¿A quién enseñamos cuando enseñamos a todos por igual?
La personalización del aprendizaje como camino hacia una educación más significativa
“Si tratamos a todos los estudiantes como si fueran iguales, ¿a quién estamos enseñando realmente?”
Esta pregunta, planteada por Carol Ann Tomlinson (2023) en una conversación con Cindy Blackburn, en el canal Toddle, es una invitación a repensar cómo enseñamos y a quiénes estamos llegando con nuestras propuestas pedagógicas.
Uno de los grandes desafíos del aula es acompañar los diferentes ritmos, intereses y modos de aprender de cada estudiante. La idea de que todos hagan lo mismo al mismo tiempo no siempre responde a razones pedagógicas. Muchas veces, responde al deseo —entendible— de tener todo bajo control. Pero nadie educa en autonomía sin riesgo. No se construye la autorregulación sin oportunidades reales para practicarla. No se fortalece la confianza si no hay un marco que habilite la elección.
Para abordar esta realidad de manera genuina, resulta fundamental hablar de differentiation, un concepto que suele traducirse como «personalización del aprendizaje» o «enseñanza diferenciada». El término puede tener muchas interpretaciones, pero según Carol Ann Tomlinson (2014) —referente clave en este enfoque—, hay una premisa esencial:
“Diferenciar la enseñanza significa agitar lo que sucede en el aula para que los estudiantes tengan múltiples formas de incorporar la información, comprender las ideas y expresar lo que aprenden.” (Tomlinson, 2014, p.1)
En su libro The Differentiated Classroom (2014), Tomlinson explica que un aula diferenciada ofrece distintos caminos para acceder al contenido, procesarlo y expresarlo, de modo que cada estudiante pueda aprender de manera efectiva. La personalización no es hacer algo distinto para cada uno, sino ofrecer opciones y apoyos estratégicos para que todos puedan avanzar desde su punto de partida.
Desde otra perspectiva, el investigador John Hattie (2009) define la personalización como la capacidad de un docente para entender dónde está cada estudiante al comenzar una clase, y acompañarlo en su trayecto hacia los objetivos de aprendizaje. Por su parte, Jane A. G. Kise (2010) habla de ajustar la enseñanza según las necesidades, estilos, valores culturales e intereses de cada aprendiz.
La personalización no es una estrategia aislada ni un recurso remedial para quienes se quedan atrás o para quienes “van más rápido”. Es un enfoque intencional y planificado, que se basa en la evaluación continua y en la observación de los estudiantes. Implica diseñar propuestas que contemplen variedad y flexibilidad.
¿Reaccionamos o planificamos para la diversidad?
Tomlinson distingue entre dos formas de personalizar el aprendizaje:
- Personalización reactiva: cuando ajustamos la enseñanza sobre la marcha, al ver que alguien no está pudiendo seguir.
- Personalización proactiva: cuando diseñamos desde el inicio pensando en los distintos puntos de partida de los estudiantes.
La clave está en planificar para la diversidad, no reaccionar ante ella como si fuera un problema. Significa pensar desde el comienzo cómo variar los contenidos, los procesos, los productos o el entorno de aprendizaje para incluir a todos. Personalizar no es individualizar todo el tiempo: es crear un aula en la que todos puedan encontrar su lugar.
Pero… ¿cómo lo llevamos a la práctica?
Este planteamiento resulta fácil en teoría, pero sólo se vuelve real cuando se traduce en planificación, tiempo y acompañamiento. Personalizar requiere tomar decisiones concretas:
- ¿Cómo lo vamos a hacer?
- ¿En qué tiempos vamos a implementarlo?
- ¿Qué queremos observar y con qué instrumentos de seguimiento?
- ¿Qué estrategias vamos a ensayar y ajustar?
Existen muchas estrategias posibles para comenzar, que no requieren grandes recursos, pero sí una guía clara y apoyo sostenido, especialmente en las primeras etapas:
- Tableros de elección
- Contratos de aprendizaje
- Actividades graduadas
- Agrupamientos flexibles, uso de rutinas de pensamiento, mini-lecciones y andamiajes ajustados.
Lo esencial no es implementar muchas estrategias a la vez, sino empezar por algo, hacerlo bien y aprender de la experiencia. Para eso, los docentes necesitan espacios de modelado, reflexión y acompañamiento pedagógico. Personalizar el aprendizaje no es una tarea solitaria: es una apuesta colectiva que requiere liderazgo, confianza y comunidad de práctica.
Esta práctica no es una meta inalcanzable, es una mirada ética, pedagógica y profundamente humana sobre lo que implica enseñar: reconocer la diferencia, planificar con ella en mente y construir aulas en las que cada estudiante pueda desplegar su potencial.
No se trata de hacerlo perfecto desde el principio. Se trata de empezar con una intención clara, abrir espacios de elección y sostener el proceso con acompañamiento.
¿Estamos enseñando para la diversidad real de nuestros estudiantes, o para un ideal de homogeneidad que ya no existe —si es que alguna vez existió?
Bibliografía:
Hattie, J. (2009). Visible Learning: A Synthesis of Over 800 Meta-Analyses Relating to Achievement. Routledge.
Kise, J. A. G. (2010). Differentiation for Real Classrooms: Making It Simple, Making It Work. Routledge.
Tomlinson, C. A. (2014). The Differentiated Classroom: Responding to the Needs of All Learners (2nd ed.). ASCD.
Toddle. (2023, 22 de diciembre). Carol Ann Tomlinson on differentiation [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=9P0cJUEPThY





