Solo el 5% de los argentinos cree que la educación es el problema más importante del país: radiografía de una urgencia postergada
Un profundo informe de Argentinos por la Educación —basado en datos históricos del Latinobarómetro y encuestas de opinión a junio de 2026— revela que la agenda educativa compite en franca desventaja frente a las crisis de seguridad y economía, mientras la gestión pública del sector acumula altos niveles de insatisfacción.

La educación ocupa un lugar discursivo central en los debates sobre el desarrollo económico, la movilidad social ascendente y la cohesión democrática en toda América Latina. Sin embargo, cuando las sociedades atraviesan crisis económicas prolongadas, problemas de seguridad ciudadana e inestabilidad política, el peso real que la ciudadanía asigna a las aulas tiende a diluirse.
Para los líderes escolares, directivos y diseñadores de políticas públicas, comprender este fenómeno no es un mero ejercicio estadístico; es una necesidad estratégica para entender el nivel de respaldo social con el que cuentan las reformas y las demandas del sector.
Un nuevo informe publicado en junio de 2026 por la organización Argentinos por la Educación, bajo la autoría de Valentina Gabrielli (Paris School of Economics), Tomás Besada y Eugenia Orlicki, arroja luz sobre esta problemática. El estudio, titulado «Percepción social sobre la educación y la política educativa» , analiza la evolución de la educación como el principal problema percibido por la ciudadanía en la región, procesando datos históricos de la encuesta de opinión pública Latinobarómetro (relevada desde 1995) y la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública de la Universidad de San Andrés. Los resultados obligan a una profunda autocrítica sectorial.
El contexto regional: la educación invisible en el radar de urgencias
El estudio toma como punto de partida la clásica pregunta del Latinobarómetro: “¿Cuál considera usted que es el problema más importante en el país?”, ofreciendo un menú de 46 opciones posibles. En el agregado de América Latina, los datos del año 2024 muestran un panorama contundente: la delincuencia y la seguridad pública lideran las preocupaciones con el 19,1% , seguidas de cerca por la economía y los problemas financieros con el 18,1%.
¿Dónde queda la educación? En el promedio regional, solo el 3,4% de los encuestados la señala como el problema principal, quedando relegada a un lejano noveno puesto.
No obstante, el informe advierte una fuerte dispersión entre las naciones de la región:
- Brasil y Uruguay: Son las únicas excepciones donde la educación entra en el top 5 de las preocupaciones. En Brasil se ubica en el 3er lugar con un 10% , mientras que en Uruguay ocupa el 4to lugar con el 8%.
- Puestos intermedios y bajos: En Perú se sitúa en el 6to lugar. En Argentina, Venezuela y Ecuador comparte el 7mo casillero. Más abajo, en Paraguay, Chile y Colombia, cae al 8vo puesto , cerrando la lista Bolivia y México en el 9no lugar.
En la gran mayoría de los territorios de América Latina, la proporción de ciudadanos preocupados prioritariamente por el sistema educativo es inferior al 5%. Esto demuestra que la opinión pública opera bajo una lógica de «extinción de incendios»: las urgencias del bolsillo y de la calle eclipsan las inversiones de largo plazo que representa la escuela.
La paradoja argentina: fluctuaciones históricas y prioridades en pugna
Al hacer un zum sobre el caso argentino, el informe demuestra que la preocupación por las aulas se ha mantenido históricamente estancada entre el sexto y el octavo lugar del ranking durante las últimas dos décadas. En el año 2004, un 6,7% de los argentinos consideraba a la educación el problema principal, ubicándose en la 6ta posición de las demandas ciudadanas. Para el año 2015, esa cifra descendió al 4%, cayendo al 8vo lugar. En la última medición disponible de Latinobarómetro (2024), la cifra mostró un leve repunte para posicionarse en el 5% (7mo lugar).
Este 5% actual sitúa a la Argentina en una posición relativamente alta a nivel regional —solo superada por el 10% brasileño y el 8% uruguayo— , pero sigue estando por detrás de los problemas asociados a la economía (que lidera el ranking nacional en 2024), la política, el desempleo, la delincuencia y la corrupción.
Mirando la serie histórica completa de las últimas dos décadas, la preocupación civil argentina ha mostrado fluctuaciones muy ligadas a la coyuntura política y gremial:
- Picos de alerta (2006 y 2011): Se registraron picos históricos que rozaron el 9% de las menciones.
- El factor del conflicto docente (2017): Tras un año 2016 fuertemente marcado por la conflictividad y los paros docentes, el año 2017 evidenció un pico de preocupación del 8,3%.
- El valle de la pandemia (2020): En pleno confinamiento y virtualización forzada, la preocupación por la educación tocó un piso histórico del 3,4% , para luego iniciar un lento ascenso (3,8% en 2023 y el mencionado 5% en 2024).
Radiografía de la preocupación: ¿a quiénes les importa la educación?
El documento de Gabrielli, Besada y Orlicki va más allá de las cifras macro y segmenta sociodemográficamente las respuestas en Argentina a partir del promedio del período 2004-2024. Los datos revelan brechas que invitan a la reflexión pedagógica e institucional:
- Brecha de género: Las mujeres muestran una mayor sensibilidad o preocupación hacia el estado del sistema educativo (7%) en comparación con los varones (6%).
- Sesgo socioeconómico: Existe una correlación directa entre el nivel socioeconómico del encuestado y su alerta educativa. Mientras que en el nivel socioeconómico alto el 8% considera a la educación como el problema principal del país, en los sectores de nivel socioeconómico bajo esa proporción se reduce al 6%. De hecho, los análisis de regresión estadística del informe confirman que el nivel socioeconómico es la única variable verdaderamente significativa para predecir esta preocupación.
- Factor etario: Los jóvenes y adultos jóvenes en edad productiva o con hijos en edad escolar muestran un mayor índice relativo: el grupo de 26 a 40 años lidera con un 7% , seguido por el segmento de 15 a 25 años con un 6%. En contraste, la preocupación decae al 5% en personas de 41 a 60 años, y al 4% en mayores de 61 años.
Esto plantea un desafío ético y operacional insoslayable para la gestión del liderazgo escolar: los sectores más vulnerables —quienes más dependen de la escuela pública como plataforma de equidad— son los que menos tienden a declarar la educación como su urgencia principal, condicionados lógicamente por necesidades materiales inmediatas insatisfechas.

El termómetro de la política pública: insatisfacción consolidada a mediados de 2026
Para complementar este panorama, el informe analiza la evolución de la satisfacción de la ciudadanía con la política educativa del Gobierno nacional entre 2018 y marzo de 2026. Los datos provienen de la Universidad de San Andrés y ratifican un escenario de descontento crónico.
A lo largo de este período, la aprobación de las políticas educativas se ha mantenido en niveles bajos y volátiles, moviéndose de forma habitual en la franja del 20% al 35%. El punto de mayor optimismo social ocurrió entre fines de 2019 y principios de 2020, cuando la satisfacción arañó un inédito 45%. Desde ese pico, la valoración cayó en picada hasta tocar mínimos históricos en el año 2022, ubicándose entre el 16% y el 20% de aprobación.
A partir de 2023 se dio una tibia recuperación con constantes altibajos estructurales. Al llegar a marzo de 2026, los niveles de satisfacción se sitúan apenas en torno al 25% y 28%. Al desglosar el rechazo a la política educativa de la gestión actual, las cifras de la encuesta de opinión pública de mayo de 2026 son contundentes:
- 45% se declara «nada satisfecho» con la política educativa.
- 23% se encuentra «poco satisfecho».
- 20% se manifiesta «algo satisfecho».
- Solo un magro 5% está «muy satisfecho» con las decisiones del área.
Comparada con otras áreas de la administración estatal, la educación ocupa el octavo lugar en el ranking de satisfacción ciudadana. Únicamente las carteras de Salud (48% nada satisfecho) y de Obras Públicas e Infraestructura (48% nada satisfecho) exhiben peores índices de valoración colectiva y mayor reprobación social.
Frente a este escenario, queda claro que las comunidades educativas y la sociedad en general perciben una profunda desconexión entre las reformas implementadas desde los ministerios y las necesidades reales que se viven a diario en las instituciones escolares.






