La importancia de las metodologías activas y su relación con el aprendizaje profundo
De la actividad al entendimiento: claves de las metodologías activas para el desarrollo del aprendizaje profundo y las competencias del siglo XXI
La educación actual no puede únicamente proveer información. Vivimos en tiempos de dudas excesivas, información digital inconmensurable, IA, y cambios sociales muy rápidos, así que enseñar significa formar alumnos que piensan, inventan, cooperan, discuten y usan lo que aprenden en el mundo real. En tal contexto, las técnicas activas son un modo de enseñar indispensable, ya que mueven el foco de la clase desde el docente hacia los alumnos y que realmente les permite participar. Lo importante de esto no es «hacer cosas» porque sí, sino programar experiencias que conduzcan a un aprendizaje profundo.
Estas formas activas son maneras de enseñar y aprender, donde el alumno sobresale, basadas en que el saber se construye y es un asunto social. Desde esta manera de ver las cosas, el saber no es solo escuchar, es crear sentido interactuando, pensando, resolviendo problemas y aplicando el conocimiento a situaciones concretas (Universidad Alberto Hurtado, 2022). Por eso, metodologías tales como el aprendizaje basado en proyectos, el aprendizaje colaborativo, el aula invertida, el aprendizaje basado en problemas, estudio de casos, gamificación formativa y la indagación, hacen que el estudiante participe, elija, indague, hable y demuestre su entendimiento.
Su conexión con el aprendizaje profundo es total. El aprendizaje profundo significa entender bien, relacionar cosas importantes, llevar el conocimiento a nuevos lugares, manejarse uno mismo en el aprendizaje y actuar con propósito ante situaciones reales. Quiroga Aguilar y Lara Órdenes (2022) señalan que no es suficiente con saber datos, hay que aprender a trabajar en equipo, analizar, tener ganas de aprender y hacerse cargo del aprendizaje personal.
Por lo tanto, una clase activa bien pensada, trastoca la manera antigua de la sala de clase. El profesor deja de ser solo quien habla y se vuelve guía, creador de experiencias, quien piensa con los alumnos y quien evalúa para mejorar. Este cambio no quita valor; por el contrario, lo agranda. Para alcanzar un aprendizaje profundo, los educadores deben diseñar retos genuinos, plantear preguntas impactantes, fomentar la cooperación, emitir comentarios precisos a tiempo y vincular las lecciones del currículo con las vivencias del alumnado (Cristi-González et al, 2023). De este modo, el maestro no improvisa; concibe deliberadamente la enseñanza de manera que cada tarea tenga un propósito educativo.
Un excelente caso es el aprendizaje por proyectos (ABP). Al indagar una problemática local, crear un resultado tangible, justificar sus elecciones y exponer sus descubrimientos, los alumnos simultáneamente adquieren conocimientos, capacidades y disposiciones. La Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), manifiesta que el ABP confiere al estudiante un rol central, impulsa su independencia, estimula el trabajo en conjunto y facilita el abordaje de desafíos reales (Pérez Portocarrero, 2020). Esto evidencia que los enfoques didácticos activos no anulan el contenido académico, sino que le confieren utilidad, claridad y aplicabilidad.
Igualmente, estas estrategias potencia las habilidades vitales cruciales: pensamiento crítico, imaginación, expresión, compañerismo, manejo de herramientas digitales, destreza en la resolución de conflictos y autoconocimiento. Dentro del ámbito ecuatoriano, la Ruta Pedagógica 2030 presenta un currículo que es a la vez abierto y flexible, encaminado firmemente hacia metodologías activas, pone mucha importancia en la colaboración, la interdisciplinariedad, la reflexión, y el desarrollo de capacidades, todos ellos esenciales para afrontar el mundo actual tan complejo (Herrera-Pavo et al, 2021). Esto, de hecho, viene a corroborar que la innovación pedagógica no es una simple tendencia pasajera, sino una auténtica necesidad tanto curricular como social.
No obstante, la aplicación de metodologías activas no debe consistir en simplemente llenar el aula de actividades sin un objetivo claro. Uno de los peligros recurrentes es la equivocación entre una simple actividad y un aprendizaje real. Puede darse movimiento, trabajo en grupos, e incluso uso de tecnología, pero con una comprensión mínima. Por consiguiente, cada metodología activa debería contestar tres interrogantes cruciales para el docente: ¿Qué quiero que entiendan de verdad?, ¿qué experiencia les va a permitir construir esa comprensión?, y ¿cómo podré saber si en realidad aprendieron? La evaluación auténtica, la autoevaluación, la coevaluación y la retroalimentación constante son fundamentales para evitar que la metodología se quede en simple entretenimiento.
Además, la tecnología puede ser un aliado para este proceso, siempre y cuando sirva a la pedagogía. La UNESCO (2023) nos alerta de que las tecnologías digitales han de apoyar una educación fundamentada en la interacción humana, y jamás reemplazarla. O dicho de otra manera, una herramienta digital solo posee valor educativo si expande la investigación, la colaboración, la creación o la retroalimentación. El aprendizaje profundo no se fundamenta en utilizar más aparatos, sino en producir mejores vivencias de pensamiento.
Para los educadores, la implementación práctica debe iniciar con acciones fáciles, transformar una temática en una interrogante que desafíe conectar el material con una situación auténtica, estructurar grupos con responsabilidades específicas, integrar instantes de meditación, aplicar criterios de evaluación explícitos y concluir la clase con pruebas de entendimiento. También resulta indispensable adaptar los métodos con base en la edad el programa de estudios, los medios con los que se cuenta y el entorno sociocultural del alumnado. Guaita Oña 2024, evidencia que dentro de ámbitos formativos ecuatorianos, los principales obstáculos son el entrenamiento docente, la renuencia a modificar el déficit de medios y la carencia de guía didáctica; de allí que debe existir el respaldo institucional y cooperación mutua.
En síntesis, las metodologías activas son trascendentales, por que provocan que el estudiante adquiera conocimiento con significado y no simplemente para pasar el examen.
Referencias
Ballesteros-Coello, H. J., Saltos Piguave, E. J., Torres García, J. R., & Acuña Llanganate, D. F. (2025). Metodologías activas en procesos educativos: una revisión documental de sus efectos en el aprendizaje profundo. Código Científico Revista de Investigación, 6(2), 1395–1431. doi:10.55813/gaea/ccri/v6/n2/1244
Cristi-González, R., Mella-Huenul, Y., Fuentealba-Ortiz, C., Soto-Salcedo, A., & García-Hormazábal, R. (2023). Competencias docentes para el aprendizaje profundo en estudiantes universitarios: una revisión sistemática. Revista de Estudios y Experiencias en Educación, 22(50). doi:10.21703/rexe.v22i50.1686
Guaita Oña, J. E. (2024). Las metodologías activas en el desarrollo del aprendizaje de los estudiantes [Tesis de maestría, Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador].
Herrera-Pavo, M. Á., Espinosa Rodríguez, J. D., & Orellana Navarrete, V. (2021). Ruta pedagógica 2030. Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura.
Pérez Portocarrero, A. (2020). Cartilla metodológica para el aprendizaje basada en proyectos. Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura.
Quiroga Aguilar, L., & Lara Órdenes, E. (2022). El aprendizaje profundo como herramienta para cambio en la visión de aprendizaje de una cultura escolar. Revista Educación las Américas, 12(1). doi:10.35811/rea.v12i1.201
UNESCO. (2021). Reimaginar juntos nuestros futuros: Un nuevo contrato social para la educación. UNESCO.
UNESCO Global Education Monitoring Report Team. (2023). Informe de seguimiento de la educación en el mundo 2023: Tecnología en la educación: ¿una herramienta en los términos de quién? UNESCO.
Universidad Alberto Hurtado. (2022). Principales metodologías activas de enseñanza y aprendizaje para el aula universitaria. Universidad Alberto Hurtado.





