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Derecho a la educación

Las llaves del derecho a la educación: cómo abrir la puerta de los derechos humanos en la escuela

Las cuatro A's de la educación: Un enfoque práctico para garantizar un derecho fundamental

Un poco de contexto

En los discursos educativos contemporáneos, es común escuchar que la educación es un derecho humano fundamental, reconocido por tratados internacionales y protegido por legislaciones nacionales. Sin embargo, para lograr una pedagogía que traduzca estos derechos a las acciones cotidianas de los entornos escolares, es indispensable analizar qué significa esto en términos concretos para las escuelas, los docentes, los estudiantes y las políticas públicas. ¿Qué implica, en la práctica, que la educación sea un derecho? ¿Cómo podemos saber si ese derecho se está cumpliendo efectivamente? ¿Cuáles son los criterios que deberían guiar las decisiones educativas para que estén verdaderamente alineadas con un enfoque de derechos humanos?

A comienzos del siglo XXI, la abogada croata y relatora especial de Naciones Unidas para el derecho a la educación, Katarina Tomasevski, propuso un marco conceptual que traduce ese derecho en dimensiones operativas: las Cuatro A’s. Su enfoque busca cerrar la brecha entre la proclamación abstracta del derecho a la educación y su puesta en práctica efectiva en los sistemas educativos. Más que una formulación teórica, estas cuatro dimensiones Disponibilidad (Availability), Accesibilidad (Accessibility), Aceptabilidad (Acceptability) y Adaptabilidad (Adaptability permiten evaluar, planificar y transformar políticas y prácticas educativas con una perspectiva de justicia social y equidad.

En este artículo presentamos el enfoque de las Cuatro A’s, propuesto por Tomasevsky, resaltando su relevancia para educadores, directivos, formuladores de política y comunidades escolares. En un contexto como el latinoamericano donde a menudo las brechas sociales, territoriales y culturales limitan el acceso pleno a la educación, contar con un marco de análisis es fundamental para avanzar hacia sistemas más inclusivos, equitativos y coherentes con los compromisos internacionales. Hablar del derecho a la educación debe ir más allá de la consigna: implica una transformación profunda de nuestras acciones cotidianas dentro y fuera de las escuelas.

Garantizar el derecho a la educación va más allá de proclamarlo

Cuando hablamos del derecho a la educación, solemos referirnos a un ideal universal, incuestionable y profundamente arraigado en nuestras declaraciones de principios. Para nuestro pesar, sin embargo, pocas veces pensamos qué significa, en la práctica, garantizar ese derecho. ¿Es suficiente con abrir escuelas? ¿Basta con promulgar leyes educativas? Tomasevski, nos recordó que garantizar este derecho implica mucho más que proclamarlo. Propuso un marco con cuatro dimensiones fundamentales, conocidas como las Cuatro A’s, que orientan el diseño de políticas públicas y acciones educativas concretas para cumplir efectivamente con el derecho humano a la educación.

Las Cuatro A’s constituyen una guía para transformar declaraciones abstractas en criterios evaluables para las políticas educativas. No se trata de aspiraciones, sino de condiciones mínimas que los Estados deben garantizar en su sistema educativo. Estas dimensiones permiten a docentes, directivos, autoridades y comunidades educativas tener una GPS claro: si una acción escolar no contribuye a que la educación sea disponible, accesible, aceptable y adaptable, está fallando en su misión de garantizar derechos.

La primera A: Disponibilidad hace referencia a que debe haber suficientes instituciones educativas y recursos para cubrir las necesidades de la población. Esto incluye escuelas, maestros capacitados, materiales de enseñanza, infraestructura segura y condiciones sanitarias. Un país no puede decir que garantiza el derecho a la educación si, por ejemplo, existen regiones rurales donde los niños deben caminar horas para llegar a una escuela o si hay aulas sin docentes durante meses. Este principio exige inversión y planeación estatal.

La segunda A: Accesibilidad implica que la educación debe estar al alcance de todos, sin discriminación. Esto incluye tres niveles: la no discriminación por razones de género, discapacidad, lengua o situación económica; la accesibilidad física (ubicación de las escuelas) y la accesibilidad económica, lo que supone la gratuidad de la enseñanza básica. Muchos sistemas educativos fallan aquí al mantener costos como uniformes, transporte o materiales, que excluyen a los sectores más vulnerables.

La tercera A: Aceptabilidad se refiere a la calidad y pertinencia de la educación. El contenido curricular, los métodos pedagógicos y las condiciones del entorno deben ser culturalmente apropiados, seguros y respetuosos de los derechos de los estudiantes. Aquí, lo(a)s docentes juegan un papel crucial; sus prácticas diarias deben reflejar principios de dignidad, inclusión y diálogo. Si la escuela perpetúa estereotipos o impone saberes desde una perspectiva homogénea y excluyente, se está atentando contra la aceptabilidad de la educación.

La cuarta A: Adaptabilidad reconoce que la educación debe ser flexible para ajustarse a las diversas realidades y contextos del estudiantado. Como sabemos, no todo(a)s aprenden igual, ni enfrentan las mismas barreras. Las escuelas deben adaptarse a estudiantes con discapacidad, a contextos indígenas o rurales, a jóvenes en situaciones de movilidad o conflicto. Esto también implica revisar y transformar las estrategias cuando una política, por más bien intencionada que sea, excluye en la práctica a ciertos grupos.

El aporte de Tomasevski es especialmente relevante para América Latina, donde el discurso del derecho a la educación es común, pero, en muchos escenarios, se mantienen las brechas de desigualdad. El enfoque de las Cuatro A’s permite a los educadores reflexionar sobre sus propias prácticas y evaluarlas bajo una perspectiva de derechos humanos. Preguntas provocadoras al respecto serían: ¿Qué hacemos cuando un estudiante no asiste a clase por falta de transporte? ¿Cómo respondemos ante un currículo que no refleja la diversidad cultural de nuestros estudiantes? ¿Qué pasa cuando una política nacional no llega al aula rural o a barrios periféricos y marginados?

Los educadores como guardianes del sentido

Una crítica común a los marcos de derechos humanos es que se perciben como distantes, legales, abstractos. La propuesta de Tomasevski los vuelve concretos, operativos, y profundamente pedagógicos. Este marco nos ayuda a conectar lo macro con lo micro, es decir, las obligaciones del Estado con las acciones cotidianas de una escuela. El derecho a la educación deja de ser un enunciado y se convierte en una hoja de ruta que guía decisiones sobre formación docente, currículos, evaluaciones, financiamiento y participación comunitaria. Ir del deseo a la acción real.

Hoy, cuando los desafíos globales (migraciones, pandemias o la crisis climática, por mencionar algunos) obligan a repensar el sentido y la organización de la escuela, el enfoque de las Cuatro A’s ofrece un criterio ético y jurídico para no perder el norte. Educar con enfoque de derechos humanos es una obligación moral y legal. Reconocer esta obligación y aplicarla exige, por supuesto, voluntad, formación, sensibilidad, pero, sobre todo, coherencia.

Como educadores, no podemos transformar los sistemas solos, pero sí podemos ser guardianes del sentido. Comprender las Cuatro A’s de Tomasevski es un paso esencial para construir escuelas verdaderamente inclusivas, equitativas y humanas. El derecho a la educación no se garantiza con discursos, sino con prácticas cotidianas que lo hagan visible, tangible y efectivo.

El enfoque de las cuatro A´s en el mundo

El enfoque de las Cuatro A’s ha servido como un marco clave para evaluar y garantizar el derecho a la educación en diversos contextos globales. Este paradigma se ha utilizado como herramienta de análisis en políticas públicas, programas educativos y proyectos de cooperación internacional que posibilitan una mirada integral sobre las condiciones necesarias para garantizar una educación de calidad con enfoque de derechos humanos (Tomasevski, 2001).

Un ejemplo significativo de disponibilidad lo representa el programa “Escuelas para África”, impulsado por UNICEF y la Fundación Nelson Mandela. En países como Mozambique y Etiopía, la construcción de infraestructura escolar básica, la provisión de materiales educativos y la contratación de maestros han sido pasos clave para garantizar que la educación esté materialmente disponible, especialmente en zonas rurales y marginadas (UNICEF, 2014). Estas acciones responden directamente a la primera “A” del marco de Tomasevski, con un foco en la provisión física y recursos humanos mínimos indispensables para que exista el derecho a aprender.

En cuanto a la accesibilidad, el sistema educativo finlandés se destaca por eliminar barreras económicas, geográficas y culturales. La educación básica y secundaria es gratuita; incluye materiales, transporte escolar y alimentación, lo que reduce la desigualdad de oportunidades (Sahlberg, 2011). Asimismo, políticas de inclusión educativa en Canadá y Uruguay aseguran el ingreso y permanencia de estudiantes indígenas y en situación de discapacidad, en línea con la obligación de los Estados de garantizar un acceso sin discriminación a todos los niveles del sistema educativo.

Finalmente, la aceptabilidad y adaptabilidad se reflejan en prácticas como el currículo flexible en Nueva Zelanda, donde las escuelas pueden incorporar contenidos culturales maoríes y métodos pedagógicos propios; se fortalece la identidad y pertinencia cultural del aprendizaje (Ministry of Education, 2018). Este enfoque también se observa en Colombia, en programas como “Escuela Nueva”, que adaptan los contenidos y metodologías a contextos rurales multigrado; se promueve una educación centrada en el estudiante. Así, las últimas dos “A” aseguran que la educación sea accesible, culturalmente relevante y capaz de responder a las necesidades cambiantes de lo(a)s estudiantes.

Bibliografía y enlaces de interés:

  • Colbert, V., & Arboleda, J. (2016). Bringing a student-centered participatory pedagogy to scale in Colombia. Prospects, 46(3–4), 263–273.
  • Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU (1999). Observación General N° 13: El derecho a la educación. https://www.refworld.org/docid/47c74bfc2.html
  • Ministry of Education, New Zealand (2018). The New Zealand Curriculum. Wellington: NZ Government.
  • Naciones Unidas (1948). Declaración Universal de los Derechos Humanos, Artículo 26. https://www.un.org/es/about-us/universal-declaration-of-human-rights
  • Right to Education Initiative. (s.f.). Understanding education as a human right. https://www.right-to-education.org/issue-page/understanding-education-human-right
  • Sahlberg, P. (2011). Finnish Lessons: What Can the World Learn from Educational Change in Finland? Teachers College Press.
  • Tomasevski, K. (2001). Human Rights Obligations in Education: The 4-A Scheme. Right to Education Primers No. 3.
  • UNESCO (2021). What you need to know about the right to education. UNICEF (2014). Escuelas para África: Informe de progreso. Disponible en www.unicef.org 

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Yecid Puentes Osma

Licenciado en filología e idiomas de la Universidad Nacional de Colombia, especialista en gerencia educativa de la Universidad de San Buenaventura, y en Colegios de Calidad y Reality Therapy por el Instituto William Glasser de California. Yecid es el Director Ejecutivo de REDIE en Colombia. 48 años de experiencia como docente, coordinador, vicerrector y director de prestigiosas instituciones en Colombia y el Ecuador. Autor de artículos en revistas y memorias especializadas. Docente-tutor en Wide, la plataforma en línea del Project Zero de la Escuela de posgraduados en educación de la Universidad de Harvard. Formador de rectores en el programa Todos a Aprender del Ministerio de Educación de Colombia. Autor de Organizaciones Escolares Inteligentes, publicado por la editorial Magisterio. Pionero en las implementaciones del enfoque de Enseñanza para la Comprensión en Iberoamérica. Experto en temas relacionados con la teoría de inteligencias múltiples, Mindset, Flipped Learning, pensamiento sistémico y aprendizaje socioemocional.

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