Costa Rica

Costa Rica redefine la gobernanza escolar para 2026: Restricción de móviles, seguridad y nuevos estándares de evaluación

El Ministerio de Educación Pública implementa el protocolo de "Desconexión para el Aprendizaje", desafiando a los directivos a equilibrar la seguridad institucional, la salud mental y el rigor pedagógico en las aulas.

El 5 de febrero de 2026, el Ministerio de Educación Pública (MEP) de Costa Rica oficializó una serie de directrices que reconfiguran la operatividad diaria de los centros educativos públicos y privados del país. La normativa, lejos de ser una simple actualización administrativa, responde a una crisis global de atención y convivencia que ha permeado las aulas en la última década. Para la gestión educativa en Latinoamérica, el caso costarricense —históricamente un referente en la adopción temprana de tecnología educativa— se convierte hoy en un laboratorio de «retorno a lo esencial», priorizando la interacción humana y la seguridad física sobre la hiperconexión digital.

El paradigma de la «Desconexión para el aprendizaje»

La medida más mediática y de mayor impacto operativo es la Directriz 001-2026-MEP, que establece el protocolo de restricción de dispositivos móviles. Sin embargo, desde una lectura de gestión, es crucial no simplificar esto como una «prohibición». El MEP ha optado por un enfoque de regulación de espacios, definiendo el aula como una «Zona de Silencio Digital».

Esta política se alinea con tendencias observadas en sistemas educativos de Francia, el Reino Unido y ciertos estados de Brasil, donde la evidencia ha demostrado una correlación directa entre el uso irrestricto de smartphones y el descenso en el rendimiento académico, sumado a un aumento exponencial del ciberacoso in situ.

Para el directivo escolar, la implementación de esta directriz supone el despliegue de una logística de custodia que no existía anteriormente. El protocolo ofrece tres modalidades: custodia en aula (casilleros), custodia personal (modo avión en mochila) y, para contextos de alta conflictividad, el uso de bolsas de bloqueo magnético.

La elección de la modalidad no es trivial; recae sobre la autonomía del centro y su Consejo Directivo. Esto obliga a los líderes escolares a evaluar su infraestructura, su clima escolar y, sobre todo, su capacidad de fiscalización. La gestión de estas «zonas libres de pantallas» busca reducir los picos de dopamina asociados al scroll infinito, devolviendo al estudiante al «aquí y ahora» del proceso de aprendizaje.

Gestión de la responsabilidad civil y convivencia

Uno de los puntos más estratégicos de la nueva normativa es el blindaje jurídico que ofrece a las instituciones. Al estipular claramente que la institución no se hace responsable por daños o pérdidas de dispositivos que incumplan la norma de custodia, el MEP alivia una carga histórica sobre las direcciones escolares, que a menudo se veían envueltas en conflictos con familias por teléfonos extraviados o dañados.

No obstante, el desafío de convivencia persiste. La directriz clasifica las faltas en una matriz de gravedad progresiva. El uso no autorizado se considera una falta leve, pero la reincidencia o el uso del dispositivo para grabar conflictos o realizar fraude académico escala a falta grave. Aquí, el director debe ejercer un liderazgo firme pero pedagógico: la sanción no es el fin, sino la corrección de la conducta.

El protocolo también aborda una dimensión crítica: la presión de los padres. Gran parte de la distracción en el aula proviene de la comunicación constante familia-estudiante durante la jornada. Los directivos deberán liderar una campaña de comunicación asertiva, educando a las familias sobre la importancia de respetar los tiempos de desconexión de sus hijos, un cambio cultural que puede generar fricción inicial.

Pedagogía intencional: El rol del docente

Es fundamental destacar que la tecnología no desaparece del aula; se disciplina. La normativa permite el uso de dispositivos si y solo si existe una autorización explícita del docente para una actividad curricular planificada.

Esto eleva la vara para la gestión pedagógica. El director debe supervisar que el uso del móvil, cuando ocurra, esté justificado en el planeamiento didáctico semanal. Se pasa de un uso por defecto (el celular como herramienta pasiva o distractora) a un uso por diseño (el celular como herramienta activa de recolección de datos, realidad aumentada o creación de contenido). Esta distinción requiere que los coordinadores académicos acompañen a los docentes en el diseño de experiencias de aprendizaje donde la tecnología aporte valor real, evitando que la prohibición se convierta en un obstáculo para la innovación educativa genuina.

Seguridad institucional y macroevaluación

Paralelamente a la regulación digital, el MEP ha reforzado los protocolos de seguridad física mediante la revisión de pertenencias. En un contexto regional donde la violencia escolar es una preocupación creciente, esta medida otorga facultades a los centros para realizar inspecciones fundamentadas en el bienestar colectivo. Para la gestión, esto implica establecer protocolos de actuación transparentes y respetuosos de los derechos del menor, evitando que la escuela se perciba como un entorno carcelario, sino como un entorno protegido.

Finalmente, la introducción de un nuevo sistema de macroevaluación técnica para 2026 señala un interés por elevar el rigor académico. Los directivos deberán alinear sus Planes de Mejora Continua con estos nuevos estándares, asegurando que la «desconexión» en el aula se traduzca efectivamente en mejores indicadores de aprendizaje y comprensión lectora, áreas que se han visto resentidas en la era de la distracción digital.

Hacia una escuela de la atención

Las directrices del MEP para 2026 representan un modelo de gestión que prioriza la salud mental y la eficacia cognitiva. Para los líderes educativos en Costa Rica, y para los observadores en el resto de Iberoamérica, el éxito de estas medidas no dependerá del rigor del castigo, sino de la capacidad de la escuela para ofrecer alternativas estimulantes a la pantalla. El reto es gestionar el vacío que deja el celular con interacción de calidad, debate, movimiento y profundidad académica. Es, en esencia, una oportunidad para recuperar la soberanía de la escuela sobre la atención del estudiante.

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