Comunicación en familia: “Los niños no necesitan padres perfectos, necesitan padres presentes”
La calidad de la comunicación en casa es hoy uno de los principales factores de protección emocional en la infancia y preadolescencia

Vivimos en un mundo acelerado, con agendas saturadas y una exposición constante a pantallas desde edades cada vez más tempranas. En este contexto, la comunicación en familia se ha vuelto más escasa y, en muchos casos, más superficial. Padres e hijos conviven más tiempo bajo el mismo techo, pero comparten menos espacios reales de diálogo, algo que empieza a tener consecuencias visibles en el desarrollo emocional de los niños.
Los expertos advierten de que esta combinación puede adelantar etapas evolutivas, exponer a los menores a estímulos para los que no siempre están preparados y empobrecer la comunicación emocional justo en las edades en las que más necesaria resulta.
“No es una cuestión de cantidad, sino de calidad”, explica Natalia Barcáiztegui, experta en comunicación familiar, durante una charla dirigida a padres de alumnos de infantil y primaria en Highlands School Sevilla. “No se trata de hablar constantemente con los hijos, sino de crear espacios de conversación reales, sin prisas ni distracciones, en los que puedan expresarse con confianza y sentirse verdaderamente escuchados”.
Desde su experiencia Barcáiztegui señala algunas claves sencillas que, aplicadas con constancia, ayudan a mejorar la comunicación en casa:
- Presencia real: establecer momentos de encuentro sin móviles ni pantallas, en los que tanto el adulto como el niño estén disponibles de forma plena, no solo física. “Los niños no necesitan padres perfectos, necesitan padres presentes” apunta.
- Escucha activa: permitir que los niños se expresen sin interrupciones ni correcciones inmediatas, mostrando interés genuino por lo que cuentan. En este sentido, hablar a través del juego facilita que los niños se expresen con mayor libertad y naturalidad. Cada conversación refuerza el vínculo, pero un vínculo sin límites genera inseguridad, mientras que los límites sin vínculo generan miedo.
- Lenguaje adaptado: adaptar el discurso y las expectativas al nivel madurativo del niño, evitando tanto la sobreexplicación como la exigencia excesiva. El uso de cuentos como puente emocional permite abordar temas complejos a través de personajes, facilitando la comprensión y la expresión emocional.
- Rutinas de diálogo: crear pequeños hábitos diarios de diálogo, en las comidas o al finalizar el día, que permita a nuestros hijos compartir emociones o preocupaciones. La experta recomienda implementar “la rutina de los 10 minutos”, dedicando cada día un espacio de conversación plena y exclusiva con cada hijo.
- Validación emocional: reconocer y poner nombre a las emociones de los hijos, aunque no siempre se compartan sus reacciones, y acompañarlos sin juzgar. Es importante que los niños no sientan que solo hablamos para corregir. Validar emocionalmente no significa dar la razón en todo, sino reconocer lo que el niño siente con frases como “Entiendo lo que te pasa, es normal”
- Coherencia entre mensaje y ejemplo: los niños aprenden más de cómo se comunican los adultos entre sí que de lo que se les dice explícitamente. Es vital que exista una buena colaboración entre los adultos que forman parte del entorno del menor. Dinámicas familiares como la caja de caricias refuerzan la autoestima y el reconocimiento emocional: a cada miembro de la familia se le asigna una tarjeta y cada noche durante una semana se escribe una palabra de aprecio en las tarjetas de los demás. Esto fomenta un clima de afecto y seguridad.
Especialistas en educación coinciden en que trabajar la comunicación de manera consciente desde la infancia actúa como un factor protector ante conflictos futuros y facilita una mejor gestión emocional en etapas posteriores, especialmente en una adolescencia que tiende a adelantarse en un entorno cada vez más complejo.
Estas claves forman parte de la charla impartida por Barcáiztegui, en Highlands School Sevilla, enmarcada dentro de la iniciativa formativa para familias que el centro desarrolla a lo largo del curso, y en la que se abordaba cómo trabajar de manera consciente y sostenida la comunicación en familia, como base del desarrollo personal y emocional de los menores.
“Desde los centros educativos tenemos la responsabilidad de acompañar a las familias, ofreciendo herramientas, como nuestra Escuela de Padres, que refuercen la comunicación en casa, especialmente ante este tipo de retos educativos.” señala Yvonne Gonzáles responsable del Departamento de Orientación.
Los expertos insisten en que la capacidad de comunicarse emocionalmente no surge de manera espontánea en la adolescencia, sino que se construye desde la primera infancia. “Los niños que aprenden a expresarse desde pequeños son más capaces de pedir ayuda, comunicarse y gestionar sus emociones en etapas posteriores.”
En un mundo que avanza cada vez más rápido, aprender a comunicarse mejor en casa sigue siendo una de las herramientas más valiosas para acompañar a nuestros hijos en su crecimiento.






