Entrevistas

“La máquina traduce, pero no enseña empatía”: Rosana Freddi y el nuevo propósito del docente de idiomas

Cómo transformar la soledad docente en pensamiento colectivo y gestión profesional consciente.

Con el respaldo de una trayectoria dedicada a la profesionalización de la enseñanza de idiomas y la gestión educativa, Rosana Freddi se ha consolidado como una voz referente para quienes buscan trascender el aula tradicional. Directora del Congreso Nacional de Educadores de Idiomas Extranjeros y consultora experta en liderazgo pedagógico, Freddi utiliza su influencia en redes como LinkedIn e Instagram no solo para compartir recursos, sino para construir una verdadera comunidad de pensamiento crítico.

Su perfil profesional refleja una apuesta clara: el docente no debe ser un mero «consumidor de métodos» o una «franquicia de sí mismo», sino un gestor autónomo de su propia formación y un líder emocional en su institución. En esta entrevista, Rosana nos invita a una reflexión urgente sobre la esencia de nuestra labor en la era de la inteligencia artificial, recordándonos que, aunque la tecnología avance, “la máquina traduce, pero no enseña empatía”.

Te invitamos a sumergirte en este diálogo que desafía el burnout docente, cuestiona la superficialidad del marketing educativo y propone recuperar el propósito humano detrás de cada palabra enseñada.

Muchos docentes de idiomas trabajan de forma aislada o como “franquicias” de sí mismos. ¿Fue la necesidad de romper esa soledad lo que dio origen al Congreso Nacional, o hubo un detonante específico en la calidad educativa qué te impulsó a crearlo?

Creo que fueron las dos cosas, pero si tengo que ser honesta, el detonante fue la calidad educativa.
 La soledad docente es real y duele, pero lo que más me preocupaba era ver profesionales muy comprometidos, muy formados, que repetían métodos sin poder pensarse a sí mismos dentro de un proyecto mayor. El Congreso nace como una respuesta a esa fragmentación: no para “dar recetas”, sino para generar pensamiento colectivo, conversación profunda y sentido de pertenencia. Yo necesitaba ,y sentía que muchos necesitábamos, un espacio donde el docente no fuera un consumidor pasivo, sino un protagonista que se pregunta qué educación quiere constante

Tu perfil destaca por mover al docente del lugar de “repetidor de métodos” al de “gestor de su propia formación”. ¿Qué es lo que más le cuesta soltar al educador de idiomas tradicional para convertirse en un profesional del siglo XXI?

Lo que más cuesta soltar es la idea de que alguien más tiene que decirle cómo enseñar.
 Muchos docentes fueron formados para aplicar, no para decidir. Y convertirse en un profesional del siglo XXI implica asumir responsabilidad, criterio y autonomía. No es fácil correrse del lugar cómodo del “yo hago lo que me dijeron” y pasar al “yo elijo, evalúo, me formo y me posiciono”. Eso da libertad, pero también da vértigo. El Congreso acompaña ese proceso, no lo impone.

En un mundo sobreestimulado de webinars y recursos gratuitos, ¿cuál es el criterio de “filtro” que aplicás para que el Congreso siga siendo relevante y no se convierta en un evento más de marketing educativo?

El filtro es simple y muy exigente: que lo que se comparte transforme prácticas reales.
 No me interesa el impacto efímero ni el “wow” de redes. Cada disertante, cada propuesta, cada espacio del Congreso tiene que poder bajar a aula, a institución, a decisiones concretas. Además, cuido mucho la coherencia: lo que se dice arriba del escenario tiene que estar alineado con valores, con trayectoria y con ética profesional. El Congreso no es un catálogo de productos educativos; es un espacio de pensamiento, diálogo y construcción.

Hoy la tecnología traduce en segundos. ¿Para qué deberíamos enseñar idiomas si la máquina ya traduce? ¿Cuál es el nuevo propósito superior de la clase de lengua extranjera?

Porque enseñar idiomas nunca fue solo enseñar a traducir palabras.
 Hoy más que nunca, enseñar una lengua es enseñar a interpretar el mundo, a comprender al otro, a leer contextos culturales, a comunicar con intención y sensibilidad. La máquina traduce, pero no enseña empatía, pensamiento crítico ni identidad. El propósito superior de la clase de lengua extranjera es formar personas capaces de vincularse, de pensar, de expresarse con sentido en un mundo diverso y complejo.

Sos muy activa en redes sociales. ¿Cómo se gestiona la autoridad pedagógica en Instagram o LinkedIn sin caer en la superficialidad del algoritmo?

No peleándome con el algoritmo, pero tampoco obedeciéndolo ciegamente.
 La autoridad pedagógica se construye siendo coherente: lo que digo en redes es lo mismo que digo en una capacitación, en un aula o en una reunión de gestión. Uso las redes como un puente, no como un escenario. Comparto procesos, reflexiones, preguntas. No todo tiene que ser viral; tiene que ser verdadero. Y eso, paradójicamente, genera comunidad y confianza.

Muchos directivos de institutos de idiomas vienen del palo pedagógico y fallan en la gestión. ¿Cuáles son los tres errores más frecuentes que ves en los centros de idiomas argentinos?

El primero es no entender que gestionar también es una competencia que se aprende.
 El segundo, confundir cercanía con falta de límites: un buen clima no se logra evitando decisiones difíciles.
 Y el tercero, no trabajar en equipo ni delegar, creyendo que “nadie lo va a hacer como yo”.
 La gestión educativa necesita visión pedagógica, sí, pero también estrategia, organización y liderazgo consciente.

En el mercado de idiomas hay tensión entre el nativo sin formación pedagógica y el profesor titulado sin fluidez. ¿Cómo se equilibra excelencia académica y demanda de resultados rápidos?

Con criterio y con formación continua.
 La excelencia no es una etiqueta, es un proceso. Un gestor educativo tiene que acompañar, formar y evaluar permanentemente. No se trata de elegir entre títulos o fluidez, sino de construir equipos donde haya capacitación pedagógica, desarrollo lingüístico y comprensión cultural. Los resultados rápidos sin bases sólidas son frágiles. Yo apuesto a resultados reales y sostenibles.

Se habla mucho de que “sin emoción no hay aprendizaje”. En lenguas, donde el error genera vergüenza, ¿cómo se gestiona la seguridad psicológica desde la dirección?

Generando culturas institucionales donde el error no sea penalizado, sino leído, aprovechado y capitalizado como un espacio para crecer y mejorar.
 Eso empieza en la dirección: en cómo se habla, cómo se evalúa, cómo se acompaña a docentes y alumnos. La seguridad psicológica no es permisividad; es confianza. Cuando el alumno siente que puede equivocarse sin ser expuesto, aprende más y mejor. Y lo mismo vale para los docentes.

El docente de idiomas suele estar quemado. ¿Cómo se incentiva la formación cuando ya no hay espacio mental para más información?

Justamente, no sumando información, sino ofreciendo sentido.
 El Congreso no busca saturar, sino inspirar, ordenar, resignificar. Muchos docentes salen diciendo “me volví a acordar por qué elegí esta profesión”. Eso no agota, eso energiza. La formación que conecta con el propósito no cansa, renueva.

Si asesoraras al Ministerio de Educación, ¿cuál sería la primera medida para que el egresado de la escuela pública realmente pueda comunicarse en una segunda lengua?

Invertir en formación docente sostenida y contextualizada.
 No en cambios de programas aislados, sino en acompañamiento real, continuo y respetuoso de quienes están en el aula. Sin docentes fortalecidos, no hay políticas lingüísticas que funcionen.

Después de tantos años conectando educadores, ¿qué te hace decir “esto valió la pena” al terminar una jornada de congreso?

Cuando veo docentes que se miran distinto al salir.
 Cuando alguien me dice “me voy con más preguntas, pero también con más claridad”. Cuando se generan redes, proyectos, vínculos que siguen después. Ahí sé que valió la pena.

Y aprovecho para hacer una invitación muy especial:
 los días 11, 12 y 13 de septiembre, en Villa General Belgrano, Córdoba, nos volvemos a encontrar en el Congreso Nacional de Educadores de Idiomas Extranjeros como Segunda Lengua.
 Será un espacio de formación, reflexión, encuentro y celebración de nuestra profesión. Los espero para pensar juntos la educación que queremos construir.

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Alfredo da Costa

Magister en Educación (Universidad de San Andrés). Lic. en Ciencias de la Comunicación y tecnólogo educativo. Director del Instituto Cardenal Stepinac de Hurlingham, Buenos Aires. Director de la revista Gestión Educativa. Fundador de la Red de Directivos de Instituciones Educativas (REDIE). Director Ejecutivo de Design for Change Argentina. CEO en NextBrain Educación.

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