Ciudad de Buenos Aires

La Ciudad de Buenos Aires redefine la presencialidad: Rigurosidad en la asistencia y flexibilidad en los aprendizajes

El Ministerio de Educación de la CABA profundiza su reforma de la escuela media con el fin del régimen de faltas anuales y la expansión masiva de "Secundaria Aprende" hacia un modelo de avance por niveles.

El inicio del ciclo lectivo 2026 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) no representa simplemente un retorno a las aulas, sino la puesta en marcha de una ambiciosa reingeniería del sistema de educación secundaria. Bajo la premisa de que «la escuela no es un lugar de paso, sino de presencia y producción», el Ministerio de Educación porteño ha formalizado dos medidas que, aunque parecen transitar por carriles distintos —el control administrativo y la innovación pedagógica—, convergen en un único objetivo estratégico: garantizar la continuidad de las trayectorias escolares y dotarlas de sentido real.

De la gestión administrativa a la gestión de la presencialidad

La primera gran transformación radica en el nuevo Régimen de Regularidad. Hasta el año pasado, el sistema permitía una acumulación de 25 inasistencias anuales, cuya gestión solía postergarse hasta el cierre de cada cuatrimestre o, peor aún, hasta el final del ciclo lectivo. A partir de ahora, el techo se reduce a 20 faltas anuales, pero con un cambio de lógica fundamental: el tope de inasistencias se fragmenta en un máximo de 5 por bimestre.

Para los equipos directivos, este cambio no es menor. Implica el fin de la «gestión inerte de la planilla» para pasar a un sistema de alerta temprana en tiempo real. Al limitar las faltas por bimestre, la norma obliga a la institución a intervenir apenas se detecta la cuarta falta en un periodo corto. Ya no hay margen para la desconexión prolongada. Aquellos estudiantes que superen el límite bimensual perderán la regularidad en ese tramo y deberán asistir a instancias obligatorias de recuperación durante el receso invernal o en periodos complementarios.

Esta medida busca atacar el ausentismo crónico, un fenómeno que en la postpandemia se ha consolidado como la principal barrera para la terminalidad secundaria en toda Iberoamérica. La gestión educativa en CABA envía un mensaje claro: la presencialidad es la condición sine qua non para el aprendizaje, pero no una presencialidad pasiva, sino una vinculada a la responsabilidad institucional compartida entre la escuela y la familia.

«Secundaria Aprende»: El fin de la rigidez del año escolar

Simultáneamente a la restricción del ausentismo, el Gobierno porteño ha anunciado la expansión del programa «Secundaria Aprende». Este ciclo lectivo se incorporan 90 nuevas instituciones, alcanzando un universo de 37,000 estudiantes que dejarán atrás el modelo de cursada por años (1°, 2°, 3°, etc.) para adoptar un esquema de avance por niveles de progreso.

Inspirado en el modelo pedagógico del educador colombiano Julio Fontán, este enfoque rompe con la «gramática escolar» tradicional descrita por Tyack y Cuban. El modelo de autonomía busca que cada estudiante avance según su propio ritmo de consolidación de competencias, eliminando el concepto de «repitencia» tradicional y reemplazándolo por la acreditación de saberes específicos. En «Secundaria Aprende», el tiempo deja de ser la variable fija y el aprendizaje la variable aleatoria; aquí, el aprendizaje es lo que se fija, y el tiempo es lo que se flexibiliza.

Para la gestión escolar, este modelo representa un desafío logístico y pedagógico sin precedentes. Los directivos deben coordinar una organización escolar donde no todos los alumnos de un mismo grupo están haciendo lo mismo al mismo tiempo. Esto requiere una formación docente intensiva en metodologías activas y en el rol del docente como «tutor de trayectorias» más que como mero transmisor de contenidos disciplinares.

Implicancias para el liderazgo y la supervisión escolar

Desde la perspectiva de la gestión educativa, estas medidas exigen un nuevo perfil de líder escolar. El rector o director ya no solo debe velar por el cumplimiento del diseño curricular, sino que debe actuar como un gestor de datos y de procesos.

  • Gestión de datos para la intervención: El nuevo régimen de asistencia demanda que la escuela posea sistemas de registro ágiles. La capacidad de analizar los patrones de inasistencia permitirá a los equipos de orientación escolar actuar de manera preventiva antes de que el estudiante pierda la regularidad bimensual.
  • Reingeniería de la agenda institucional: La obligatoriedad de instancias de recuperación en el receso invernal obliga a las escuelas a repensar su calendario y la asignación de sus recursos humanos. ¿Cómo se remuneran y se organizan estas horas de apoyo? ¿Qué docentes liderarán estos espacios? Son preguntas que los directivos deberán resolver en el corto plazo.
  • Liderazgo pedagógico en la autonomía: En las 90 escuelas bajo el modelo «Secundaria Aprende», el liderazgo debe centrarse en la evaluación formativa. Los directivos deberán acompañar a los docentes en la transición hacia una evaluación por niveles, asegurando que la flexibilidad no se traduzca en una baja de la exigencia académica.

Un espejo para la región

Lo que ocurre en la Ciudad de Buenos Aires es observado con atención por los Ministerios de Educación de la región, desde Chile hasta España. La tensión entre «control de la asistencia» y «flexibilización del progreso» es un debate global. Mientras algunos sistemas apuestan por la flexibilización total, CABA parece estar ensayando una tercera vía: una escuela más exigente en la asistencia física, pero más adaptativa en los procesos cognitivos.

El éxito de esta reforma no dependerá de la publicación del Boletín Oficial, sino de la capacidad de los equipos directivos para traducir estas normas en una nueva cultura escolar. Si el régimen de faltas se percibe solo como un castigo y no como un sistema de cuidado, el riesgo de exclusión aumentará. Por el contrario, si se logra amalgamar la presencialidad con una propuesta pedagógica atractiva como «Secundaria Aprende», Buenos Aires podría estar marcando el camino hacia la secundaria del siglo XXI.

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