
“La docencia es un servicio. Así como la Medicina y tantos otros servicios”
Rodríguez Facal F. (2013)
A lo largo del tiempo, el rol docente ha ido variando dependiendo del contexto sociocultural. En épocas de paradigmas “tradicionales” el/la educador/ poseía el saber y debía transmitirlo a sus alumnos, “depositando” el conocimiento al estilo bancario. El docente sabía y enseñaba. El alumno aprendía.
Con el pasar de los años, con las crisis paradigmáticas, con los cambios socioculturales, económicos y políticos, el rol de la escuela (y sobre todo de los/as docentes) comenzó a modificarse. El/la docente no ya sería el/la único/a que tuviese el saber dentro del aula, sino más bien, ahora sería el/la encargado/a de conversar, de guiar, de acompañar y de idear estrategias didácticas que invitasen al acto pedagógico de enseñanza-aprendizaje.
Y en este contexto, es cuando resulta necesario comprender que la docencia es un servicio.
El/la docente debiera estar en el aula, en el patio o en la escuela con un solo propósito: ser servidor/a. Brindarse a otro/s. A otros que a veces no van a querer estar ahí, pero que deberán hacerlo. Por ley. O por obligación de los/as adultos/as responsables
Y es ahí cuando comienza a acabarse la teoría de los profesorados. Es allí donde comienza la verdadera práctica docente. Inventar(se), crear y recrearse.
La docencia ya no es solamente transmitir conocimientos. También es filosofía, psicología, pedagogía, didáctica y amorosidad -concepto que bellamente desarrolla Carlos Skliar-, y además de todo eso, también lo es nuestra propia formación. Es para lo que uno/a se preparó. Nuestro conocimiento, nuestro “fuerte”.
También lo es transitar injusticias, indicaciones con las cuales uno no siempre estará de acuerdo, normativas, altibajos, aciertos y desaciertos.
Nuestras alumnas y nuestros alumnos traerán sus propias historias, traerán su vida misma al aula (al igual que nosotros). Con la diferencia, que somos nosotros/as, quienes debemos -y tenemos que- mostrar otras miradas, otros mundos posibles, y de esa manera dejar huellas enriquecedoras y significativas.
Y agrego más, ser docente en el año 2021 implica tener además la capacidad plástica de ser flexible y moldeable a todo lo que se presente. Sin ir más lejos, una pandemia por ejemplo.
Ahora bien, ¿Cómo llevarlo a la práctica?
Queridas y queridos colegas, no hay recetas. Pero sí ingredientes. Hay acciones que debieran ser obligatorias en todos los diseños curriculares de los profesorados.
Entre ellas, ser sembradores. Sembrando con paciencia. Y entendiendo que muchos frutos se verán con el tiempo. Entendiendo que todos dejaremos huellas en los estudiantes. Y que hay que sembrar en el presente, ya que el tiempo se encargará de cosechar los frutos.
Dependerá de nosotros si esas huellas resultarán positivas o lamentablemente todo lo contrario.
Otra acción sumamente importante tendría que ser el tener que mostrar otras miradas de mundos posibles. Que la “cuna” lo podrá hacer más sencillo o mucho más difícil, pero que no debería ser un determinante para lograr cambios de vida.
“¿y qué querés, con la familia que tiene?” se escucha muchas veces en los pasillos o en las salas de maestros. Y eso es algo, queridas y queridos docentes que no podemos permitirlo. Estamos para mostrar otras miradas del mundo. Otras realidades posibles.
Quien haya elegido la docencia (y lo siga haciendo), lo ha hecho sin dudas en un momento muy difícil para nuestro país, y para toda la humanidad. Ha elegido ser docente en una sociedad que enaltece o ningunea en mayor o menor medida la profesión.
Y es por ello, que entre los ingredientes, el humor no puede estar fuera de las aulas. Como tampoco el juego, el descubrimiento, la duda, los desafíos, el intercambio y la conversación. Todas esas acciones deberían ser parte de nuestras estrategias diarias. Hoy no puede entenderse la educación sin conversación. Ya no somos meros transmisores de conocimientos y contenidos. Somos (y debemos ser) mucho más.
Hoy no puede entenderse la educación sin pasión. Ya que nadie puede transmitir (de un modo significativo) lo que no ama, lo que no siente, lo que no sabe.
Contra viento y marea, la invitación es a seguir sembrando con la firme convicción de que estamos haciendo lo correcto. Y con la firme convicción, de que seremos docentes, el día que nuestros alumnos nos reconozcan como tal.
Joaquín Oviedo
Profesor y Licenciado en Educación Física
Soy Joaquín Oviedo. Tengo 32 años. Vivo en Villa Gesell. Soy profesor y Licenciado en Educación Física. Diplomado Superior en dirección de establecimientos educativos. Docente de nivel secundario en Villa Gesell y docente de Nivel superior en el profesorado de Educación Física en el Instituto Superior de Formación Docente Nro. 169. Actualmente, desde el año 2018 me desempeño como director de nivel secundario de un establecimiento de mi localidad.






