Reflexionar para proyectar el 2026 con sentido y propósito
Estrategias de liderazgo para una escuela que aprende: del balance 2025 a la acción 2026
Educar también implica aprender. Aprender de lo vivido, de lo intentado y de lo que aún está por construirse. En las instituciones educativas, detenerse a reflexionar no es una pausa improductiva, sino un acto de liderazgo y de coherencia con aquello que promovemos cada día en las aulas.
Como educadores y también como staff administrativo que trabaja en colegios, es necesario hacer una pausa consciente para reflexionar. No solo sobre los resultados alcanzados, sino sobre los aprendizajes, las decisiones tomadas y la manera en que transitamos nuestro rol profesional dentro de la comunidad educativa.
El inicio de un nuevo ciclo lectivo suele estar marcado por la urgencia operativa: calendarios, objetivos académicos, planificación pedagógica y desafíos organizativos. Sin embargo, las instituciones educativas que aspiran a crecer de manera sostenible comprenden que no alcanza con comenzar el año enseñando mejor; es imprescindible comenzar el año aprendiendo mejor como organización.
El cierre de un año y el inicio de otro constituyen, entonces, una oportunidad privilegiada para detenerse, mirar en perspectiva y transformar la experiencia vivida en aprendizaje colectivo. En este sentido, una escuela que aprende es aquella que se permite reflexionar antes de accionar, que convierte la experiencia en conocimiento y que habilita espacios genuinos de pensamiento compartido, impulsados y cuidados desde la Dirección.
2025 COMO PUNTO DE PARTIDA: EL VALOR DE LA REFLEXIÓN CONSCIENTE
Antes de proyectar el 2026, resulta fundamental volver sobre el 2025 con una mirada honesta y profunda. No desde el juicio, sino desde el aprendizaje. Preguntas simples —pero profundamente transformadoras— abren este proceso reflexivo:
- ¿Cómo evalúas tu desempeño laboral durante el 2025? ¿Por qué?
- ¿Qué fue especialmente grato?
- ¿Qué te hubiera gustado que fuera diferente?
Estas preguntas invitan a resignificar la experiencia vivida y a reconocer que cada año deja huellas que vale la pena comprender antes de avanzar.
DE LAS DECISIONES A LOS APRENDIZAJES
Como afirma Simon Sinek, “hay dos tipos de decisiones: buenas decisiones y lecciones aprendidas”. Esta idea resulta clave para las organizaciones que aprenden: todo lo vivido se transforma en capital de aprendizaje cuando se lo revisa con intención y apertura.
Reconocer lo aprendido —incluso en aquello que no salió como se esperaba— fortalece la conciencia profesional, promueve una cultura de mejora continua y prepara el terreno para decisiones más alineadas y conscientes.
PENSAR EL 2026 CON INTENCIÓN
Reflexionar sobre el 2025 abre naturalmente la puerta a una pregunta central: ¿cómo quiero transitar mi 2026 profesional dentro de esta comunidad educativa? Algunas preguntas orientadoras ayudan a profundizar esta reflexión:
- ¿Qué me gustaría mantener?
- ¿Qué necesito dejar de hacer?
- ¿Qué me gustaría comenzar a hacer?
- ¿Qué aprendizaje del 2025 no quiero perder bajo ningún concepto?
- ¿Qué desafío me fortaleció y cómo puedo capitalizarlo en el nuevo año?
- ¿Qué necesito cerrar o soltar para avanzar con mayor liviandad?
Estas preguntas no buscan respuestas inmediatas ni uniformes, sino alinear propósito personal e institucional, fortaleciendo la coherencia entre lo que somos, lo que hacemos y lo que queremos construir como comunidad educativa.
DE LA REFLEXIÓN A LA ACCIÓN: MICRODECISIONES QUE CONSTRUYEN FUTURO
Una organización que aprende no se queda en la introspección. Aprender implica transformar. Traducir la reflexión en microacciones concretas permite que el propósito se vuelva práctica cotidiana:
- ¿Qué microacciones puedo iniciar en febrero 2026?
- ¿Qué hábitos me acercarán a mi propósito profesional?
- ¿Qué recursos necesito sumar (personas, conocimientos, rutinas)?
- ¿Qué quiero que alumnos, colegas o familias recuerden de mí en 2026?
- ¿Qué necesito para sentir mayor equilibrio personal y profesional?
- Si el 2026 fuera el título de un libro sobre mi vida profesional, ¿cuál sería?
- ¿Qué palabra será mi NORTE para el año que comienza?
EL ROL DE LA DIRECCIÓN: CREAR LAS CONDICIONES PARA APRENDER
Nada de esto ocurre de manera espontánea. Requiere liderazgo, intención y coherencia. Es responsabilidad de la Dirección crear y sostener espacios de reflexión colectiva, especialmente en las jornadas de capacitación previas al inicio de clases.
Cuando una institución habilita estos espacios:
- Fortalece el sentido de pertenencia.
- Cuida el bienestar emocional del equipo.
- Alinea trayectorias individuales con el proyecto institucional.
- Construye una cultura de aprendizaje continuo.
De este modo, la escuela modela con el ejemplo aquello que espera que ocurra en las aulas. Los colegios que se toman el tiempo para reflexionar no se detienen: avanzan con mayor claridad. Aprender como organización es, hoy, una de las decisiones más estratégicas que puede tomar una comunidad educativa. Porque solo las instituciones educativas que aprenden juntas están verdaderamente preparadas para educar el futuro.





