Entrevistas

Raúl Diez Canseco Terry: «La única manera de distribuir la riqueza en un país en vías de desarrollo como el Perú es la justa y equitativa distribución del conocimiento»

Una conversación profunda sobre la brecha académica, la ética en la gestión universitaria y el desafío de formar líderes en la era de la inteligencia artificial.

En el complejo ecosistema de la educación superior latinoamericana, pocos perfiles logran amalgamar con tanto éxito la visión del estadista, el pragmatismo del empresario y la mística del educador como Raúl Diez Canseco Terry. Fundador de la Corporación Educativa San Ignacio de Loyola (USIL), Diez Canseco no solo ha construido aulas; ha edificado un modelo de internacionalización que desafía las fronteras tradicionales del saber en Perú, Paraguay y Estados Unidos.

En esta entrevista exclusiva, nos sentamos con un hombre que entiende que la educación no es un proyecto complementario, sino la única herramienta capaz de «distribuir la riqueza de manera justa» en una región marcada por la desigualdad. Con una franqueza refrescante y poco común en el ámbito académico, el exvicepresidente peruano disecciona las fallas estructurales de nuestros sistemas —desde la burocracia que asfixia la innovación hasta la alarmante falta de investigación propia— y propone una ruta crítica para el próximo decenio.

¿Es posible equilibrar la sostenibilidad financiera con la excelencia académica sin caer en la mercantilización? ¿Cómo deben responder las universidades ante el avance de la inteligencia artificial? Acompáñenos en esta lectura imprescindible para entender por qué, en palabras del propio Diez Canseco, hoy ya no basta con lo que uno sabe, sino con lo que uno es capaz de hacer con ese conocimiento para transformar la sociedad.

Usted tuvo una trayectoria política y empresarial muy visible antes de consolidarse en el ámbito educativo. ¿En qué momento entiende que la educación superior deja de ser un proyecto complementario y se convierte en un eje estratégico de su vida profesional?

A los veinte años, tras vivir una experiencia familiar profundamente dolorosa provocada por la dictadura militar de los años sesenta, descubrí el poder real de la educación. Preparar a jóvenes que soñaban con ingresar a la universidad me reveló que el conocimiento podía cambiar destinos y romper círculos de exclusión.

Desde esa convicción nació la academia San Ignacio de Loyola, que con el tiempo se convirtió en una corporación educativa que, con más de 50 años de trayectoria, tiene presencia en Perú, Estados Unidos y Paraguay, ofreciendo educación de calidad desde el nivel inicial hasta el posgrado.

Recuerdo también una visita junto al presidente Fernando Belaunde a una zona de extrema pobreza. Impactado por lo que vi, le pregunté si era posible revertir esa realidad. Con la sabiduría que lo caracterizaba, me respondió que sí, y su consejo fue: Raúl, la única manera de distribuir la riqueza en un país en vías de desarrollo como el Perú es la justa y equitativa distribución del conocimiento.

Aquel día, su consejo reforzó mi convicción de que la educación, acompañada de una adecuada alimentación y buena salud, es la principal vía de progreso para quienes nacen sin recursos.

Con el paso del tiempo comprendí que educar no solo transforma individuos, sino que impacta directamente en el desarrollo de los países. La educación dejó de ser una iniciativa paralela y pasó a convertirse en una responsabilidad social permanente, capaz de generar movilidad, liderazgo y ciudadanía comprometida.

Desde su experiencia como ministro y luego como promotor de universidades, ¿qué errores estructurales vio en los sistemas educativos latinoamericanos que lo empujaron a intervenir desde y fuera del Estado?

A lo largo de mi vida pública y académica he constatado un error estructural persistente en América Latina: la profunda desconexión entre la educación escolar y las exigencias reales de la educación superior.

Esa brecha deja a muchos estudiantes sin las herramientas necesarias para enfrentar la universidad y frustra su talento.

Esa desconexión también revela una falta de planificación de largo plazo. Muchos sistemas siguen formando estudiantes para un mundo que ya no existe, sin articular currículos, docentes y metodologías con las demandas reales del desarrollo productivo, científico y social de cada país.

Crear y gestionar universidades implica convivir con lógicas distintas: académica, empresarial y regulatoria. ¿Dónde ha encontrado mayores resistencias y cómo las ha gestionado sin sacrificar calidad?

Las mayores resistencias las he encontrado en ciertos actores de la política educativa, tanto en el Perú como en otros países de la región. A ello se suman el conformismo, la mediocridad y la falta de visión para aprovechar herramientas modernas que hoy están al alcance de la mayoría y que podrían elevar la calidad sin dejar a tras los principios.

Gestionar esas resistencias ha implicado diálogo, compromiso y una visión clara de a dónde queremos llegar, porque muchas veces defender la calidad exige tomar decisiones impopulares, pero necesarias.

En cada una de nuestras decisiones siempre hemos priorizado al estudiante, entendiendo que innovar no significa renunciar a la identidad y calidad académica.

Muchos critican la mercantilización de la educación superior. Desde su experiencia concreta, ¿dónde está la línea ética entre sostenibilidad financiera y desvirtualización y desvirtuación del proyecto educativo?

Es fundamental diferenciar a las instituciones que conciben la educación como un negocio de corto plazo de aquellas que la entienden como motor de desarrollo. La sostenibilidad financiera es necesaria, pero solo tiene sentido si está al servicio de la calidad, la excelencia académica y la atracción de talento, no del lucro inmediato.

Hoy en día, vemos que las universidades que destacan son las que concentran las mejores mentes, incorporan tecnología de punta y desarrollan sistemas educativos sólidos. Por eso, no es casualidad que un estudio de Forbes constate que más del 50 % de las instituciones educativas privadas en América Latina ya experimenten con inteligencia artificial para mejorar la calidad educativa y optimizar la gestión administrativa.

La experiencia nos muestra que cuando la gestión financiera se alinea con un proyecto educativo sólido, la rentabilidad deja de ser un fin y se convierte en un medio. Por el contrario, la ética se rompe cuando se sacrifica la formación integral del estudiante en favor de indicadores puramente comerciales.

Usted ha impulsado instituciones en distintos países. ¿Qué diferencias culturales y regulatorias le han resultado más complejas al internacionalizar proyectos universitarios?

El mayor obstáculo para internacionalizar proyectos universitarios en América Latina es la resistencia al cambio. La excesiva burocracia, la lentitud para modernizar los sistemas educativos y la limitada capacidad técnica de algunos funcionarios convierten el desarrollo en una amenaza, cuando debería ser visto como una oportunidad de progreso colectivo.

Cada país tiene ritmos, normas y culturas distintas, y comprenderlas es fundamental. Debemos entender que internacionalizar no es imponer modelos, sino adaptarlos con inteligencia, respetando marcos regulatorios y construyendo confianza con autoridades, docentes y comunidades académicas locales.

En Hispanoamérica hablamos mucho de cobertura, pero poco de pertinencia. ¿Qué debería cambiar para que las universidades formen profesionales alineados con los retos reales de sus sociedades?

La educación superior debe responder a las necesidades reales de cada país, especialmente en nuestra región, donde existe grandes oportunidades de desarrollo.

En el mundo de hoy ya no vale solo lo que sabes, sino lo que haces con lo que sabes. Por eso, las universidades deben formar profesionales con competencias prácticas, pensamiento crítico y capacidad de adaptación a contextos sociales y productivos cambiantes.

El sistema educativo ha cambiado hasta el punto de que hoy se debe enseñar a pensar, discernir, crear e investigar.

La eficacia se logra cuando la universidad dialoga con su entorno y esto exige actualizar mallas curriculares, fortalecer la vinculación con el sector productivo y reconocer que el conocimiento solo cobra valor cuando se traduce en soluciones concretas para la sociedad.

España sigue siendo un referente simbólico y académico para América Latina. ¿Cree hoy que la relación educativa es equilibrada o sigue siendo, en el fondo, asimétrica?

España sigue siendo un referente académico clave para América Latina, y existen vasos comunicantes que enriquecen nuestro desarrollo educativo. Sin embargo, aún debemos profundizar convenios que permitan integrar con mayor fuerza la investigación, la innovación y el conocimiento europeo en los programas latinoamericanos.

En la USIL, nos enorgullece mantener vínculos valiosos con universidades de gran prestigio, como la Universidad de Granada, la Universidad de Alcalá y el CEU de Valencia, entre otras importantes instituciones españolas. Con ellas trabajamos programas intercambio para docentes y estudiantes, especialmente en el área de inteligencia artificial, educación, gastronomía y hospitalidad.

Además, nuestros estudiantes y egresados tienen la posibilidad de acceder a oportunidades laborales en el mercado europeo, gracias al reconocimiento de la calidad de nuestra formación académica.

El vínculo con Europa es tan relevante para nuestra corporación que contamos con una Oficina de Representación en Madrid, lo que nos permite fortalecer de manera permanente nuestras relaciones con instituciones académicas y de investigación de alto prestigio.

El desafío para nuestra región sigue siendo grande y exige ampliar y sistematizar esta cooperación para lograr un intercambio más equilibrado y sostenido en el tiempo, porque América Latina no solo recibe conocimiento, sino que también aporta experiencias, talento y contextos que enriquecen la investigación aplicada y la formación intercultural de ambas regiones.

La universidad tradicional parece tensionada entre investigación, empleabilidad e innovación. ¿Cuál de estas misiones cree que está peor resuelta actualmente?

La investigación es la misión peor resuelta en América Latina. Se investiga poco y mal debido al escaso respaldo estatal a las empresas que apuestan por el desarrollo tecnológico.

No debemos olvidar que la fórmula ganadora es aquella que articula de manera inteligente el sector productivo con el sistema educativo.

Sin investigación sólida no hay innovación sostenible y mientras no se incentive la articulación entre universidad, empresa y Estado, seguiremos formando profesionales competentes, pero con escasa capacidad para generar conocimiento propio y resolver problemas estructurales.

Desde su mirada de largo plazo, ¿qué competencias deberían ser irrenunciables en la formación universitaria del próximo decenio, más allá de modas como la inteligencia artificial o la digitalización?

Más allá de la inteligencia artificial o la digitalización, las competencias irrenunciables del futuro son las habilidades blandas y los valores. En la era de la automatización, la educación debe formar personas íntegras, con sentido ético, amor por su tierra y capacidad para comprender y potenciar las fortalezas de su país.

Las competencias técnicas cambian, pero los valores permanecen. Por eso, la universidad del futuro debe formar personas con criterio, responsabilidad social y capacidad de liderazgo, capaces de tomar decisiones éticas en contextos complejos y altamente cambiantes.

Usted ha liderado organizaciones complejas durante décadas. ¿Qué tipo de liderazgo considera hoy imprescindible para dirigir una universidad en contexto de alta incertidumbre?

Siempre recuerdo el dicho: «Lo que natura non da, Salamanca non presta». Los líderes educativos deben estar vinculados al desarrollo empresarial, económico y social de su país, para lograr una educación más dinámica, efectiva, moderna y capaz de adaptarse con rapidez a un entorno global competitivo.

Hoy, además, los tratados de libre comercio obligan a formar jóvenes con una mirada internacional, conscientes de que las oportunidades ya no se limitan a las fronteras nacionales, sino que se juegan en un escenario global.

Dirigir una universidad hoy exige liderazgo con propósito, visión estratégica y capacidad de adaptación. No basta con administrar, es imprescindible anticipar escenarios, gestionar talento y tomar decisiones rápidas sin perder de vista la misión educativa.

Muchos jóvenes desconfían de las instituciones, incluidas las universidades. ¿Cómo se reconstruye hoy la legitimidad institucional en educación superior?

La legitimidad institucional se reconstruye cuando la universidad se vincula activamente con el quehacer nacional. Esto implica formar profesionales alineados con las necesidades del país, fortalecer el conocimiento de la realidad local y, al mismo tiempo, abrir la mente de los jóvenes a un mundo global e irreversible.

La confianza se construye con coherencia entre discurso y acción. Cuando los estudiantes ven que la universidad investiga, innova y aporta soluciones reales al país, la institución recupera legitimidad y se convierte en un actor relevante del debate público.

Mirando su propia trayectoria, ¿qué decisiones educativas volvería a tomar sin dudar y cuáles replantearía?

Volvería a apostar sin dudar por la educación como eje de desarrollo. Sin embargo, replantearía profundamente la educación secundaria, que hoy no responde a la realidad del país ni prepara adecuadamente a los jóvenes para el trabajo o la educación superior.

Diseñaría una educación secundaria diferenciada, según las características de cada región, que prepare a los jóvenes para que, al terminar el colegio, estén listos para el mercado laboral.

En nuestro país, como en muchos otros, la realidad es que muchos jóvenes no pueden continuar estudios superiores, por razones económicas, sociales o estructurales, y el sistema debe reconocer esa realidad sin estigmatizarla.

Replantear la secundaria implica reconocer la diversidad del país. Estoy convencido de que un sistema más flexible y pertinente permitiría ofrecer trayectorias educativas y técnicas dignas, evitando frustraciones y ampliando oportunidades reales de inserción laboral y desarrollo personal.

Hola 👋
Un placer conocerte.

Regístrate gratis para recibir toda la información sobre eventos educativos, cursos, noticias y recursos para educadores.

¡No enviamos spam! Lee nuestra política de privacidad para más información.

Mostrar más

Alfonso Algora

Doctor en Educación, Master en Gestión Educativa y Alta Dirección, y Licenciado en Derecho y Humanidades, con más de 18 años de experiencia docente y experiencia adicional en asesoría legal y dirección de empresa Directivo en institución educativa internacional desde 2007, desempeñando labores gerenciales y de dirección de centros educativos de alto nivel en Costa Rica, Paraguay, Ecuador y Colombia, además del rectorado en una Universidad ecuatoriana y formando parte del staff internacional de la compañía. Miembro de REDIE. Actualmente ejerce el rol de Director de Posgrado en la Universidad Indoamericana de Ecuador.

Publicaciones relacionadas

Deja un comentario

Acadeu
Botón volver arriba