Gestión educativa: Que las cosas buenas sucedan
La gestión educativa desde la gestión misma.
En esta oportunidad, voy a pensar la gestión educativa, desde la gestión misma.
Hace unos años atrás se me presentó la posibilidad de estar al frente, desde la dirección escolar, de una institución educativa de nivel secundario con un Colegio Sede en mi ciudad, situado en un barrio con una comunidad pujante, de gran iniciativa, pero también con realidades muy fuertes que colocan a los jóvenes muchas veces en situaciones de vulnerabilidad; y un Anexo Rural en una localidad vecina, con sus propias características vinculadas a una zona agraria, en donde asisten muchos jóvenes que son la primera generación de sus familias que aspira a terminar la educación secundaria para continuar con estudios superiores.
Mi gran pregunta fue, primeramente, si debía o no aceptar ese desafío. Las instituciones eran lugares por los que yo transitaba habitualmente y, por ende, conocía, más aún en los últimos años estuve formándome desde lo académico en cuestiones de gestión. Sin embargo las dudas e inquietudes siempre están, sobre todo cuando se presenta algo nuevo para realizar, y sabemos también que no es lo mismo gestionar un aula, que gestionar toda una institución educativa, o como en este caso, dos colegios.
No obstante, y poniendo en la balanza muchos aspectos, tanto a favor como en contra, decidí emprender el desafío, para lo cual me propuse un objetivo que me sirva como eje orientador de mi labor, y que lo di a conocer al equipo de trabajo desde el primer día de mí gestión: «vamos a trabajar, todos juntos, para que nuestro Colegio sea un lugar en dónde realmente los chicos quieran estar».
Ese fue un mensaje claro y contundente, pero que tenía por detrás muchos aspectos para considerar. Por ejemplo, desde lo Institucional surgían muchos interrogantes: ¿Cómo vamos a armonizar las diferentes dimensiones de lo escolar para que esta meta u objetivo se concrete? ¿Qué debemos hacer desde lo pedagógico? ¿ Cómo debemos abordar lo organizativo? ¿De qué manera influye lo administrativo para concretar esto? ¿Cómo podemos apoyarnos y relacionarnos con los comunidad para lograr lo que anhelamos? ¿Realmente lo podremos lograr?… Y desde la perspectiva de los estudiantes, tantos otros: ¿Por qué elegir el Colegio? ¿Qué me puede ofrecer? ¿Realmente vale la pena?
Y así fue que pusimos en marcha toda una «logística» de acciones concretas que nos permitieran trabajar con vistas a alcanzar ese horizonte, ser un Colegio deseable, en donde nuestros estudiantes desarrollen un sentido de pertenencia. Y empezamos a trabajar movidos por una pedagogía que Freire la describe como la Pedagogía de la Esperanza. Este pedagogo social consideraba que la esperanza es una necesidad ontológica, y que sin un mínimo de ella no se puede comenzar a luchar para mejorar la existencia humana. Sin embargo, también consideraba que la esperanza puede convertirse en desesperanza si no se actúa, y que es necesario educar la esperanza (Freire, 1997, p.24). Y fue así que, en medio de un contexto adverso empezamos a educarnos todos en esta cuestión de la esperanza como motor para alcanzar nuestro objetivo.
Siempre tuve presente en mi formación, sobre todo en la relacionada a la gestión, un frase de Bernardo Blejmar, a quien admiro mucho y tuve la posibilidad de conocer personalmente a través de una de sus disertaciones, que dice (y tiene un libro que lleva ese nombre) que «gestionar es hacer que las cosas sucedan» (Blejmar, 2018).
A esa frase, yo me tomé el atrevimiento, por lo menos desde mi experiencia personal, de agregarle un adjetivo, y entiendo que «gestionar es hacer que las cosas buenas sucedan». Y esto no es una ocurrencia caprichosa, sino es más bien, agregar a una definición, que puede estar orientada con mayor énfasis a aspectos técnicos de eficacia y eficiencia para la consecución de objetivos, un aspecto cualitativo que parte de, y no pierde de vista, una mirada transformadora de la Educación. Este adjetivo también incorpora una dimensión ética a nuestra tarea, no se trata de lograr solamente que las cosas ocurran, sino de orientar esos esfuerzos hacia resultados positivos, significativos y transformadores para toda la comunidad educativa, en donde se logre que todos quieran estar, y lleguen a ser partes activas de este lugar.
Es desde este lugar, que la gestión deja de ser solo un proceso técnico, burocrático, para el cual quizás nos formamos (y en buena hora de ser así), para pasar a ser una acción consciente que busca generar bienestar y mejoras significativas en diferentes ámbitos y aspectos; y que solamente se logra en el hacer y en el terreno (se aprende a gestionar, gestionando), y en el trabajo con otros, constituyendo verdaderos equipos de trabajo con un objetivo común, uno grande y movilizador.
Hoy, yo continúo en el proceso, consciente de todo lo positivo que se está logrando en nuestra institución, pero consciente también de que falta mucho por hacer y largo camino por recorrer, pero con la mirada puesta en esas cosas buenas que queremos lograr, para que realmente nuestro Colegio sea un lugar en donde todos quieran estar.





