas, emocionales y sensoriales de los individuos.
Por lo tanto, presentarse en un entorno académico con indumentaria de descanso envía un mensaje implícito de relajación que debilita la estructura simbólica necesaria para el alto rendimiento. No se trata simplemente de una elección de estilo, sino de cómo el estudiante se proyecta y se prepara mentalmente para el intercambio intelectual que define a la universidad.
El fundamento científico de la cognición investida
Para comprender por qué este fenómeno es perjudicial, debemos recurrir a la psicología cognitiva, específicamente al concepto de cognición investida. Esta teoría sostiene que la ropa que vestimos no solo comunica un mensaje a los demás, sino que influye directamente en los procesos psicológicos de quien la porta.
De acuerdo con Rutchick (Citado por TecnoXplora, 2017), el uso de indumentaria formal estimula el pensamiento abstracto, pues incrementa la sensación de poder en el individuo y modifica la forma fundamental en la que este percibe su entorno. Este proceso psicológico resulta crucial para el análisis del ámbito universitario, ya que este tipo de pensamiento facilita una perspectiva que reduce las conductas impulsivas y promueve una disposición mental orientada a objetivos de mayor complejidad.
El cerebro asocia ciertas prendas con estados mentales específicos; por ello, cuando un estudiante asiste a clases en ropa de descanso, su capacidad de enfoque, alerta y rigor intelectual se ve comprometida de forma inconsciente. Al vestir para el descanso, el cerebro permanece en un estado de relajación que es incompatible con la exigencia de una cátedra universitaria.
La universidad como simulacro de la realidad laboral
La función primordial de una universidad no se limita a la entrega de conocimientos técnicos; su objetivo básico es la formación de profesionales íntegros capaces de integrarse con éxito en la sociedad. El campus universitario debe funcionar como un entorno de ensayo para la vida laboral.
Cuando una institución flexibiliza en exceso sus códigos de conducta, está diciendo que el contexto no importa. En el mundo profesional real, la adecuación al entorno es una competencia crítica. Al permitir que el aula se convierta en una extensión de la comodidad doméstica, la universidad renuncia a su papel como guía en la construcción de la identidad profesional del estudiante, dejándolo desarmado ante las exigencias de respeto y protocolo que encontrará al egresar.
El impacto en el objetivo fundamental de la educación superior
Esta laxitud en la imagen personal resta valor al objetivo primordial de la institución. Si el ambiente académico se percibe como un espacio de ocio, se diluye el rigor que debe caracterizar a la educación superior. El profesionalismo no es algo que se adquiere por arte de magia al recibir un título; es un hábito que se cultiva diariamente.
Las conductas que priorizan la comodidad individual por encima del respeto al entorno académico degradan la atmósfera de estudio y distraen de la meta común de excelencia. Una institución que no establece límites claros en este sentido está fallando en su misión de formar líderes, pues permite que la autodisciplina sea sustituida por una complacencia que difícilmente será tolerada en los sectores productivos.
Una responsabilidad compartida entre directivos y alumnos
Es necesario que los equipos directivos retomen el control sobre la cultura institucional. No se trata de imponer uniformes, sino de educar sobre la importancia de la congruencia. Cada espacio tiene una función, y el aula es un espacio de trabajo intelectual que exige una disposición mental y física acorde.
Recuperar el sentido de la propiedad en el vestir dentro del campus, fundamentado en la cognición investida y la ética profesional, es una forma de devolverle su prestigio a la universidad. Solo así se podrá garantizar que el paso por la educación superior sea verdaderamente transformador y que el estudiante aprenda a valorar su propia profesión desde el primer día.
Referencias
Chacón Gaspar, C. A., y Rodríguez Benítez, K. C. (2017). Psicología económica: estudio de la relación de la conducta de compra de ropa con la personalidad en una muestra universitaria. Universidad de La Laguna.
TecnoXplora. (2017). Cognición vestida: cómo la ropa que llevamos nos hace pensar de una determinada forma. La Sexta. https://www.lasexta.com/tecnologia-tecnoxplora/ciencia/divulgacion/cognicion-vestida-como-ropa-que-llevamos-nos-hace-pensar-determinada-forma_201705115922811d0cf25e0177ed9a8e.html





