Debate educativo

El Sesgo de la Sombra: ¿Por qué no «viralizamos» la empatía adolescente?

Hacia una pedagogía de la luz: el impacto de visibilizar las buenas prácticas y la empatía en la juventud

Vivimos en una era donde el morbo tiene mayor velocidad de descarga que las buenas acciones. Basta un video de una pelea en el patio de una escuela para que, en cuestión de horas, el contenido cruce fronteras, se convierta en tendencia y alimente un estigma creciente: “que nuestra juventud está perdida en la violencia.”

Sin duda, negar los conflictos actuales sería una irresponsabilidad. Existen problemas serios de salud mental, acoso y falta de propósito. Sin embargo, estamos cometiendo, a mi parecer,  un error estratégico y pedagógico fatal: estamos iluminando únicamente la herida.

 El cerebro adolescente: Un radar en busca de señales:

La neurociencia nos dice que el cerebro joven está en plena poda sináptica y de reconfiguración. Es un órgano diseñado para observar el entorno y decidir: «¿Cómo debo actuar para pertenecer?».

Cuando los medios y las redes sociales bombardean a un adolescente con dos o tres actos violentos diarios, no solo le informan; le están dando un posible “mapa de comportamiento”. 

Al sobreexponer la violencia, la normalizamos. El cerebro, por puro instinto de supervivencia, se adapta a un entorno que percibe como hostil, activando la amígdala y elevando los niveles de cortisol (estrés).

La tiranía de lo negativo frente al «Efecto Contagio»:

¿Por qué nos cuesta tanto publicar al grupo de alumnos que organizó un acto solidario, al estudiante que defendió a un compañero, o al grupo de adolescentes de debate que busca soluciones para su barrio, para el país o para el mundo?

Existen muchísimas iniciativas en las escuelas, que parten de las inquietudes de los adolescentes y que impactan en el ámbito en el que viven, que salen de las aulas y que hacen de los aprendizajes una experiencia de vida.

 La falsa creencia del aburrimiento:

 Existe el mito de que «lo bueno no vende», cuando en realidad, las historias de superación generan una liberación de oxitocina que fortalece el tejido social.

Si no mostramos las buenas prácticas, los adolescentes que sí están haciendo las cosas bien se sienten invisibles

Y en la adolescencia, lo que no se ve, parece no existir.

Cambiar el foco no es negar la realidad, es elegir qué sembrar:

No se trata de vivir en una burbuja de optimismo ciego. Se trata de entender que aquello que alimentamos, crece. 

Si seguimos dando pantalla de prime time a la agresión, seguiremos dándole ideas nocivas a mentes que están buscando desesperadamente referentes.

Necesitamos una «pedagogía de la luz». 

Si la violencia se contagia por imitación, pensemos que la integridad también puede hacerlo. 

Dejemos de sumar angustia a una etapa que ya es difícil. Empecemos a publicitar la esperanza, porque lo que se admira, se termina imitando.

Si llegaste hasta acá y sos educador, te invito a que en los comentarios cuentes una experiencia positiva de tus estudiantes e inundemos las redes viralizando el bien.

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Verónica Irabedra

Magíster Internacional en Gestión Universitaria - Rectora en Colegio Las Cumbres - Capacitadora y Conferencista

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