
Cuando hablamos de prácticas docentes subyace en su interior una infinidad de aspectos, en los cuales muchas veces no reparamos, no somos conscientes, o simplemente no tenemos en cuenta.
Es por esto que mirar lo que no se ve, nos lleva indefectiblemente a preguntarnos a nosotros mismos cuestiones tales como: ¿Cuál es el marco teórico donde se sustenta mi práctica? ¿De qué manera abordamos la diversidad en el más amplio sentido?¿Con qué herramientas cuento para afrontar los nuevos desafíos que impone la realidad actual? ¿Qué fortalezas reconozco en mi formación y que debilidades debo seguir trabajando para superarlas?.
En el mundo de las utopías pedagógicas del hoy el proceso de alfabetización suele ser un escollo, y a la vez una puerta de oportunidades para desarrollar las bases de la lecto escritura.
Ahora bien la escuela es un espacio alfabetizador, pero no el único por dónde este circula. Entonces definamos en principio un concepto abordado por (Venezky, R. 2005), “Alfabetización es la habilidad mínima de leer y escribir una lengua específica, como así también una forma de entender o concebir el uso de la lectura y la escritura en la vida diaria”. En este sentido asumimos que la alfabetización de un sujeto implica un proceso constante a través del cual avanza y amplía su capacidad para producir e interpretar textos. En este marco no podemos obviar que tanto el entorno como las posibilidades sociales y culturales de quienes aprenden son factores determinantes en su alfabetización, y que para poder avanzar en ellos se requiere de textos y de usuarios de los mismos, que intercambian saberes, dando cuenta por tanto que es un proceso social, del que es imposible prescindir.
Al hablar de textos se abre un abanico de posibilidades textos, escritos y digitales, folletos, diarios, carteles y elementos de uso cotidiano. Esta diversidad aporta la riqueza y de algún modo equipara oportunidades.
Si es la escuela una institución donde la lectura es un pilar y a la vez anclaje, no debemos omitir experiencias tales como la de la biblioteca para que estas prácticas enriquezcan el contacto de los niños y los motiven a la necesidad, a la curiosidad y a la construcción significativa de estos saberes que serán el sustento de todos los otros conocimiento disciplinares.
¿Cuál es aquí el rol fundamental que tenemos los docentes?, algunas cuestiones han sido planteadas como interrogantes al inicio de este texto, pero es sustancial conocer que esa insistencia tan movilizante, sobre que método llevamos adelante para el logro de la alfabetización , ha sido a mi criterio uno de los principales escollos que los docentes atraviesan, buscando una receta única que entiendo no existe, sino debe ser elaborado a partir de nuestros saberes, de nuestras construcciones y sobre todo de animarse a salir de la zona de confort y de lo conocido para abrirse a la infinidad de propuestas que surgen sobre todo de los mismos niños.
Hemos transitado en el tiempo, método globales, palabra generadora, de desarrollo fonológico, sin embargo esa aproximación a este proceso complejo es mucho más que todo ello junto.
Cuando Emilia Ferreiro refiere que “La alfabetización es un proceso y no un estado que se logra de un vez por todas”, categoriza que en este devenir existen algunas etapas , que pueden darnos ciertos indicadores para analizar en que momento se haya ese niño/niña de este desarrollo, es decir como paulatinamente va apropiándose de la lengua escrita y otorgándole un significado al sistema, construyendo el conocimiento en íntima relación con los otros. Cabe preguntarnos entonces, ¿por qué este proceso individual, requiere a diferencia de las perspectivas anteriores de la interacción social? Porque justamente ellas prescindían del contexto y del bagaje que cada alumno/a trae consigo, los cuales se constituyen en verdadera teorías personales que puede poner en juego y confrontar con los otros, provocando desequilibrios que los llevarán hacia un estado de mayor conocimiento.
Hasta aquí líneas generales que nos invitan a repensar que las intervenciones docentes se constituyen relevantes en la medida que provoquen esos desafíos, atiendan a los contextos individuales y conjuntos y permitan ubicarse desde la posición de facilitadores que creen en definitiva esos interrogantes que habiliten a ir poco a poco llegando a las regularidades de la escritura en forma paralela a la lectura. Mucho para re pensar, mucho para seguir mirándonos y permitirnos ser un proceso no acabado como maestros que, intenta, realiza marchas y contramarchas, explora y aprende cada vez que entra en ese micro mundo que es el aula.






