Liderazgo educativo

Lo que miramos también nos habita

Cómo la mirada de quien conduce define la vida institucional de una escuela

Hay algo que vuelve. No siempre igual, no siempre con el mismo nombre, pero vuelve. Una tensión que reaparece, una situación que creíamos resuelta y que de pronto está ahí otra vez, con otra cara pero con la misma raíz. Y la pregunta, casi nunca dicha en voz alta, es por qué.

A veces la respuesta no está en lo que se hizo o dejó de hacerse. Está en lo que no se miró.

Lo que no se mira no desaparece. Se acomoda, encuentra otra forma, otra oportunidad para aparecer. Se cuela en la reunión que de repente se tensa sin que nadie entienda bien por qué, en la decisión que se toma demasiado rápido para que algo no escale, en el tema que se posterga y siempre vuelve. Y sin darse cuenta, la institución empieza a organizarse alrededor de eso que no se nombra. Ya no es solo lo que pasa, sino lo que se fue construyendo alrededor de lo que pasa.

Hay escuelas donde todo empuja a seguir. A resolver, a cerrar, a no detenerse demasiado. Y hay otras donde, en algún momento, algo se frena. No siempre, no de manera sostenida, pero lo suficiente para que algo pueda verse de otro modo. Esa diferencia, aunque parezca pequeña, lo cambia todo.

Porque mirar distinto no es una técnica. No es un protocolo ni una capacitación. Es, antes que nada, la disposición a quedarse un momento más en lo que incomoda. A no apurarse a cerrar. A sostener la pregunta aunque todavía no tenga respuesta. Y eso cuesta, porque a veces lo que no se mira también sostiene cierto orden. Y mover eso implica mover otras cosas.

Por eso no siempre se elige mirar. A veces, simplemente, se evita. Y la escuela sigue, funciona, responde. Pero algo queda trabado adentro de ese funcionamiento.

Y lo que queda trabado no es neutro. Porque una escuela no es su edificio ni sus documentos ni sus reuniones de personal. Una escuela son las personas que la habitan. Y las personas que la habitan se parecen, profundamente, a cómo son miradas, escuchadas, recibidas. Cuando eso falta, también se nota: en el estudiante que aprendió que no vale la pena decir demasiado, en la familia que dejó de acercarse sin terminar de explicar por qué, en el equipo que cumple, pero desde lejos.

Por eso la mirada que más pesa es la de quien conduce. No porque sea la única que importa, sino porque es la que da el tono. La que dice, sin palabras, si acá se puede nombrar lo que incomoda o es mejor callarlo. Cuando esa mirada es genuina, algo se afloja. Cuando no lo es, algo se contrae, aunque todo siga en su lugar.

Hasta que deja de funcionar. O hasta que funcionar deja de alcanzar. Porque hay movimientos que ordenan, pero no transforman. Y la diferencia entre uno y otro casi siempre empieza en el mismo lugar: en si alguien se animó a mirar de verdad.

Mirar de verdad es estar dispuesto a ver lo que incomoda. Es notar las señales que siempre estuvieron ahí: el silencio de quien aprendió que sus palabras no tienen dónde caer, la distancia de quien dejó de sentirse recibido, la tensión que flota sin que nadie termine de ponerle nombre.

Las personas que habitan una escuela son su alma. Y el alma de una institución se parece mucho al liderazgo que la habita. A su capacidad de escuchar de verdad, de estar presente de verdad, de mirar no para controlar sino para comprender.

Mirar distinto no es hacer más. Es animarse a ver lo que estaba ahí, esperando ser visto.

Y tal vez, antes de seguir, valga detenerse un momento en algunas preguntas:

¿Hay lugar en mi institución para nombrar lo que incomoda?

¿Las personas que conduzco se sienten parte, o simplemente cumplen?

¿Estoy mirando de verdad, o estoy gestionando para que todo siga funcionando?

Hola 👋
Un placer conocerte.

Regístrate gratis para recibir toda la información sobre eventos educativos, cursos, noticias y recursos para educadores.

¡No enviamos spam! Lee nuestra política de privacidad para más información.

Mostrar más

María Soledad Angió

Directiva de nivel primario con más de diez años de experiencia en conducción institucional, coach ontológica y cofundadora de Espacio Kairos. Acompaña a familias en procesos de crianza desde el desarrollo socioemocional y el vínculo.

Publicaciones relacionadas

Deja un comentario

Botón volver arriba