Acadeu
Opinión

Escuelas contra el algoritmo: recuperemos la empatía y la alteridad

Romper el espejo digital: la escuela como espacio de encuentro con el otro

Alguien te conoce muy bien (tu espejo digital).

“Parece que mi celular me escucha”, “a mí me conoce muy bien”… Son frases que venimos escuchando desde hace un tiempo hasta aquí, y más allá de los dilemas éticos y tecnológicos que traen de fondo, estas frases marcan una realidad que cada vez está más presente: las redes sociales (IA de por medio) nos conocen, y nos muestran contenidos de acuerdo a nuestros gustos y preferencias, activando de esta manera nuestro sesgo de confirmación ante muchas cuestiones de opinión.

Nuestros gustos e intereses están cada vez más expuestos porque abiertamente brindamos mucha información acerca de nosotros a la web, una muestra de esto es cuando le pedimos a una IA que genere una caricatura nuestra a partir de lo que sabe de nosotros. Y realmente los resultados son asombrosos, la IA conoce mucho más acerca de nosotros que incluso algunos amigos o familiares.

Ahora bien, ¿debe esto preocuparnos? Más bien diría, esto debe ocuparnos, y ocuparnos primero en conocer qué es lo que está pasando en torno a esto para poder actuar al respecto. Desde este espacio, propongo pensar el impacto de este fenómeno en nuestras escuelas e instituciones educativas.

Nuestros 140 minutos diarios (para los argentinos mucho más)

En 2025, el usuario global promedio dedica 141 minutos diarios a las redes sociales. De acuerdo al informe publicado por Alyssa Hirose en el Digital Report 2025/2026 – Hootsuite, los latinoamericanos pasan un promedio de 214 minutos diarios en las redes sociales. Y, en Argentina, la cifra es drásticamente superior al global: según el informe de la Universidad FASTA, los usuarios pasan un promedio de 4 horas y 24 minutos por día conectados a plataformas digitales (264 minutos), con picos los fines de semana y en horarios nocturnos: “El informe destaca que los argentinos encuestados dedican en promedio 4 horas y 24 minutos diarios a las redes sociales, un aumento significativo respecto al promedio de 3 horas y 44 minutos registrado en 2024. El domingo se posiciona como el día de mayor actividad, con 4 horas y 48 minutos de uso…” Las redes sociales más utilizadas son: Instagram que sigue siendo la plataforma dominante con un 26% en los encuestados, especialmente para entretenimiento, observación pasiva y publicación de contenido propio. Le siguen YouTube con un 20,6% y Facebook con 18,97%, TikTok muestra un crecimiento constante del 15,67%.”

Al respecto del uso de las mismas de acuerdo a las edades, el informe de Hootsuite es muy revelador en este sentido, para darnos una idea, para la Generación Z (nuestros alumnos), el tiempo es significativamente mayor y la exposición es casi total.

Ahora bien, este tiempo no es solamente tiempo de ocio, sino también un tiempo en dónde estamos construyendo una percepción del mundo en función de nuestros gustos, intereses y preferencias, según nos lo va mostrando esta lógica algorítmica. Un ejemplo de esto, si soy fanático del fútbol, difícilmente encuentre algún artículo, reel o video relacionado a otro deporte, y si mi fanatismo es respecto a un equipo en particular, ese equipo estará muy presente en mis visualizaciones, pero no solo eso, sino todo un respaldo constante a favor de mi equipo y críticas hacia los otros rivales. Es allí donde se activa, como mencioné anteriormente, el sesgo de confirmación.

En el Resumen Ejecutivo: Niñas, niños y adolescentes conectados. Kids Online Argentina, realizado por UNICEF, encontramos más datos para considerar:

  • Prácticamente todas las niñas, niños y adolescentes cuentan con acceso a Internet en el hogar (96%). Solamente en el segmento de nivel socioeconómico bajo se observa una menor presencia de este recurso (89%).
  • El acceso al primer celular con el cual pueden conectarse a Internet es cada vez más precoz: el promedio de edad actual es 9,6 años, pero en el segmento de 9 a 11 el 83% obtuvo su primer celular antes de cumplir 10 años, mientras que en el grupo de 15 a 17 años este porcentaje resulta mucho menor (21%).
  • La socialización online es una de las prácticas más extendidas entre niñas, niños y adolescentes. El 80% utiliza redes sociales todos o casi todos los días, siendo TikTok, YouTube e Instagram las plataformas más utilizadas. Esta práctica aumenta con la edad, pero incluso en el segmento de 9 a 11 años, el 58% dice usar redes cotidianamente. Además, el 83% utiliza aplicaciones de mensajería todos o casi todos los días para chatear y comunicarse.
  • Conocimiento y uso de IA generativa: un dato que se midió por primera vez en el estudio argentino indaga sobre el conocimiento y uso de IA generativa. El 76% conoce la aplicación de IA generativa Chat GPT y el 58% la ha utilizado alguna vez. Dos de cada tres adolescentes que usaron esta herramienta lo hicieron con fines escolares. Se advierten brechas por grupo de edad (mayor uso entre los más grandes) y por nivel socioeconómico (mayor autorreporte de uso entre los chicos de nivel socioeconómico alto y medio que sus pares de nivel socioeconómico bajo).

¿Por qué destaco esos datos del informe? Porque hay una realidad muy clara: la cuestión central no es solo el cuánto, sino el cómo. Y este uso está regido por un régimen de personalización (algoritmos) que, para maximizar la retención, activa el sesgo de confirmación, mostrándole al estudiante una realidad “a medida”, que los mantenga “entretenidos” el mayor tiempo posible. Es destacable mencionar también que el uso de la IA añade una nueva capa de intermediación algorítmica al aprendizaje. La IA generativa no solo filtra el contenido, sino que ahora sintetiza la realidad para el estudiante, produciendo respuestas cerradas que reducen el recorrido crítico del mismo entre múltiples fuentes.

Para un niño, adolescente o joven que pasa 4 horas diarias recibiendo solo opiniones que validan las suyas, la llegada al aula se convierte en un choque cultural. ¿Cómo podemos pedir empatía hacia lo diverso cuando el entorno digital de nuestros alumnos ha sido diseñado para “expulsar lo diferente”?

Estos datos no son meras cifras de consumo; son el mapa de una nueva arquitectura mental, una arquitectura que tiende a clausurar el diálogo antes de que comience, y que ahora pasaremos a analizar.

Una nueva “burbuja” y un “gran infierno” nos envuelven

No estamos ante un simple cambio de hábito, sino ante una reconfiguración de la atención. Si un estudiante promedio en Argentina pasa más de 4 horas diarias bajo el régimen de un algoritmo que premia lo que ya le gusta, la escuela se convierte en el único espacio donde la ‘burbuja de filtros’ puede y debe ser pinchada. ¿De qué se trata, entonces, esta burbuja?

Eli Pariser acuña este término (The Filter Bubble), en un libro publicado en 2011 con el mismo nombre, para describir cómo esta arquitectura digital crea un universo propio de información para cada usuario.

A través de esta idea, indica que el algoritmo nos aísla de ideas y temas con los que no estamos de acuerdo, eliminando el “roce” con la diversidad que es necesario para la empatía: “El algoritmo nos da lo que queremos, pero no necesariamente lo que necesitamos para una sociedad abierta”.

En la gestión escolar, y más específicamente en las aulas, esto se traduce en un desafío crítico: si el estudiante solo consume aquello que valida sus prejuicios, la escuela debe intervenir como el espacio donde se recupera el ‘roce’ con la diferencia, rompiendo esa burbuja para permitir el surgimiento de la verdadera empatía.

Posteriormente este autor escribió un artículo analizando cómo la situación ha empeorado con la llegada de la Inteligencia Artificial y la polarización extrema. Es interesante visualizar una de sus charlas TED para ahondar en esta idea. Se recomienda: ‘Beware online filter bubbles’ (2011) (activar los subtítulos en español).

Para ampliar estas cuestiones, desde una mirada filosófica-pedagógica, vamos a recurrir a las ideas que formula y plantea Byung-Chul Han en su libro “La expulsión de lo distinto” (Título original: Die Austreibung des Anderen), de 2017.

El primer concepto que debemos considerar es el de “El Infierno de lo Igual”. Han argumenta que la digitalización ha eliminado la “negatividad” del otro. En las redes sociales, el botón de “Me gusta” y los algoritmos de recomendación crean un entorno donde solo encontramos lo que ya conocemos y aprobamos. 

La educación tradicional se basaba en el encuentro con lo desconocido (el maestro que sabe algo que yo no, el compañero que vive una realidad distinta). Este sistema de recomendación anula este encuentro, convirtiendo la experiencia educativa en un “espejo” constante.

Han dice “La comunicación digital es solo una vista panorámica del sí mismo. En ella no se habla con el otro, sino con uno mismo”. 

El segundo concepto es el de “La Expulsión de lo Distinto”. Para Han, la empatía requiere la presencia de “lo distinto”. Si el algoritmo filtra todo lo que nos resulta incómodo o molesto, perdemos la capacidad de tolerar la frustración que conlleva entender a alguien diferente. Esto tiene claramente su impacto en el aula y explica por qué a los alumnos les cuesta cada vez más el debate respetuoso. No están entrenados para procesar la “alteridad” (la existencia del otro como alguien radicalmente diferente).

Y un tercer concepto: “El Paso de la “Escucha” al “Eco”. Han sostiene que hemos dejado de escuchar para simplemente buscar ecos de nuestras propias opiniones. Es así que es necesario que, como director, puedas plantear que la escuela debe ser un “espacio de escucha”, no de acumulación de información. Escuchar implica vulnerabilidad (dejarse afectar por lo que el otro dice), algo que el algoritmo prohíbe. Ruth Chackiel en su libro “Decisiones docentes para enseñar sin miedo” (2025), nos dice «la autoridad que necesitamos no se refugia en la neutralidad ni abdica frente a la hostilidad: se compromete, enuncia, sostiene marcos de respeto, incluso cuando hacerlo implique exponerse al cuestionamiento o la incomodidad”.

Entonces, estos autores nos advierten sobre la llegada del ‘infierno de lo igual’, un fenómeno donde la digitalización elimina sistemáticamente la negatividad de la alteridad. En este escenario, la empatía —que por definición requiere el reconocimiento del otro en su diferencia— y la alteridad, se atrofian. Para la gestión educativa, el desafío es mayúsculo: debemos recuperar la escuela como el lugar del ‘acontecimiento del otro’, rompiendo la autorreferencialidad del algoritmo para enseñar a nuestros estudiantes que la verdadera formación ocurre solo cuando nos permitimos ser interpelados por aquello que no se parece a nosotros.

Escuelas contra el algoritmo (Rompe-algoritmos)

A partir de este análisis, resulta evidente el impacto en la educación. Y ese impacto es profundo porque la escuela es, por definición, mandato y naturaleza, el espacio del encuentro con lo diverso, con lo distinto, con la otredad, con aquello que nos desafía.

Este nuevo escenario nos plantea una pérdida de la escucha activa: nuestros alumnos llegan al aula acostumbrados a la gratificación instantánea de “su” verdad, la que les muestra el algoritmo. Y entonces les cuesta sostener un diálogo con quien no valida o acepta su postura.

Otra situación que se presenta es la constante polarización en el aula: los conflictos escolares ya no son solo territoriales o vinculares, sino ideológicos y alimentados por narrativas digitales extremas, y muchas veces incluyen discursos de odio.

Y podemos mencionar también entre las consecuencias, la erosión del pensamiento crítico: el sesgo de confirmación hace que el estudiante acepte como verdad cualquier dato que encaje en su burbuja, sin verificar fuentes. Y aquí hay un gran trabajo y desafío para nosotros, educadores de este tiempo, que buscamos formar y fortalecer este tipo de pensamiento (el crítico) en nuestros estudiantes.

Ahora bien, entonces, ¿qué podemos hacer desde nuestro rol de educadores o desde la Gestión Educativa?

Como directivos y docentes, el desafío es convertir la escuela en un “rompe-algoritmos”, en una gran trinchera contra esta avanzada.

¿Y cómo podemos lograr esto? Bien, empecemos por esto:

Pariser habla de la “curaduría algorítmica” frente a la “curaduría humana”. Nosotros desde la educación podemos pensar en una “Curaduría de la Diversidad”. Una escuela, y aulas, que exponen a los alumnos a fuentes, autores y perspectivas que choquen deliberadamente con sus preferencias. No para convencerlos, sino para que aprendan a habitar la incomodidad de la diferencia.

También es necesario trabajar la “Alfabetización Algorítmica”, un término que no tiene un único autor o referente, sino que se presenta desde diversas fuentes y autores a medida que los algoritmos empezaron a tomar decisiones por nosotros. Para trabajar esto necesitamos enseñar cómo funcionan los sistemas de recomendación. Entender su funcionamiento, trampas o trucos es el primer paso para no ser manipulado por él. Es necesario tomar conciencia, comprender su lógica y realizar una evaluación crítica de los mismos.

Es importante también incorporar una “Pedagogía de la Pregunta”. Debemos fomentar espacios de debate donde el objetivo no sea “ganar” la discusión, sino comprender la lógica detrás del pensamiento ajeno. Volver a la escucha activa y empática hacia el otro.

Y, por último, podemos destacar que debemos fortalecer la Educación Emocional. Pero no desde la lógica de “novedad pedagógica” o descontextualizada, como denuncia Chackiel: “un intento de despolitizar la escuela, desarticular su capacidad de formar ciudadanías críticas y reducir la complejidad de los vínculos humanos a una lógica de autocontrol individual”. Sino desde una mirada totalmente humana en dónde se trabaje la empatía cognitiva (entender qué piensa el otro) y la afectiva (sentir con el otro) como habilidades para la vida en comunidad y en la alteridad.

Tenemos un gran desafío por delante, pero también muchas herramientas para abordarlo, por eso la escuela sigue siendo imprescindible.

La escuela no es un espejo, si el algoritmo nos muestra lo que somos (o lo que creemos o pretendemos ser), la escuela debe mostrarnos y enseñarnos a convivir con lo que no somos o no queremos ser.

Referencias Bibliográficas

  • Chackiel, R. (2025). Decisiones docentes para enseñar sin miedo. Infancias que incomodan. La autoridad se pone a prueba. Buenos Aires: Editorial Centro de Publicaciones Educativas y Material Didáctico, NOVEDUC.
  • Han, B-C. (2017). La expulsión de lo distinto. Madrid: Herder Editorial.
  • Hirose, A. / Hootsuite. (2025). Digital 2025: Global Overview Report. Recuperado de https://blog.hootsuite.com/es/125-estadisticas-de-redes-sociales/
  • Observatorio Universitario de la Ciudad – Universidad FASTA. (2025). Informe sobre el consumo de redes sociales en Argentina 2025. Mar del Plata: Universidad FASTA. Recuperado de https://www.ufasta.edu.ar/noticias/
  • Pariser, E. (2011). The Filter Bubble: What the Internet Is Hiding from You. Nueva York: Penguin Press. [Edición en español: El filtro burbuja. Taurus].
  • Pariser, E. (2011). Beware online “filter bubbles” [Video]. TED Conferences. Recuperado de https://www.ted.com/talks/eli_pariser_beware_online_filter_bubbles
  • UNICEF Argentina. (2025). Resumen Ejecutivo: Niñas, niños y adolescentes conectados. Kids Online Argentina. Buenos Aires: UNICEF. Recuperado de https://www.unicef.org/argentina/

Hola 👋
Un placer conocerte.

Regístrate gratis para recibir toda la información sobre eventos educativos, cursos, noticias y recursos para educadores.

¡No enviamos spam! Lee nuestra política de privacidad para más información.

Mostrar más

Víctor Daniel Vallejo

Director Colegio Secundario N° 5168 – General Güemes – Salta y Anexo Cobos - Tutor Virtual Programa Hemisféricos de la OEA - Maestría en Alta Dirección de Centros Escolares - Licenciado en Gestión Educativa - Miembro de REDIE - Profesor en Economía - Becario Fulbright - Premio TOYP “Joven Sobresaliente de la provincia de Salta” - Miembro del Parlamento Mundial de Educación - Top Five Mejores Educadores de Argentina – Fundación Varkey Argentina

Deja un comentario

Botón volver arriba