La organización como unidad conversacional
Planeamiento Estratégico y Comunicación III
En la entrega anterior, desde CNG Consultora Educativa nos centramos en la misión y la visión institucional como aquello “común” que ha de constituirse en el núcleo comunicacional de la organización.
Para este capítulo, la invitación es a “elevar la mirada” y mirar a nuestra escuela en un día común. ¿Qué podríamos observar?
Más allá de las singularidades, seguramente podríamos coincidir en que las muchas imágenes que se nos presentan muestran un elemento común: un encuentro de personas conversando.
Si consideramos a una conversación como el intercambio y encuentro entre personas a través de algún medio de comunicación (natural o artificial), podemos afirmar que conversan los directivos en la formación de la mañana, en el café compartido con el equipo de gestión y con los docentes en sala de profesores; conversan los profesores en el aula con sus alumnos, en la sala de profesores, en el chat de WhatsApp y en los pasillos; conversan los alumnos en el aula, en el recreo y en las redes; conversan los padres en el “chat de mamis” y en los mails de la mañana; conversa el personal de administración, conversa también el personal auxiliar en sus tareas…
Como vemos, una institución educativa se constituye, sin duda, en una UNIDAD CONVERSACIONAL de la que la comunicación efectiva no puede estar ausente.
Aquí proponemos una mirada diferente. Vamos a ver a la organización como un conjunto de personas conversando. Para que un proceso sea efectivo, deben ser efectivas las conversaciones entre las personas que lo componen. Vamos a ver a la compañía como un fenómeno lingüístico que depende de la capacidad de las personas de mantener determinados tipos de comunicación (Sanjurjo, 2015, p.77).
Desde los equipos que tiene a bajo su responsabilidad el Planeamiento Estratégico, esta consideración comunicacional es de vital importancia en la gestión del plan.
Entendiendo gestión como “el proceso de intervenciones desde la autoridad de gobierno para que “las cosas sucedan” de determinada manera y sobre la base de propósitos ex ante y ex post” (Blejmar, 2009, p.23), podemos afirmar que la gestión de la comunicación incide de manera sustancial en el logro de los objetivos institucionales: “en las organizaciones todo comunica; y gestionando esa variable se logra mejorar la eficiencia del servicio, reducir los niveles de riesgo y crisis e influir en las percepciones de los demás” (Caldarola y Camusso, 2018, p.10).
Ernesto Gore, prologando el libro de Blejmar, nos aclara el concepto de “conversaciones” en el marco de una institución, previendo acerca de la aparente oposición entre conversación y acción. El catedrático aclara y profundiza, afirmando que “el lenguaje es una forma de acción” (Blejmar, 2009).
Para Gore, gestionar implica comunicar afirmaciones que permitan “poner a la gente a conversar” (Blejmar, 2009) de modo tal de lograr una forma de trabajo conjunta a partir de las relaciones (interacciones) entre cada uno de los actores institucionales.
Comunicación y cultura institucional
La institución educativa posee y genera, a su vez, una cultura como organización que la define y diferencia. Siguiendo a los autores, definiremos cultura organizacional como “el conjunto común de creencias, pensamientos, sentimientos y emociones (todo invisible) cuyo resultado es visible: comportamientos que identifican al grupo” (Caldarola y Camusso, 2018, p.35). La cultura se constituye, entonces, en el ámbito donde ocurre la comunicación.
Caracterizando el concepto, los mismos autores señalan su primacía con respecto a la propia estrategia y la capacidad de la cultura para potenciar u obstaculizar el logro de los resultados. Esta capacidad constructiva o destructiva de la cultura la convierte en un elemento estratégico a considerar en la elaboración de cualquier plan.
Aumentando la intensidad de la afirmación acerca de la RELEVANCIA DE LA CULTURA INSTITUCIONAL, Bernardo Blejmar, introduce la afirmación de Edgar Schein acerca de la relación de esta con el liderazgo:
De hecho, existe la posibilidad -poco considerada en la investigación sobre el liderazgo- de que lo único realmente importante que hacen los líderes sea la creación y conducción de la cultura y que el único talento de los líderes esté dado por su habilidad para trabajar con la cultura (Schein, 1985).
Comunicación y reputación
Dada la “imposibilidad” de no comunicar en los diversos ámbitos de una organización (cultura) y la sobredimensión de los aspectos emotivos de las “audiencias”, lograr una comunicación “estratégica” permite influenciar en las emociones de los stakeholders de modo tal de “moldear” sus percepciones para arribar al logro de los objetivos propuestos en el plan estratégico. LA VALORACIÓN (REPUTACIÓN) QUE LOS DESTINATARIOS Y PROTAGONISTAS OTORGUEN AL COLEGIO y, en este caso, a las propuestas de mejora expresadas en el plan estratégico permitirá que sus acciones se tornen como “constructoras” o “destructoras, es decir, facilitarán u obstaculizarán el éxito del plan.
En esta línea, es pertinente entonces considerar el concepto de “reputación” definido como:
…el conjunto de evaluaciones colectivas (juicios y valoraciones) que suscita la organización en sus grupos de interés, que además de motivar en ellos conductas de admiración, confianza y respeto, les predispone favorablemente para desencadenar comportamientos de valor como comprar o contratar sus productos, invertir, atraer y retener talento, otorgarle el beneficio de la duda en caso de crisis, recibir un mejor trato por parte de los reguladores, hablar bien de ella en las redes sociales, recomendarla a amigos y familiares (Caldarola y Camusso, 2018, p.26).
Dentro del ámbito educativo señalan que “la reputación no reside en la institución; está en la mente de los stakeholders; es lo que dicen, piensan y sienten los demás acerca del colegio” (Caldarola y Camusso, 2018, p.25).
Esta percepción (reputación) puede ser influida y modificada según la transmisión de los valores organizacionales, tal como indica Monfort al utilizar el concepto de “transpirar” dichos valores (Monfort, 2017). Esa transpiración se logra a partir de una comunicación “clara, estructurada y simple de lo que se quiere lograr” (Monfort, 2017)
Avanzamos así unos pasos más en la profundización del concepto de comunicación efectiva: se trata de la comunicación que tiene “en común” los elementos esenciales de la Misión y Visión Institucional, que opera en la unidad conversacional que es la organización y moldea la cultura de la escuela mientras forja su reputación.
REFERENCIAS
- Blejmar, B. (2009). Gestionar es hacer que las cosas sucedan (1 ed.). Buenos Aires, Argentina: Centro de publicaciones educativas y material didáctico S.R.L. NOVEDUC.
- Caldarola, C., & Camusso, F. (2018). Branding educativo. Cómo crear valor gestionando la marca-colegio. Rosario: Ediciones Logos.
- Monfort, N. (2017). Próxima parada: de la evolución a la acción. Rosario: Ediciones Logos.
- Sanjurjo, A. F. (2015). Sentido de líder: claves y herramientas para construir un liderazgo de excelencia. (2da ed.). CABA: s/d.
- Schein, E. (1985). La cultura empresarial y el liderazgo. Barcelona: Plaza & Janes.

