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Helga Elliff: «Es fundamental que la institución educativa no soslaye el tema de la motivación»

Más allá de la neurobiología: La motivación como encuentro humano y motor del aprendizaje

¿Qué es lo que realmente nos mueve dentro del aula? En una era saturada de términos como «neuroeducación» y «hacks» cerebrales, Helga Elliff nos propone un retorno urgente a lo esencial: entender la educación como un encuentro profundo entre personas, no solo entre cerebros.

Con la autoridad que le otorgan años de investigación y una trayectoria que recorre todos los niveles educativos, Helga no habla desde la teoría abstracta. Ella es, como se define a sí misma, una «idealista que pone las manos en la masa».

En esta entrevista, Elliff desafía los mitos tradicionales sobre la motivación, cuestiona la obsesión actual por «gestionar emociones» y explica por qué la clave de una escuela vibrante no reside en «tips» de entusiasmo inicial, sino en un saber profundo y sistémico. Si alguna vez sentiste que a tu proyecto educativo se le agota la chispa a mitad de año, o si sospechás que la motivación es mucho más que un simple proceso biológico, esta conversación es una invitación a pensar la escuela desde un lugar más humano, riguroso y transformador.

Hay quienes dicen que la motivación no es un estado de ánimo, sino un proceso neurobiológico. ¿Cómo puede un directivo identificar si el «clima» de su escuela está activando el sistema de amenaza (cortisol) o el sistema de recompensa y vínculo (oxitocina/dopamina) en sus docentes y alumnos?

Es verdad que cuando hablamos de motivación hablamos de procesos que ocurren en el sistema nervioso, procesos que involucran la química del cuerpo humano. Pero mi perspectiva no es neurobiológica: no soy bióloga ni neuróloga ni pienso lo que ocurre en el aula desde ese tipo de miradas, por lo tanto no defino los climas escolares o de aula en función de qué pueden activar en cerebros de alumnos y profesores. Si bien hablar de lo neurobiológico es referirse a procesos que efectivamente ocurren en el cuerpo humano, cuando yo estoy en un aula es imposible que mida cortisoles, oxitocinas o dopaminas. ¿Existen y estarán haciendo lo suyo allí dentro? Por supuesto. Pero no puede medirse eso en el aula real. Por ello prefiero pensar el clima de aula (o de escuela) desde el aporte de algunas teorías de la motivación, de la psicología. Alguien me dijo hace tiempo “tú tienes una mirada humanista”. Sí, tal vez pueda definirse así. Es que yo entiendo el contexto educativo como encuentro de personas, y no de cerebros o de sistemas neurobiológicos. Veo personas, interactúo con personas, hago intervenciones mirando personas.

Tu trabajo se centra en pasar de la motivación extrínseca (premios y castigos) a la intrínseca. En un sistema educativo obsesionado con las calificaciones y los estándares, ¿cómo se gestiona una institución que priorice el «querer aprender» por sobre el «tener que aprobar»?

Tal vez se pueda hacer esa lectura de mi trabajo, pero mirá qué curioso, justamente la teoría de motivación extrínseca e intrínseca es la que menos me gusta. Primero, porque no concuerdo con el fondo de esa teoría, y segundo, porque está difundida en términos de “extrínseca es peor que intrínseca”, lo cual así dicho nos llevaría a pensar qué hacemos con los sistemas educativos que tenemos, que de un modo u otro implican calificaciones y promociones. Dicho esto, sí es un buen objetivo apuntar al querer aprender por encima del querer aprobar. Para un buen trabajo institucional al respecto, lo fundamental es que en la escuela se aprenda sobre motivación, integrando teoría con lo que significa enseñar y aprender dentro de ese sistema educativo real del cual vos me preguntabas.

Sostenés que la motivación es sistémica. Si un docente está desmotivado, ¿es un problema de su «vocación» o es un síntoma de una falla en el diseño del ecosistema institucional?

No utilizo la palabra sistémica, pero me gusta que la utilices vos si es una lectura de lo que pienso y lo que hago; por algo me la paso usando el hashtag #MotivaciónEsSiempreConOtros. El término desmotivado aparece en la teoría de la autodeterminación de Deci y Ryan, como al margen de lo motivado, que va desde extrínseco a intrínseco. Y, ¿a qué nos referiríamos con un docente desmotivado? Yo sostengo que si sigue yendo al aula, a la escuela, a ese trabajo, al menos está motivado por el salario, entonces motivado está. ¿Es lo deseable? Por supuesto que no es lo mejor, que vaya solamente por el sueldo; es fácil suponer que ahí hay tremendo margen de mejora, y posiblemente una incidencia negativa en el aula. ¿Influye el contexto en esa motivación empobrecida? Por supuesto, pero tampoco es determinante; siguiendo el ejemplo, por igual sueldo van profesores a una misma escuela con distintos modos de estar motivados. La motivación es compleja, atraviesa a todos los actores educativos (como no podría ser de otra manera, puesto que son personas) y por eso considero que en las escuelas conviene que los profesionales aprendan acerca de ese proceso tan humano como presente en cada aula.

En tus servicios de consultoría hablas de «Humanizar las instituciones». ¿Por qué hoy la empatía y la ternura son herramientas de gestión más potentes que el control y la jerarquía tradicional?

Bueno, no recuerdo haber dicho eso pero puedo estar de acuerdo con eso de humanizar las instituciones. No obstante, no creo que se trate de un reemplazo de control y jerarquía, por empatía y ternura. ¿Se puede conducir una institución educativa, con la responsabilidad profesional que eso implica, a base de empatía y ternura? Me gusta pensar en matices más que en dicotomías. Cuando yo analizo climas motivacionales tengo en cuenta las relaciones de afectividad y de poder, y aparecen unos matices sumamente interesantes.

Muchos docentes sienten que «no fueron formados para contener emocionalmente». Desde tu espacio de capacitación, ¿cómo les enseñás a gestionar sus propias emociones para que el aula no se convierta en un territorio de descarga, sino de contención?

Yo no enseño a gestionar las emociones sino la motivación, pero son parientes cercanas… hay quien dice que son las dos caras de la misma moneda. Me parece mejor enfocado trabajar con la motivación que con las emociones, porque las veo en todo caso resultante de (entre otros factores) la motivación. Te doy un ejemplo: alguien de nueve años se frustra día tras día porque ya debería saber multiplicar como sus compañeritos y no lo logra. Qué le conviene a su profesor o profesora: ¿ocuparse de enseñarle a manejar la frustración, o saber de motivación para sostener la motivación de esa persona mientras aprende a su ritmo? Pensá que mientras constate que va aprendiendo, irá mermando su frustración… Además, aunque el profesor fuera experto en enseñar cómo manejar emociones (y eso sería un capítulo aparte) no tiene tiempo para todo. Dónde pone el foco entonces: ¿en los miedos, enojos, etc., que puede suscitar el no aprender, o en cómo sostener a alguien con ganas de aprender mientras todavía está en proceso? Ahí es donde, insisto, le conviene saber de motivación, para intervenir en la motivación de sus alumnos y para aprender a gestionar la propia. Intervenir en la motivación incidirá en emociones derivadas de los procesos de enseñanza y de aprendizaje.

Tus propuestas de capacitación huyen de lo estándar. ¿Por qué creés que la formación docente tradicional está fallando en motivar a los propios maestros y qué es lo que «enciende» la chispa en tus talleres?

¡Te agradezco la definición…! Hoy hay muchísima gente haciendo capacitaciones para equipos en escuelas; lo vemos en redes como Instagram y LinkedIn, donde estamos muchos de nosotros. Los enfoques son diversos, y por supuesto no comulgo con todos, incluso de gente que aprecio mucho en lo personal. Creo que el valor diferencial lo puede dar quien tiene cierta trayectoria en escuelas (y cuanta más variedad de roles haya pasado, mejor) y conocimiento profundo del marco teórico que sustenta sus capacitaciones. Y cuando digo profundo, digo profundo. En mi caso, he pasado por distintos niveles educativos en diferentes roles: di clase en primaria, en terciario, en universidad y he colaborado en clase de master; he acompañado procesos de aprendizaje y de inclusión educativa desde dentro y desde fuera de las escuelas, en diversos roles; por otro lado, hice un master investigando la motivación de los profesores, y continué con investigación propia desde entonces, incluyendo estudiantes y profesores de secundaria. ¿Y cómo cuaja todo eso en mis talleres? Precisamente en la combinación del rigor teórico con el aterrizaje absoluto en la realidad del aula. Con mi formación y experiencia, yo lo puedo hacer.

En un mundo hiperconectado y agotador, ¿cuál es el secreto para que la motivación de un proyecto educativo no se evapore a los tres meses de iniciado el ciclo lectivo?

En un mundo agotador, docentes agotados no es lo mejor que puede ofrecerle una escuela a nadie. Es fundamental que la institución educativa no soslaye el tema de la motivación: que aprenda, que tome conciencia de que motivación no es sinónimo de entusiasmo inicial, y que trabaje proactivamente por la motivación de sus equipos profesionales y de sus alumnos. Una vez que se aprende, vinculando teoría a la realidad de la propia escuela, hay muchas mejoras que se pueden consolidar. ¿Y cuál es el secreto? No hay secretos, no hay “tips”; el secreto en todo caso es saber.

Si pudieras reescribir la misión de todas las escuelas de Argentina en una sola frase basada en tu investigación, ¿cuál sería?

Sería muy pretencioso de mi parte decirle a cada escuela cuál es su misión; creo que cada una debe definirse, y definir por lo tanto la suya. Pero si pudiera incidir en cada proyecto educativo institucional (no el famoso PEI de papel, sino el vivo, el encarnado) incluiría la motivación. Motivación es lo que mueve, y sí, cada uno llega al aula y a la escuela con su historia de vida, y en la escuela se encuentran esas historias de vida y se entraman. A las escuelas les conviene saber cómo ayudar a mover mejor, tanto en la enseñanza como en el aprendizaje. Luego, desde el saber, que cada escuela escriba día a día cuál es su maravillosa misión. Sí, lo de maravillosa lo digo de verdad… y sí, también me han dicho una vez que soy idealista. Supongo que idealista de los que ponen las manos en la masa. Acá estamos.

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