Paul Navarro Vaca: «Ser sistémico es mejorar los procesos, ser compasivo es preocuparse por las personas»
El Director Ejecutivo de REDIE Ecuador analiza la soledad del líder escolar, desmitifica la innovación tecnológica y propone una hoja de ruta para transformar la educación en Ecuador sin necesidad de grandes presupuestos.

En el complejo ecosistema educativo ecuatoriano, donde la urgencia burocrática suele asfixiar lo pedagógico, la voz de Paul Navarro Vaca resuena con una claridad inusual. No habla desde la teoría abstracta, sino desde la trinchera. Formado rigurosamente en el campo de las ciencias —la química y la biología—, Navarro Vaca ha trasladado ese método analítico a la gestión escolar, pero inyectándole un componente que a menudo se pierde en las hojas de cálculo: la humanidad.
Como actual Director Ejecutivo de la Red de Directivos de Instituciones Educativas (REDIE) en Ecuador y experimentado evaluador de la Organización del Bachillerato Internacional (OBI), Navarro posee una visión panorámica privilegiada. Conoce de primera mano la excelencia de los colegios de élite y las carencias estructurales de la educación pública. Sin embargo, su discurso huye del pesimismo. Es un pragmático que defiende que la innovación no es una cuestión de chequera, sino de «mentalidad».
En esta entrevista exclusiva, Navarro Vaca disecciona el concepto de «Pensamiento Sistémico Compasivo», una herramienta vital para combatir la soledad del rector, y nos invita a repensar el rol del docente frente a la Inteligencia Artificial. Conversamos con él para entender por qué, para construir la escuela del futuro, a veces es necesario volver a lo básico: mirar a las personas.
1. Paul, asumiste el liderazgo ejecutivo de REDIE en un momento clave para Ecuador. Se habla mucho de la «soledad del directivo escolar». ¿Cuál es el diagnóstico que hace REDIE sobre el estado emocional y profesional de los rectores y directores en el país actualmente?
Como Director Ejecutivo de REDIE Ecuador, se ha evidenciado que actualmente, muchos rectores y directores en el país se sienten exhaustos, sobrecargados, y de manera frecuente, solos emocionalmente. Tienen que encargarse de muchas responsabilidades, afrontando mucha presión de la institución y la sociedad, con muy poco apoyo profesional y humano.
Desde REDIE, vemos a líderes muy comprometidos y con gran vocación, aunque con niveles altos de estrés, un gran desgaste emocional, y una sensación de aislamiento a gran escala. Muchos piensan que deben poder solucionar todo por su cuenta, sea pedagógico, administrativo, los conflictos y lo que demandan desde afuera.
Profesionalmente hablando, notamos líderes con experiencia y talento, pero algunas carencias en la formación continua, y en el soporte para guiar el cambio, especialmente con los nuevos tipos de educación.
Nuestro diagnóstico lo dice claro: no falta la capacidad, lo que hace falta es acompañamiento. El problema no es solo individual, es más bien un problema del sistema.
2. En tus artículos mencionas a menudo el «Pensamiento Sistémico Compasivo». Para un gestor que está ahogado en trámites administrativos y urgencias diarias, ¿cómo se traduce este concepto en una herramienta práctica de gestión? ¿Por dónde se empieza a ser «sistémico» y «compasivo» a la vez?
El Pensamiento Sistémico Compasivo, se convierte en una herramienta útil cuando el directivo deja de solamente «sofocar fuegos» y opta por dinamizar los procesos, sin descuidar a su gente.
En la gestión diaria, esto implica tres puntos clave:
- Primero, considerar antes de actuar: es importante preguntarse por qué persisten los problemas, no solo solucionarlos de manera inmediata.
- Segundo, escuchar a los colaboradores: muchísimas soluciones provienen de quienes experimentan el trabajo a diario.
- Tercero, delegar confiadamente: no sobrecargar a una sola persona con todo el trabajo.
Por lo tanto, es necesario dedicar cada semana unos pocos minutos a revisar que se repite, quien anda más agobiado y que simple cambio se puede implementar.
Ser sistémico es mejorar los procesos.
Ser compasivo es preocuparse por las personas.
Lograr ambas cosas a la vez, se traduce en un liderazgo superior y con menos agotamiento.
3. Tienes una amplia experiencia como evaluador de la Organización del Bachillerato Internacional (OBI). A menudo se cree que la innovación de alta calidad, como el IB, es exclusiva de colegios de élite. ¿Qué prácticas del modelo internacional son «exportables» a una escuela pública o de recursos limitados mañana mismo?
La excelencia del Bachillerato Internacional no se basa en el valor económico, sino que se fundamenta en la mentalidad.
Muchas prácticas del IB se podrían implementar, en cualquier momento en nuestras instituciones educativas.
En primer lugar, se debe enseñar a los alumnos a reflexionar, en lugar de solamente memorizar; emplear preguntas abiertas, debates y proyectos auténticos.
En segundo lugar, planificar en equipo, es decir, que los profesores trabajen en conjunto, intercambien ideas y se den apoyo mutuo.
En tercer lugar, evaluar para perfeccionar y no solamente para calificar, ofrecer retroalimentación para apoyar al alumno a progresar.
Y finalmente, situar al estudiante en el núcleo, escucharlo y responsabilizarlo por su aprendizaje.
Esto no exige ninguna inversión monetaria, implica compromiso visión y liderazgo y esto, sin duda alguna, está al alcance de todas las instituciones en el Ecuador y el mundo.
4. Has investigado profundamente sobre el Aprendizaje Basado en Problemas (ABP) y la taxonomía de Marzano. Sin embargo, muchos docentes sienten que estas metodologías «roban tiempo» para cubrir el currículo oficial. ¿Cómo convence un director a su claustro de que «menos es más» y de que profundizar es mejor que abarcar?
El centro del asunto no es el ABP o Marzano, no es un factor de quitar el tiempo. La verdad es que a menudo gastamos tiempo impartiendo, y el estudiante, en realidad, no aprende.
Un director que convence usa pruebas, no discursos.
Primero, debe mostrar que, si el estudiante entiende, aplica y piensa, luego, progresa con rapidez. No repetir la misma explicación.
Segundo, el director prueba que profundizar disminuye el fracaso, la desgana, y la repetición de las materias.
Tercero, apoyo al maestro, no obligarlo. Ofrecer ejemplos: planificación compartida y un apoyo auténtico en el salón.
Y finalmente, se debe recordar algo crucial: cubrir todos los temas no equivale a seguir el plan de estudios; lograr el aprendizaje, eso es lo que cuenta.
Cuando el equipo observa resultados óptimos, menos complicaciones y más participación, pierde el temor al cambio.
5. Has sido crítico con el «sistema memorístico y burocrático» que aún impera en muchas aulas. Si tuvieras que proponer tres cambios normativos urgentes al Ministerio de Educación para destrabar la innovación en las escuelas ecuatorianas, ¿cuáles serían?
Para desbloquear la innovación en Ecuador, es urgente tres cambios cruciales.
En primer lugar, disminuir la carga burocrática sobre profesores y directivos, ya que necesitamos menos reportes, formatos que se repiten con menos frecuencia, y mucho más tiempo para enseñar, apoyar.
Segundo, es imperativo reformar el sistema de evaluación, porque debemos alejarnos de los exámenes memorísticos, transformando hacia evaluaciones por proyectos, centradas en el desempeño, en las competencias reales.
Y, finalmente, asegurar una formación continua, práctica, acompañada, porque no basta de capacitaciones solamente teóricas o mentorías en el aula; un seguimiento y un apoyo concreto es lo que se requiere.
Si liberamos el tiempo, si modificamos cómo evaluamos, y brindamos mejor apoyo a los docentes, la innovación dejará de ser palabras, transformándose en una realidad tangible.
6. REDIE ha presentado recientemente los «5 Pilares para la Escuela del Futuro». De esos cinco, ¿cuál consideras que es el talón de Aquiles de la región? ¿Es la tecnología, la formación docente o la infraestructura? (https://www.redie.org/hacia-una-transformacion-educativa-redie-construye-un-nuevo-marco-de-trabajo-para-las-escuelas-del-siglo-xxi/)
El gran problema no es la tecnología, ni tampoco la infraestructura, sino, la preparación del profesorado puesta en el cambio verdadero.
Actualmente poseemos más ordenadores, más plataformas y más construcciones que antes, pero a menudo impartimos clases de la misma manera que hace dos décadas.
La tecnología sin buena enseñanza no cambia nada. La infraestructura sin nueva forma de hacer las cosas no marca una diferencia.
Lo que realmente necesitamos es capacitación constante, práctica, con ayuda y contextualizada, que colabore con el maestro a cambiar su forma de dar clases, evaluar y dirigir el salón de clases.
Al fortalecer al maestro, todo lo demás empieza a ir mejor.
7. Como hombre de ciencias (química y biología) y consultor en innovación: ¿Cómo ves la irrupción de la Inteligencia Artificial en el sistema educativo ecuatoriano? ¿Estamos preparando a los docentes para ser «arquitectos» del aprendizaje o simplemente consumidores de herramientas digitales?
La Inteligencia Artificial representa una fantástica oportunidad para la educación ecuatoriana, mas también un peligro tremendo si no actuamos con cautela.
Hoy en día, con demasiada frecuencia, estamos preparando a los profesores para ser meros usuarios de aplicaciones, en lugar de creadores de experiencias de aprendizaje innovadoras. Es como decir, somos consumidores de tecnología, no auténticos arquitectos pedagógicos.
La IA nunca debe sustituir al docente, sino que debe fortalecerlo en su labor diaria.
Esta tecnología debe facilitar la personalización, mejorar la evaluación y ahorrar tiempo, nunca debería pensar por el docente.
El gran reto que enfrentamos es cambiar el enfoque, desde «presionar este botón» a enseñar cómo integrar la IA en la pedagogía, la ética, y el pensamiento crítico.
Si logramos formar docentes con buen criterio, visión amplia y responsabilidad, la IA será una aliada poderosa. De lo contrario, no será más que una moda pasajera.
8. Para cerrar, Paul: Se habla mucho de competencias técnicas, pero tú haces énfasis en la «Mentalidad Internacional». ¿Por qué un estudiante de una zona rural de Ecuador necesita desarrollar esta mentalidad y cómo puede un líder educativo fomentarla sin salir del aula?
Una mentalidad global no es simplemente viajar, implica aprender a apreciar, entender, y conversar con otras culturas, pensar de manera crítica, y sentirse parte de un mundo unido.
Un alumno de una área rural la ocupa, ya que hoy día compite, labora, y se relaciona con gente de todos lados desde su móvil.
Si no trabaja esa mentalidad, se expone al riesgo de quedar solo, aunque tenga muchacho talento.
Para lograr esto, se deben realizar actividades específicas: empleando ejemplos del mundo real, estudiando problemas globales desde la perspectiva local, fomentando el respeto a la diversidad, el trabajo en equipo, y el pensamiento ético.
No requiere pasaporte, precisa intención pedagógica.
Finalmente, sin temor a equivocarme, puedo manifestar que Ecuador posee talento, vocación, y esperanza, lo que necesitamos es creer aún más en nuestra habilidad para cambiar la educación.
Desde REDIE Ecuador, seguiremos caminando juntos ese trayecto, porque cuando educamos con propósito, con conocimiento y con humanidad, no solo creamos alumnos: forjamos futuro.
Gracias por el espacio y por confiar en la educación como propuesta del cambio.






