La propensión al riesgo, no la motivación, define la intención emprendedora en la educación técnica
Un estudio con estudiantes chilenos de educación media revela que los modelos tradicionales de enseñanza del emprendimiento podrían estar desenfocados al ignorar el perfil de riesgo moderado en adolescentes.
El dilema de enseñar a emprender antes de la universidad
En la agenda educativa de Iberoamérica, el fomento del emprendimiento en la educación secundaria se ha convertido en una prioridad estratégica para mejorar la empleabilidad juvenil. Sin embargo, una pregunta crítica ronda los despachos de dirección y las unidades de gestión pedagógica: ¿estamos utilizando los incentivos correctos para despertar la vocación emprendedora en los adolescentes?
Una investigación reciente titulada Factors Affecting Entrepreneurial Intention: a Study of Secondary Technical-Professional Education Students in Chile, publicada en la Revista Escuela de Administración de Negocios, arroja luz sobre esta interrogante con resultados contraintuitivos. El estudio, liderado por Jorge Antonio Torres-Ortega, sugiere que los modelos teóricos diseñados para adultos o universitarios no funcionan cuando se aplican a estudiantes de educación media técnica.
La investigación se centró en evaluar la intención emprendedora en estudiantes de entre 16 y 18 años pertenecientes a la Educación Media Técnico-Profesional (EMTP) en Chile, un segmento crítico que se encuentra a las puertas del mercado laboral. A diferencia de otros estudios que se basan en meras declaraciones de interés, este trabajo midió la intención real a través de la participación en un concurso voluntario de emprendimiento tras cursar la asignatura de «Emprendimiento y Empleabilidad».
El hallazgo disruptivo: la gestión del riesgo sobre la motivación
El estudio se basó en el Modelo del Potencial Emprendedor, que tradicionalmente asume que tres factores impulsan la intención de emprender: que el estudiante crea que es posible (factibilidad percibida), que quiera hacerlo (deseabilidad percibida) y que tenga una personalidad proactiva (propensión a actuar).
Sin embargo, los resultados del análisis de regresión logística aplicado a la muestra revelaron una desconexión sorprendente. El estudio no observó ninguna asociación estadística entre la factibilidad percibida —es decir, la autoeficacia o las habilidades percibidas— y la intención real de emprender. Del mismo modo, tampoco se encontró relación entre la deseabilidad percibida del emprendimiento y la acción de emprender, ni entre la propensión a actuar y la intención final de los estudiantes.
¿Qué factor moviliza entonces a los adolescentes? La respuesta reside en la propensión al riesgo. Los datos mostraron que los estudiantes con una propensión al riesgo moderada son los más propensos a mostrar una intención emprendedora real.
Este hallazgo tiene profundas implicancias para la gestión educativa. Sugiere que los programas escolares que se centran excesivamente en «motivar» (aumentar la deseabilidad) o en capacitar técnicamente para «hacerlo posible» (aumentar la factibilidad) podrían estar fallando en su objetivo si no abordan cómo los estudiantes perciben y gestionan la incertidumbre.
La brecha generacional: los adolescentes no son adultos en miniatura
La investigación destaca que la mayoría de la literatura previa se ha basado en estudiantes universitarios, cuyos procesos cognitivos y experiencias vitales difieren de los alumnos de secundaria. Para un estudiante escolar, que a menudo carece de responsabilidades financieras mayores o experiencia laboral previa, la percepción de lo que es «factible» o «deseable» puede ser difusa o estar basada en idealizaciones románticas que no se traducen en acción.
El estudio argumenta que la falta de asociación encontrada podría deberse a discrepancias esenciales entre los estudiantes de formación técnica escolar y los universitarios. Por ejemplo, los alumnos más jóvenes podrían tener una idea «romántica» del control sobre su entorno, lo que, combinado con una falta de conciencia sobre las consecuencias reales del fracaso económico, altera la forma en que procesan la decisión de emprender.
Adicionalmente, se encontró una correlación negativa entre el grado escolar y la intención emprendedora: los estudiantes de tercer año medio (16-17 años) mostraron mayor intención que los de cuarto año (17-18 años). Esto podría indicar que, a medida que los estudiantes se acercan al egreso y a la realidad del mercado laboral, su pragmatismo aumenta y su disposición a asumir riesgos emprendedores disminuye, o bien, que existen efectos de cohorte curricular que los gestores deben monitorear.
Implicancias para el liderazgo y el currículo escolar
Para los líderes de instituciones educativas en Latinoamérica y España, estos resultados obligan a una revisión de las estrategias de enseñanza del emprendimiento. Si el perfil del emprendedor escolar se define por una propensión moderada al riesgo, el currículo no debería enfocarse únicamente en generar planes de negocio o en charlas motivacionales.
La gestión pedagógica debe incorporar espacios controlados donde los estudiantes puedan experimentar el riesgo y la incertidumbre de manera moderada. El estudio valida la noción de que los emprendedores exitosos no son apostadores temerarios, sino gestores de riesgos calculados. Por tanto, la educación técnica debe transitar desde la mera transmisión de conocimientos empresariales hacia el desarrollo de competencias psicológicas que permitan al estudiante navegar la incertidumbre sin paralizarse.
En conclusión, importar acríticamente modelos de emprendimiento universitario a la educación secundaria es un error estratégico. Como señala el autor, es necesario abordar la intención emprendedora adolescente como un fenómeno con características propias. Los directivos tienen el desafío de diseñar ecosistemas escolares que no solo enseñen a emprender, sino que moldeen una relación saludable y realista con el riesgo.
Sugerencias para profundizar el tema
Esta sección ofrece líneas de acción y reflexión estratégica para equipos directivos y responsables de políticas educativas, separadas del análisis principal:
- Revisión del currículo de «Emprendimiento»: ¿Sus programas actuales se centran solo en la mecánica de crear una empresa (factibilidad) o enseñan a gestionar la incertidumbre? Considere incorporar simulaciones que premien la gestión de riesgos moderados más que el éxito financiero teórico.
- Diferenciación por edad: Dado que los estudiantes más jóvenes mostraron mayor intención que los que estaban por graduarse, ¿deberían las intervenciones de emprendimiento ser más intensivas en los primeros años de la educación media, antes de que la presión del egreso fomente una aversión al riesgo?
- Gamificación del riesgo: Explore herramientas pedagógicas que permitan a los estudiantes «perder» en entornos seguros. Aprender a calibrar el riesgo (ni aversión total ni temeridad) parece ser la competencia clave a desarrollar.
- Investigación interna: Replique encuestas breves en su institución para medir la propensión al riesgo de sus alumnos. Entender el perfil psicológico de su matrícula puede ayudar a personalizar los itinerarios de formación técnica.
Referencia bibliográfica
Torres-Ortega, J. A. (2022). Factors Affecting Entrepreneurial Intention: a Study of Secondary Technical-Professional Education Students in Chile. Revista Escuela de Administración de Negocios, (92). https://doi.org/10.21158/01208160.n92.2022.3257


