Alejo Merker: Estrategias para gestionar conductas disruptivas
Resumen del webinar organizado por Creativos Digitales y dictado por Alejo Merker
En el ámbito educativo, uno de los desafíos más frecuentes y complejos que enfrentamos docentes, directivos y coordinadores es la gestión de conductas disruptivas en las aulas. El webinar presentado por Alejo Merker, experto en psicología educativa, nos ofrece una mirada profunda, fundamentada en la evidencia y la neurociencia, sobre cómo abordar estas conductas problemáticas para transformar la convivencia escolar y potenciar mejores aprendizajes. En este artículo, sintetizamos y ampliamos los principales conceptos, estrategias y recomendaciones que Alejo compartió en este valioso espacio de formación organizado por Creativos Digitales.
Un experto en psicología educativa
Alejo Merker es licenciado en Psicología y profesor, con formación en psicología cognitivo-conductual, psicología positiva, neurociencia cognitiva, terapias contextuales y de aceptación y compromiso. Ha sido docente universitario y secundario, psicoterapeuta y miembro de equipos de orientación escolar. Actualmente realiza un doctorado en psicología con orientación en neurociencia aplicada.
Entre sus obras destacan títulos como El cerebro adolescente va al aula, Ser docente y disfrutarlo, Emociones y palabras en la escuela secundaria, y Gestión emocional en la adolescencia. Su enfoque combina rigor científico con un profundo respeto y empatía hacia los estudiantes y educadores.
Entendiendo las conductas problemáticas en la escuela
¿Qué es una conducta problema?
Es fundamental cambiar el lenguaje y la perspectiva: no hablamos de «problemas de conducta», sino de «conductas problema». Esta distinción ayuda a centrar la atención en comportamientos específicos observables, no en etiquetas vagas o juicios sobre la persona.
Por ejemplo, decir que un estudiante «se porta mal» es ambiguo y poco operativo. En cambio, identificar conductas concretas como «interrumpir al docente», «pegar a un compañero» o «salir del aula sin permiso» permite diseñar intervenciones claras y efectivas.
La conducta no es la persona
Separar la conducta de la identidad del estudiante es clave para intervenir eficazmente. Considerar que un niño «es malo» o «hace las cosas a propósito para molestar» dificulta la empatía y la búsqueda de soluciones. En cambio, entender que la conducta es una forma de comunicación y aprendizaje abre la puerta a acompañar y enseñar nuevas formas de expresarse.
¿Por qué ocurren las conductas problema?
Generalmente, estas conductas tienen dos funciones principales:
- Obtener algo: un objeto, atención, afecto, reconocimiento o aceptación social.
- Evitar algo: una tarea, situación incómoda, estímulo desagradable o expectativa.
La tarea del educador es analizar y descubrir qué busca el estudiante con su conducta para ofrecer alternativas funcionales y saludables.
La conducta es contextual
Es importante observar en qué contextos aparece la conducta problema. ¿Sucede en todas las clases o solo con ciertos docentes? ¿Ocurre en determinados momentos del día o en situaciones específicas? Esta información es vital para diseñar estrategias preventivas y adaptadas.
El valor de las reglas y los límites en la escuela
La escuela es uno de los pocos espacios donde las normas y reglas están claramente establecidas y compartidas. Sin reglas, no hay juego ni convivencia posible. Alejo Merker destaca la importancia de construir reglas en tres grandes grupos, según Fisher y Frey:
- Reglas para cuidar de uno mismo: que promuevan el autocuidado y la responsabilidad personal.
- Reglas para cuidar del otro: que fomenten el respeto y la empatía hacia los demás miembros de la comunidad educativa.
- Reglas para cuidar los recursos y materiales: que garanticen el buen uso de los espacios y materiales escolares.
Estas reglas deben ser coconstruidas con los estudiantes y adaptadas a las características culturales, sociales y económicas de cada comunidad educativa.
La neurociencia y la regulación emocional
¿Qué es la regulación emocional?
La regulación emocional es la capacidad de identificar, gestionar y responder adecuadamente a las emociones. No es innata, sino una habilidad que se aprende y desarrolla a lo largo del neurodesarrollo, especialmente en circuitos asociados al lóbulo prefrontal.
Muchos adultos tampoco la tienen plenamente desarrollada, por lo que no podemos esperar que niños y adolescentes la dominen sin acompañamiento.
Modelo para la regulación emocional
Ante un hecho, una persona puede:
- Identificar los pensamientos que surgen.
- Reconocer las emociones que despiertan esos pensamientos.
- Evaluar las opciones conductuales disponibles.
- Elegir la conducta más adecuada y llevarla a cabo.
Este proceso requiere modelización y práctica, especialmente en niveles educativos superiores, donde suele estar menos presente que en inicial y primaria.
Análisis funcional de la conducta: herramientas para la intervención
¿Qué es el análisis funcional?
Es un método para entender qué sucede antes, durante y después de una conducta problema, con el fin de intervenir de manera estratégica.
Se divide en tres partes:
- Antecedentes: qué estaba pasando antes de la conducta (contexto, emociones, interacciones).
- Conducta problema: descripción clara y específica del comportamiento observable.
- Consecuencias: qué ocurre después de la conducta (refuerzos, castigos, atención recibida).
¿Cuándo y cómo hacer el análisis?
Este análisis debe realizarse individualmente con el estudiante, preferentemente fuera del momento de crisis para evitar agravar la situación. Es importante bajar el nivel de activación emocional, utilizando técnicas como:
- Retirar al estudiante a un lugar tranquilo.
- Permitir que respire y se calme.
- Usar un tono de voz bajo y corporalidad calmada.
Estrategias prácticas para la gestión de conductas
1. No alimentar conductas problema
Es común que, sin querer, reforcemos conductas disruptivas con atención prolongada o sanciones que terminan siendo un premio para el estudiante (por ejemplo, evitar la clase). La recomendación es elegir cuándo y cómo responder, priorizando reforzar conductas positivas.
2. Refuerzo positivo
Celebrar y reconocer las conductas deseadas es mucho más eficaz que castigar las no deseadas. Esto puede incluir felicitaciones verbales, roles especiales, puntos o stickers, y recompensas adecuadas a la edad y contexto.
3. Contratos conductuales
Los contratos son acuerdos escritos entre el estudiante, la familia y la escuela con objetivos claros, acotados en el tiempo y con seguimiento constante. Permiten establecer metas realistas y medir avances concretos.
4. Economía de fichas
Esta técnica consiste en asignar puntos o fichas por conductas positivas que luego pueden canjearse por recompensas. Es útil para motivar cambios conductuales y hacer visible el progreso.
5. Resolución de problemas y autocontrol
Entrenar habilidades como «parar, pensar y hacer» ayuda a los estudiantes a inhibir respuestas impulsivas y elegir conductas más adecuadas. La respiración diafragmática es una herramienta simple y efectiva para bajar la activación emocional.
Aspectos clave para una intervención institucional exitosa
- Consenso y trabajo en equipo: toda la comunidad educativa debe estar alineada en las estrategias y objetivos.
- Objetivos claros y realistas: priorizar conductas específicas y alcanzables.
- Coherencia y seguimiento: la intervención debe ser consistente y evaluada periódicamente.
- Evitar generalizaciones y estereotipos: cada estudiante es único y requiere un abordaje personalizado.
- Buscar apoyo y colaboración: no enfrentar solos las situaciones difíciles, sino compartir responsabilidades y recursos.
- No avergonzar ni humillar: estas prácticas generan violencia y rechazo, y dañan la relación educativa.
El rol fundamental de la familia y la comunidad
La colaboración con las familias es un desafío constante, especialmente cuando hay resistencia a aceptar apoyos externos o diagnósticos. Sin embargo, la escuela puede ser un espacio de referencia y contención para ofrecer herramientas y acompañamiento, incluso cuando el entorno familiar no es el ideal.
Construir una red de colaboración entre docentes, equipos profesionales y familias es clave para sostener los cambios conductuales y emocionales en los estudiantes.
Preguntas frecuentes y respuestas clave
¿Cómo intervenir en conductas problemáticas en grupo?
Ante situaciones grupales, es fundamental no quedarse solo. Se debe buscar apoyo de directivos o preceptores y aplicar intervenciones transversales que involucren a todos los docentes que trabajan con ese grupo. La cohesión, comunicación y definición clara de roles son herramientas esenciales.
¿Cómo actuar ante burlas o agresiones verbales entre compañeros?
Nunca se debe mirar para otro lado. La respuesta debe ser inmediata, clara y firme, señalando que ese comportamiento no es aceptable. Luego, se puede trabajar en estrategias pedagógicas o reparadoras según el contexto institucional.
¿Las recompensas pueden ser materiales?
Sí, siempre que sean pertinentes para la edad, valiosas para el estudiante y conocidas de antemano. Las recompensas deben ser acotadas en el tiempo y formar parte de una intervención personalizada, no un sistema permanente.
¿Cómo motivar a estudiantes que sienten que nunca alcanzan los objetivos?
Se recomienda diseñar contratos conductuales personalizados que los ubiquen en un lugar distinto, con metas alcanzables y reconocimiento específico. Esto ayuda a fortalecer la motivación y evitar la desidia.
Conclusión: un camino de aprendizaje y acompañamiento
Gestionar conductas disruptivas en la escuela es un proceso complejo que requiere conocimiento, empatía, trabajo en equipo y herramientas prácticas. Alejo Merker nos invita a cambiar el paradigma de la disciplina para centrarnos en el aprendizaje de habilidades sociales y emocionales, reconociendo la función comunicativa de las conductas y la importancia de la regulación emocional.
La escuela, con sus normas y acuerdos, es un espacio privilegiado para acompañar a niños, niñas y adolescentes en su desarrollo integral. Con estrategias claras, reflexión constante y colaboración entre todos los actores educativos, es posible transformar los desafíos en oportunidades para crecer y aprender juntos.
Finalmente, recordar que el éxito está en la constancia, la coherencia y el amor con que abordamos esta tarea tan apasionante y necesaria.

