El fin de la era «un niño, una tablet»: Madrid impone el modelo de dispositivo colectivo en las aulas
La Comunidad de Madrid consolida su estrategia de "Pantallas Cero" en Educación Infantil y Primaria, prohibiendo el uso individual de dispositivos y estableciendo una moratoria hasta agosto de 2026 para que los centros adapten sus proyectos pedagógicos al nuevo marco de "higiene digital".
En un giro drástico respecto a las políticas de digitalización intensiva que marcaron la última década, la Comunidad de Madrid se ha posicionado como el referente del denominado «giro analógico» en el sistema educativo español. Mediante una reciente normativa autonómica, el Ejecutivo regional ha formalizado la eliminación del uso individual de dispositivos digitales (tabletas y ordenadores personales) en las etapas de Educación Infantil y Primaria, sustituyéndolos por un modelo de uso «colectivo y estrictamente supervisado».
La medida, que responde a una creciente preocupación por el impacto de la tecnología en el desarrollo neurocognitivo de los menores, marca el inicio de una transición que obliga a los centros educativos a rediseñar sus dinámicas de aula antes del inicio del curso 2026-2027.
El modelo de uso colectivo: pedagogía frente a digitalización
La nueva normativa no implica una desaparición total de la tecnología, sino un cambio radical en su gestión. El modelo de «dispositivo individual» (o programa 1:1), donde cada alumno disponía de su propio chromebook o tableta, será reemplazado por equipos de uso compartido en proyectos específicos. Según fuentes de la Consejería de Educación, el objetivo es que la tecnología recupere su función de herramienta puntual y deje de ser el eje vertebrador de la jornada escolar.
Para los centros que ya contaban con una infraestructura digital consolidada o proyectos de digitalización avanzada, la administración ha otorgado una moratoria que finaliza en agosto de 2026. Este plazo busca permitir una transición ordenada para que los equipos directivos puedan readaptar sus metodologías y recursos didácticos hacia materiales físicos y dinámicas de interacción humana directa.
Salud y aprendizaje: los fundamentos del cambio
El respaldo a esta decisión se fundamenta en criterios de «higiene digital» y en el enfoque internacional One Health. La evidencia acumulada en los últimos años vincula el exceso de tiempo frente a pantallas individuales con el incremento de casos de miopía infantil, problemas de atención y una disminución en la capacidad de lectoescritura profunda.
Al limitar el uso de dispositivos a contextos colectivos, la normativa busca:
- Fomentar la socialización: Priorizar el debate y la colaboración cara a cara.
- Reducir la fatiga visual: Mitigar los efectos del sedentarismo digital y la sobreexposición lumínica.
- Recuperar procesos cognitivos analógicos: Fortalecer la motricidad fina y la concentración sostenida sin las distracciones inherentes a los entornos multitarea.
Tendencia en España y repercusión internacional
Madrid no está sola en este proceso. Otras comunidades autónomas como Galicia y Castilla-La Mancha ya han reforzado vetos similares, lo que confirma una tendencia nacional —y con ecos en diversos países de Latinoamérica— hacia la desdigitalización temprana. Este movimiento cuestiona el dogma del «progreso tecnológico lineal» en educación, sugiriendo que la calidad pedagógica en edades tempranas podría estar más ligada a la presencialidad y lo tangible que a la conectividad constante.
El impacto de esta medida trasciende las aulas y alcanza al sector empresarial. Las compañías de EdTech y proveedores de dispositivos se encuentran ante la necesidad urgente de reformular sus modelos de negocio, pasando de la venta de hardware masivo a la creación de soluciones que se integren en este nuevo paradigma de uso compartido y responsable.
El escenario que plantea Madrid obliga a los directivos y coordinadores TIC a reflexionar sobre la eficiencia real de la tecnología en el aula. El reto para 2026 no será cómo digitalizar más, sino cómo digitalizar mejor, garantizando que la tecnología no sustituya las competencias básicas ni comprometa el bienestar integral del alumnado. La «era de la tablet» parece ceder su lugar a una era de equilibrio digital, donde el docente vuelve a ser el centro de la mediación pedagógica.






