Educación

Sin poesía en la escuela… Una reflexión sobre educación, compasión y formación humana

Pedagogía de la profundidad y justicia educativa: la poesía como pilar insustituible para la formación humana y la sensibilidad en la escuela

Las experiencias difíciles de cuantificar

Durante las últimas décadas, la educación ha experimentado una transformación que casi nunca ocupa el centro de los debates pedagógicos. Los sistemas escolares se han vuelto más sofisticados en la medición de resultados, más precisos en la definición de estándares y más rigurosos en la evaluación de desempeños, pero, por otra parte, han ido perdiendo progresivamente espacios para aquellas experiencias humanas cuya importancia resulta difícil de cuantificar. Entre ellas, la poesía ocupa un lugar especial. Aunque no haya desaparecido completamente de los currículos, ha dejado de ser considerada una necesidad formativa esencial. Su presencia es un vestigio cultural, una concesión literaria, pero pocas veces una dimensión estructural de la experiencia educativa. Esta transformación revela algo más profundo que un simple cambio curricular: expresa una determinada concepción sobre qué aspectos del ser humano merecen ser tenidos muy en cuenta en la escuela.

La reducción del espacio dedicado a la poesía suele explicarse como una consecuencia de la creciente burocratización de los sistemas educativos. Sin duda, existe algo de cierto en ello. La expansión de pruebas estandarizadas, indicadores de rendimiento y mecanismos de rendición de cuentas ha favorecido la priorización de aquellos aprendizajes que pueden medirse con relativa facilidad. Sin embargo, esta explicación resulta insuficiente. Lo que está en juego no es únicamente una cuestión administrativa. También se trata de un tema relacionado con el desarrollo del juicio moral y la contemplación interior. Cuando una institución educativa decide dedicar cientos de horas a determinadas competencias y apenas unos minutos a experiencias estéticas profundas, está tomando una postura implícita sobre aquello que considera valioso para la vida de sus estudiantes. Todo currículo es, en el fondo, una declaración acerca de lo que una sociedad en particular considera debe  ser aprendido.

Lo poético para interpretar, crear, discutir y sentir

La investigación reciente cuestiona de manera contundente la idea de que la poesía constituye un elemento secundario dentro de la formación escolar. Un metaanálisis publicado en 2024, que examinó 35 estudios realizados entre 2010 y 2024 con más de cinco mil estudiantes, encontró efectos positivos significativos de las metodologías innovadoras de enseñanza poética sobre la comprensión lectora, la escritura y las capacidades interpretativas (Moldagali et al., 2024). Pero, lo relevante de estos hallazgos no es únicamente que los estudiantes mejoren sus resultados académicos. Más importante aún es que dichos beneficios aparecen con mayor fuerza cuando la poesía deja de enseñarse como un contenido a memorizar y se convierte en una experiencia para interpretar, crear, discutir y sentir.

Sin embargo, defender la poesía únicamente porque mejora el desempeño académico implica aceptar la premisa de que aquello que merece un lugar en la escuela debe justificar su existencia mediante resultados medibles. Desde esta perspectiva, la poesía se ve obligada a demostrar constantemente su utilidad. Pero quizá estamos formulando la pregunta equivocada. Probablemente el valor de la poesía no radique principalmente en aquello que produce, sino en lo que permite experimentar. La poesía transforma la relación que los sujetos establecen con el lenguaje. Y quien modifica su relación con el lenguaje modifica inevitablemente su forma de comprender el mundo, a los otros y a sí mismo.

Pedagogía de la profundidad

Esta reflexión adquiere una relevancia especial en una época caracterizada por la abundancia de información y la escasez de significado. Los estudiantes actuales viven inmersos en un flujo permanente de datos, imágenes, mensajes, scrolling infinitos y estímulos digitales. Aprenden a desplazarse rápidamente entre múltiples fuentes de información, pero disponen de cada vez menos oportunidades para detenerse, contemplar y profundizar. La poesía opera precisamente en dirección contraria. Exige lentitud. Requiere atención. Invita a permanecer en una imagen, una metáfora o una pregunta antes de apresurarse hacia una respuesta. En culturas escolares en las que se privilegia la velocidad, la poesía se convierte en una pedagogía de la profundidad.

La relevancia de esta función resulta aún más evidente en el contexto de la inteligencia artificial. Las tecnologías emergentes ya pueden organizar información, resumir textos, generar explicaciones e incluso producir discursos coherentes. Frente a esta realidad, la función más distintiva de la educación humana no consistirá en transmitir datos, sino en formar personas capaces de construir significado. La poesía trabaja precisamente sobre esa capacidad. Enseña a reconocer matices, interpretar ambigüedades, establecer relaciones inesperadas y descubrir múltiples capas de sentido en una misma realidad. Son habilidades intelectuales que difícilmente pueden desarrollarse mediante experiencias educativas centradas exclusivamente en la eficiencia y la respuesta correcta.

Ayudar a explicar lo inexplicable

Pero quizá el argumento más poderoso a favor de la poesía no sea cognitivo sino humano. Existe una dimensión de la educación que poco aparece en los documentos oficiales: el derecho de los estudiantes a desarrollar una vida interior rica y significativa. La escuela suele asumir la responsabilidad de enseñar a leer, escribir, calcular y resolver problemas. Sin embargo, mucho menos frecuente es que se reconozca su responsabilidad en la formación de la estética y la sensibilidad. Sin embargo, toda educación implica inevitablemente una intervención sobre la manera en que los sujetos perciben, sienten e interpretan la realidad. La poesía constituye una de las herramientas más poderosas para ese propósito porque ofrece un lenguaje capaz de aproximarse a experiencias que muchas veces permanecen fuera del alcance de la explicación racional.

Los estudios sobre aprendizaje socioemocional refuerzan esta perspectiva. Diversas investigaciones han encontrado que las experiencias artísticas profundas favorecen la empatía, la construcción de identidad, la autorreflexión y la regulación emocional (Shi & Cheung, 2024). La poesía posee una singular capacidad para integrar estas dimensiones sin convertirlas en contenidos artificialmente separados del aprendizaje. Un poema no enseña emociones como quien enseña una definición. Permite entenderlas y expresarlas. No transmite empatía mediante instrucciones. Genera las condiciones para experimentarla. Esta diferencia resulta crucial en una época donde proliferan los programas de bienestar escolar mientras disminuyen los espacios auténticos para la exploración de la experiencia humana.

La poesía para el reconocimiento cultural y construcción identitaria

Desde la perspectiva del Sur Global, la discusión adquiere matices adicionales. Investigaciones desarrolladas en Sudáfrica han mostrado que la poesía puede desempeñar un papel central en procesos de reconocimiento cultural, construcción identitaria y descolonización educativa (Newfield & Byrne, 2020). Cuando los estudiantes escriben y comparten poemas vinculados con sus territorios, lenguas y memorias colectivas, la poesía deja de ser un objeto literario para convertirse en una práctica de afirmación cultural. Algo similar comienza a observarse en diversos países latinoamericanos, donde la educación poética es concebida cada vez más como una oportunidad para recuperar voces históricamente marginadas y ampliar las formas legítimas de producción de conocimiento (Munita & Torres, 2024).

Esta perspectiva permite reconocer una forma de desigualdad educativa que rara vez se discute: la desigualdad estética. Algunos estudiantes crecen rodeados de libros, conversaciones culturales, expresiones artísticas y oportunidades para desarrollar su sensibilidad. Otros dependen casi exclusivamente de la escuela para acceder a esas experiencias. Cuando las instituciones educativas reducen los espacios destinados a la poesía, las artes y la literatura, quienes más pierden son precisamente aquellos jóvenes que tienen menos posibilidades de encontrarlas fuera de la escuela. Así, la enseñanza poética deja de ser una cuestión de enriquecimiento curricular y se convierte en una cuestión de justicia educativa.

El temor a lo que no produce resultados inmediatos

La pregunta que emerge de todo lo anterior es, creo, muy profunda. Si sabemos que la poesía contribuye al desarrollo cognitivo, emocional, lingüístico y cultural de los estudiantes, ¿qué razones justifican su progresiva marginalización? La respuesta no puede reducirse a limitaciones de tiempo ni a restricciones curriculares. En muchos casos, lo que observamos es una pérdida de confianza en aquellas dimensiones de la educación que no producen resultados inmediatos y fácilmente verificables y visibles. La poesía exige paciencia. Sus efectos suelen manifestarse de manera lenta, acumulativa y difícilmente medible. Pero precisamente por ello resulta indispensable. Las experiencias educativas más transformadoras rara vez son las más fáciles de cuantificar.

Tal vez haya llegado el momento de incorporar una nueva pregunta a los debates sobre calidad educativa. Más allá de los estándares, las competencias y los indicadores de desempeño, deberíamos preguntarnos qué experiencias merece vivir un ser humano durante su paso por la escuela. La respuesta tiene profundas implicaciones curriculares y éticas. Porque si aceptamos que la educación debe contribuir al florecimiento integral de las personas, resulta difícil mantenerse en la idea de que la experiencia poética sea prescindible. La poesía permite nombrar el dolor, explorar la incertidumbre, descubrir la belleza y construir significado. En otras palabras, contribuye a desarrollar capacidades fundamentales para una vida plenamente humana.

El desafío para los educadores consiste entonces en recuperar la poesía, pero más allá de verla como un lujo cultural o un complemento ornamental del currículo, debe sentirse como una expresión de lo que sería una compasión pedagógica. Una escuela verdaderamente comprometida con el desarrollo integral de sus estudiantes no puede limitarse a preparar individuos eficientes para responder a las exigencias del mercado o de las evaluaciones estandarizadas. Debe también ofrecer oportunidades para cultivar la imaginación, la sensibilidad, la reflexión y la vida interior. La poesía no garantiza por sí sola la formación de mejores seres humanos. Pero privar sistemáticamente a los estudiantes de ella significa renunciar a una de las formas más poderosas que la humanidad ha desarrollado para comprenderse a sí misma. Y una educación que renuncia a esa posibilidad corre el riesgo de producir graduados exitosos, pero personas incompletamente educadas.

Tres escenarios para construir una pedagogía fundante alrededor de lo poético:

Tomando como base algunos de los argumentos que hemos presentado aquí, la educación como cultivo humano, la necesidad de recuperar el tiempo interior y la formación de la sensibilidad, la poesía puede convertirse en una experiencia de crecimiento más que en un ejercicio de análisis literario.

Las tres propuestas siguientes responden a una misma idea: la poesía no es un contenido aislado del currículo, sino una práctica de cultivo humano. En los niños siembra asombro; en los preadolescentes fortalece raíces; y en los jóvenes ayuda a comprender que crecer no consiste únicamente en avanzar rápido, sino en desarrollar profundidad. Esa es, precisamente, una de las tareas más urgentes de la educación contemporánea.

1. Escuela elemental (6 a 10 años)

«Semillas de palabras»

Propósito: Descubrir que las palabras también pueden sembrarse y crecer.

Actividad:

  1. Lleva al aula semillas reales (fríjol, maíz, girasol, etc.).
  2. Cada estudiante observa una semilla y escribe tres palabras que le inspire.
  3. Con esas palabras construyen versos cortos:

Pequeña semilla,
guardas un bosque,
dormido en silencio.

  1. Las escriben en hojas con forma de semilla y las colocan en un mural llamado El jardín de los poemas.

Conversación final:
Preguntar:

  • ¿Las palabras también crecen?
  • ¿Qué necesita un poema para crecer?
  • ¿Qué necesita una persona para crecer?

Fundamento pedagógico:
A esta edad la poesía debe despertar asombro. No se trata de explicar figuras literarias, sino de cultivar la capacidad de mirar el mundo con atención.

2. Preadolescentes (11 a 14 años)

«Las raíces invisibles»

Propósito: Reconocer las experiencias, emociones y recuerdos que nos mantienen vivos.

Actividad:

  1. Presenta la idea de que ningún árbol vive solo de lo que se ve; las raíces sostienen todo.
  2. Cada estudiante dibuja un árbol.
  3. En las raíces escribe experiencias importantes:
    • personas que le han enseñado algo;
    • recuerdos felices;
    • dificultades superadas;
    • sueños.
  4. Luego escribe un poema libre que empiece con:

Nadie ve mis raíces…

  1. Se realiza una lectura voluntaria en círculo.

Conversación final:
Reflexionar sobre cómo la escuela también ayuda a construir raíces para el futuro.

Fundamento pedagógico:
En esta etapa aparecen preguntas sobre identidad y pertenencia. La poesía ofrece un lenguaje para nombrar aquello que normalmente permanece oculto.

3. Estudiantes mayores (15 a 18 años)

«Contra la prisa: escribir el tiempo»

Propósito: Reflexionar críticamente sobre la velocidad de la vida contemporánea y recuperar espacios de contemplación.

Actividad:

  1. Inicia con una pregunta:

¿Cuándo fue la última vez que estuvieron cinco minutos sin mirar una pantalla?

  1. Lee poemas breves relacionados con el tiempo, la memoria o la naturaleza (por ejemplo de Mario Benedetti, Octavio Paz o Gioconda Belli).
  2. Realiza un ejercicio de observación silenciosa durante tres minutos.
  3. Los estudiantes escriben un poema titulado:

Lo que la prisa me impide ver.

  1. Finalizan con un diálogo sobre el papel de la poesía en una sociedad acelerada.

Conversación final:

  • ¿Por qué la poesía parece ir más despacio que las redes sociales?
  • ¿Qué cosas importantes sólo pueden comprenderse lentamente?
  • ¿Qué pierde una sociedad cuando deja de leer poesía?

Fundamento pedagógico:
La poesía se convierte aquí en una forma de resistencia cultural. Frente a la lógica de la inmediatez, enseña a vivir en el tiempo, observar con profundidad y construir sentido.

Referencias

Moldagali, M., Osmanova, Z., & Nurgaziyev, T. (2024). A meta-analysis of the impact of innovative poetry teaching methods on reading, writing, and comprehension skills. Journal of Social Studies Education Research, 15(5), 169–195.

Dymoke, S., Barrs, M., Lambirth, A., & Wilson, A. (2022). Poetry and literacy development in multilingual classrooms. Education Sciences, 12(12), 905.

Munita, F., & Torres, C. (2024). La educación poética: tensiones, desafíos y líneas de avance. Perfiles Educativos, 46(183), 150–167.

Newfield, D., & Byrne, D. C. (2020). Towards decolonising poetry in education: The ZAPP Project. Education as Change, 24, 1–20.

Shi, J., & Cheung, A. C. K. (2024). Effective components of social emotional learning programs: A meta-analysis. Journal of Youth and Adolescence, 53(4), 755–771.

Nussbaum, M. C. (2010). Not for profit: Why democracy needs the humanities. Princeton University Press.

Greene, M. (1995). Releasing the imagination: Essays on education, the arts, and social change. Jossey-Bass.

Eisner, E. W. (2002). The arts and the creation of mind. Yale University Press.

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Yecid Puentes Osma

Licenciado en filología e idiomas de la Universidad Nacional de Colombia, especialista en gerencia educativa de la Universidad de San Buenaventura, y en Colegios de Calidad y Reality Therapy por el Instituto William Glasser de California. Yecid es el Director Ejecutivo de REDIE en Colombia. 48 años de experiencia como docente, coordinador, vicerrector y director de prestigiosas instituciones en Colombia y el Ecuador. Autor de artículos en revistas y memorias especializadas. Docente-tutor en Wide, la plataforma en línea del Project Zero de la Escuela de posgraduados en educación de la Universidad de Harvard. Formador de rectores en el programa Todos a Aprender del Ministerio de Educación de Colombia. Autor de Organizaciones Escolares Inteligentes, publicado por la editorial Magisterio. Pionero en las implementaciones del enfoque de Enseñanza para la Comprensión en Iberoamérica. Experto en temas relacionados con la teoría de inteligencias múltiples, Mindset, Flipped Learning, pensamiento sistémico y aprendizaje socioemocional.

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